Nostalgia cosafrista

40 años de una promoción

Por EDGARDO ANDRADE PINTO

Más allá de los recuerdos siempre está la nostalgia. Aquellos reposan en la memoria, pero esta le da vida a los años, sin importar que sean muchos. La vida es una lucha constante y la nostalgia para los de mi generación se convierte en un punto de apoyo que nos impulsa a vivir.

En medio de esas elucubraciones palpita la añoranza de una fecha que deja al descubierto el sentir de una gran alegría y orgullo. Es allí, en aquel lejano viernes 5 de diciembre de 1981, cuando entre la mente y el corazón se pasean momentos inolvidables que dejan traslucir hoy, 40 años después, aquella misma hermandad que unió a un grupo de bachilleres en el Colegio San Francisco de Asís.

Para ese día, en el Paraninfo del Colegio María Auxiliadora, 100 jóvenes estudiantes alcanzaron su meta de bachilleres y con diferentes sueños y propósitos cada uno siguió su rumbo en la vida. Sin embargo, el destino para ese grupo tenía deparado otro objetivo: consolidar la unidad y robustecer la amistad con el pasar de los años, pese a las diferentes circunstancias individuales, para ello cada convocatoria de un nuevo reencuentro se convertía en un punto de fusión que acrecentaba el compañerismo, la familiaridad y la solidaridad. La asistencia masiva a cada reunión programada desde entonces refleja ese sentido de confraternidad y la felicidad que se siente al recordar vivencias juveniles de inolvidables momentos.

Nuestros padres se convirtieron en aliados y patrocinadores en muchas ocasiones de tales encuentros, porque ellos estaban convencidos de la calidad individual que envolvía al grupo de jóvenes. A ellos el más puro calor de gratitud que pueda brotar de nuestros corazones por sus esfuerzos y sacrificios para brindarnos un mejor porvenir.

En esta fecha conmemorativa sea menester también tributar honores muy meritorios a aquellas compañeras y compañeros que han partido de este mundo hacia el reino de Dios y a quienes con cariño y gratitud siempre llevaremos en el corazón, porque hacen parte de nuestra vida.

Latente de igual forma está en cada uno de nosotros, el grupo de sacerdotes y el cuerpo de profesores que a lo largo de nuestro paso por el colegio nos brindaron su conocimiento, asesoría, comprensión e impulsaron el desarrollo de nuestras capacidades y aptitudes. A ellos la gratitud perenne y el reconocimiento pleno de que supieron cumplir con su deber.

El tiempo transcurrido ha sido largo y una gran diversidad de situaciones han sucedido, pero la Promoción 81 del Cosafra ha permanecido firme en el empeño de preservar y fortalecer los lazos de la amistad, con paz y bien. Este reencuentro tiene el sabor de amistades no marchitas, la fuerza de anécdotas imborrables, de las alegrías y risas congeladas en la memoria de aquellos niños que se resisten a ser viejos; este encuentro es la supervivencia de la llavería sobre los avatares de la pandemia. Es la fuerza de la vida que se resiste a perderse en el olvido. Hoy, después de 40 años de egresados, resulta agradable volver al pasado. El encanto de ver los cambios que el tiempo ha producido en nosotros constituye también un motivo más de ser agradecidos, de valorar lo que fuimos y hoy somos como promoción, para poder transmitir esa enseñanza a nuestros hijos y que les sirva de ejemplo a futuro. Hoy, en medio de la celebración, de las anécdotas, de los chistes y la brisa decembrina, se revivirá el himno del colegio, las filas en el patio, la marcha de entrada, la campana del recreo, las discusiones sobre temas varios, la hora esperada de la salida y el retorno en las tardes a la cancha a seguir jugando o a la biblioteca a investigar tareas pendientes. Sí, allí estaremos todos en uno, disfrutando de ser la Promoción 81, llenos de recuerdos escondidos en la memoria, pero vivos en el corazón de la nostalgia.

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