Adiós, Abelardo Carbonó, el Padre de la Champeta en Colombia

Su tema A Otro Perro Con Ese Hueso y Remanga de Calixto Ochoa, fueron -de acuerdo con una lista de Markoté Barros Ariza- los más bailados del Carnaval 1979

A sus 73 años se marcha otro exitoso músico nacido en Ciénaga, pero hecho en Barranquilla

Nota de Delfín Sierra Tejada

En 1979, los finados periodistas Boris Vergara de la Rosa y Humberto Acosta Núñez, hacían quince días antes del Carnaval los jueves y los viernes, un programa de radio que recorría todos los barrios y se detenían donde hubiera bailes. Allí entrevistaban a los presentes y en uno de ellos estaba el músico Abelardo Carbonó, quien había compuesto el éxito del momento: A Otro Perro Con Ese Hueso.

Era el musical obligado de todos los sitios de baile y Humberto Acosta Núñez le preguntó sobre el origen del tema.

-Dedicado a un político local, pero no te digo quien porque después ustedes lo dicen allá en la emisora, Pero sí le dije así al individuo que me fue a proponer algo a cambio de los votos de mi familia y amigos. A Otro Perro Con Ese Hueso- contó el artista.

A Abelardo Carbonó no le tocó una vida como a otros niños. No sólo que nació en plena recesión económica por causa de la segunda guerra mundial, sino que existían dificultades en su hogar en el cual a pesar del esfuerzo de sus padres, no cuadraban las cuentas para enfrentar los compromisos que la manutención demandaba. Estas necesidades obligaron a sus mayores y progenitores a mirar hacia Barranquilla y fue en la capital del Atlántico en donde ese adolescente se involucró con diversos oficios para tratar de ayudar en algo a sus padres y  a sus hermanos más pequeños. 

Abelardo Carbonó se aficionó por la guitarra, llevaba consigo los sonidos del instrumento que inmortalizó a su paisano Guillermo Buitrago, y fue en Barranquilla precisamente, en donde el Jilguerillo de la Sierra coronó de éxitos su carrera de músico e intérprete de la expresión más popular de la Costa Caribe en ese instante. Fue policía por necesidad, pero su alma de juglar, improvisador e instrumentista, estaba en un encordado que lo fascinaba y que terminó consagrándolo como un guitarrista que nunca se conformó, porque siempre sostuvo que: «a su guitarra él él podía sacar más de lo que los otros musicalizaban» .

Abelardo se impuso como tarea explorar unos sonidos que sin ser rock, o soul, se acercaran más a las guitarras que para él eran muy familiares porque los picots de la arenosa le tenían los oídos acostumbrados a esos registros agudos que se escuchaban en las propuestas del suokous y otros ritmos o melodías que en esta zona cálida adquirieron otras denominaciones.

Y tenía que ser Abelardo Carbonó y no otro, porque como premio a su constancia, estudio empírico de su guitarra, y a su deseo de mostrar su talento y capacidad, lanzó con sus hermanos Abel y Jafeth un trabajo experimental al que denominó Shalcarri, y luego con la absoluta convicción de que había encontrado la veta que consagraría su nombre en la historia de la música popular, como ya lo había hecho con su guitarra su coterráneo Guillermo Buitrago.

Y Abelardo Carbonó convenció al viejo Machuca que tenía un sello discográfico con su propio apellido, para lo grabara y  apoyara con su Inmortal tema «A otro perro con ese hueso», y ambos se llenaron de éxitos, el uno, Abelardo tocando cuanta fiesta popular había en los pueblos del caribe, y el otro, Machuca, vendiendo el pan sazonado y caliente en que se les convirtió ese tema de la autoría de Abelardo. 

Después vinieron otras grabaciones en Medellín con el sello verde de  Codiscos y no fue tan notorio el éxito de las nuevas canciones, pero ese artista humilde que nunca perdió la fe, se encontró para no morir con las ganas, con su tema «Carolina» y se vino de nuevo un éxito al cual Abelardo había hecho merecimiento, lo que se completó con la llegada de Vampisoul un sello montado en Francia que recogió lo más representativo del artista costeño, y que le brindó un respiro económico a quien tanto se había sacrificado defendiendo su propuesta de sonidos nuevos en este complicado mundo de la industria disquera.

Abelardo fue un espécimen raro dentro de los guitarristas que terminan en serenatas y amanecidas, casi nunca exponiendo su propio producto como lo hizo este cienaguero de nacimiento, pero que como su paisano le deben el esplendor de sus carreras a la ciudad de Barranquilla que «sabe cantar y sobre el yunque martillar». 

Hay duelo en la familia artística de la Costa Caribe y de Colombia porque Abelardo Carbonó se convirtió con su bacaneria y su aporte a la producción musical en uno de los líderes de esta propuesta que hoy se mantiene sonando y aceptada en todos los círculos sociales de esta costa y de otros territorios de Colombia y el mundo.

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