Empalmes y Transiciones

Santino Sacramento.

Por: P. Santino Sacramento Vitola, cjm.

Hay una “situación” que se está deslizando de manera lenta pero peligrosa sobre las amplias y asfaltadas avenidas de nuestro tiempo. Ella en sí, la “situación”, es preocupante pero más preocupante aún es el hecho de que no hace parte de las principales preocupaciones de nuestros días.

La “situación” tiene que ver con ese espacio de tiempo que en condiciones normales debería existir entre una etapa y otra, entre un acontecimiento y otro, entre una generación y otra… Ese espacio de tiempo que puede ser llamado transición o empalme es necesario para que se dé la transmisión de una serie de informaciones, conocimientos y experiencias necesarios para que los proyectos, las instituciones, las familias y las vidas continúen su caminar sin mayores traumatismos.

Entre el final de un periodo y el comienzo de otro tendría que haber un tiempo para asimilar, para acoger y recibir, para aprender, para madurar, para tomar confianza suficiente y asumir el control de un vehículo que continúa por caminos nuevos el mismo viaje en el que han contribuido todos los que ya pasaron. Se trata de evitar caer en la tentación adámica de pensar que el mundo empieza ahora con nosotros; se trata de aprovechar al máximo todos los aprendizajes y experiencias pasadas para corregir, continuar y mejorar; se trata de evitar caer en el eterno circulo vicioso de los mismos errores que nos hacen devolver siempre al mismo punto de partida.

Esta “situación” está ocurriendo a mi modo de ver, principalmente por dos motivos. Primero, el mundo corre muy rápido, la vida se ha acelerado demasiado, la tecnología, la ciencia, el desarrollo, la caminada de los pueblos no están dejando espacio ni tiempo para hacer los empalmes respectivos. Con mucha frecuencia hoy una época comienza inclusive mucho antes de que acabe la anterior. En este sentido, creo que en algún momento vamos a tener que bajar el ritmo, disminuir la velocidad, bajar las revoluciones. Todo rápido, todo descartable, el tiempo vale oro y el oro nos gusta a todos… Así es difícil degustar la existencia, así es difícil saborear las cosas, así es difícil admirar el paisaje mientras paseamos. Cuando hacemos el viaje muy rápido sólo vemos sombras que pasan veloces a nuestro lado cuando deberíamos ver también y sobre todo personas, amigos, hermanos…

El segundo motivo por el cual yo creo que está aconteciendo esta “situación” tiene que ver con la irrupción de una nueva generación súper, híper, mega sensible que acredita que ya está pronta para asumir el control del mundo, que no valora, incluso desprecia, la experiencia de los que han estado dirigiendo antes que ellos aparecieran en este mundo, que tienen almacenados en su cabeza una cantidad enorme de conocimientos que mixturan con sueños e ideales y quieren sacar adelante sólo con sus fuerzas y energías todos los emprendimientos humanos… Esta generación piensa que no es necesario ningún tiempo de preparación, ninguna transición, ningún traspaso organizado del mando. Ellos no se muestran dispuestos a esperar su turno, creen que los viejos ya tuvieron su hora y ahora estorban. Con frecuencia se les ve hostiles, agresivos e intolerantes alimentando una matriz mediática que pueda de justificar la urgente necesidad de cambios y revoluciones.

Pienso que los jóvenes necesitan aprender a esperar y sobre todo a respetar. No tiene futuro un mundo que no valora y aprovecha la experiencia de sus mayores. La energía de los jóvenes, la fuerza y el conocimiento no funcionan bien sin la experiencia y la sabiduría que sólo aparece con las canas y las cicatrices que el tiempo otorga a aquellos que lucharon y luchan honestamente por hacer de este mundo un lugar menos frío y oscuro.  En este sentido pienso que sin empalmes ni transiciones es difícil avanzar en la construcción de un mundo mejor. ¡Esa es la “situación”! Y esa “situación” me preocupa.

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