«Tema universitario”: El jaque de la educación inclusiva

Por Miguel Cervantes Amaranto

La educación, según el artículo 67 de la Constitución Política de Colombia, se define como un derecho de la persona y un servicio público que tiene una función social; con ella se busca el acceso al conocimiento, a la ciencia, a la técnica, y a los demás bienes y valores de la cultura.

partiendo de la anterior, podemos observar como la educación se convierte en la columna vertebral de la sociedad, que tiene como finalidad el mejoramiento de la misma, a través de los conocimientos científicos y la deconstrucción cultural. Este postulado fue uno de los tantos temas discutidos en nuestra clase de Constitución Política en la Licenciatura en Ciencias Sociales de la Universidad del Atlántico con el docente Reynaldo Mora Mora (2021-I), que dio pie al Talleres de Lectura y Escritura desde el Nuevo Orden Jurídico y Educativo de 1991.

Ahora bien, es de notar, que la educación goza de un sentido público, es decir, que todos los colombianos, sin discriminación, debemos tener acceso a ella. Sin embargo, la realidad es muy distante de la teoría, pues se evidencia en la práctica la ineficiencia del Estado, para garantizar que todos los colombianos, podamos acceder a la educación. Y, es que hablamos con claridad de las personas que son segregadas en la educación por tener algún tipo de discapacidad tener una identidad, o una ideología diferente a la heteronormativo.

Es necesario entonces, partir de que, a nivel legal, todos estos derechos están presentes en el entramado legal del Estado. El artículo 68, de la constitución nacional, señala: La educación de personas con limitaciones físicas o mentales, o con capacidades excepcionales, son obligaciones especiales del Estado. Mientras que la Carta Magna de la educación, la Ley 115 de 1994, expresa: La educación de personas con limitaciones físicas o mentales, o con capacidades excepcionales, son obligaciones especiales del Estado (Mora, R. Derecho Educativo. Ediciones Universidad Simón Bolívar, Barranquilla):

Ahora bien, aunque estas políticas busquen crear una igualdad entre todos los colombianos, analizaremos cinco situaciones que ponen en jaque estas políticas públicas de educación inclusiva, no solo en las aulas de los colegios; si no, con gran énfasis en las universidades. Una de las situaciones más crueles que existe en materia de inclusión, concierne en el acceso a la infraestructura de las universidades y escuelas; casi todas, están construidas bajo unas condiciones que no permiten que personas en condiciones de discapacidad física, puedan acceder con facilidad, a ella.

Siendo más precisos, podemos evidenciar lo anterior mencionado en la universidad del Atlántico, muchos estudiantes en condiciones de discapacidad (sillas de ruedas), no pueden acceder a los salones de clase, o a los laboratorios, puesto que estos se encuentran construidos sobre escaleras, o sobre ascensores que no tienen funcionamiento, lo que dificulta que en la práctica tengan el mismo acceso a la educación que personas con un condicionamiento físico “normal”. Un segundo ejemplo, lo encontramos en la poca preparación de algunos docentes para atender a las personas que presentan algún tipo de discapacidad, puesto que, en el transcurso de su formación profesional, el derecho de este grupo de personas quedó alejadas de las metas de igualdad en el país.

Así, por ejemplo, el hecho de tener un estudiante con problema de discapacidad visual, representa un reto o un desafío para generar el proceso de enseñanza-aprendizaje esperado. Un tercer caso, lo podemos evidenciar con las personas que se identifican con una sexualidad diferente a la heteronormativo. Muchos docentes universitarios, segregan a estudiantes por ser homosexuales, lesbianas, trans, etc. Y, es que, este tema, es poco hablado en las administraciones universitarias y sobretodo en las escolares, debido a los enormes tabúes que existen al respecto.

Sin embargo, una y otra vez se evidencian como la homofobia hace que el proceso de educación inclusiva sea solo, letra muerta. Pues el impacto psicológico que son sometidos estos estudiantes, los lleva en muchas oportunidades a replantearse si pueden o no, continuar con los estudios.

La cuarta consistencia que ponen en evidencia lo poco práctico que resultan las leyes de inclusión educativa, concierne que muchos docentes, buscan homogenizar a los estudiantes, sometiéndolos, que deben pensar bajo una misma manera, y deben aprender bajo una misma línea. Aquí, es necesario volver al ejemplo número dos, pues muchos estudiantes, pueden presentar problemas de aprendizaje en menor medida. Muchos docentes y directivos someten a las injusticias por optar a rellenar de contenidos a los estudiantes, sin haber espacios de reflexión sobre si observan algún comportamiento fuera de lo “normal” en los procesos académicos.

Por último, más que un ejemplo, es un llamado de parte del autor de este escrito a que desde el Estado como máximo en educación, como en las universidades en sus derechos de autonomía universitaria que hagan realidad lo plasmado en las leyes. Y es que, de nada sirve crear nuevos códigos, decretos o políticas públicas, si las que están estipuladas y vigentes no se llevan a cabo, poniendo en jaque la institucionalidad del Estado y de los centros educativos como tal. Es hora, entonces de entender desde la realidad, no solo desde las leyes que todos los ciudadanos sin importar nuestras condiciones o limitaciones tenemos los mismos derechos y oportunidades y es obligación de todas las entidades velar para que esto se convierta en una realidad y no solo un agradable juego de palabras (Mora, R., Mora S., et al (2018). El Nuevo orden jurídico Educativo. Ediciones Universidad Simón Bolívar, Barranquilla.

Finalmente, debemos apostar por construir una sociedad más empática para todas las personas. Quizá, esos derechos que hoy ignoramos, en el peor de los casos, mañana nos toque ser defenderlos por razones de la vida misma. Hoy, podemos alzar la voz ante las injusticias y ante la falta de seriedad de las leyes en la práctica, sobretodo en la educación.

#DIARIOLALIBERTAD

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