Carnaval Internacional de las Artes le dice adiós al maestro Abelardo Carbonó

Los alegres acordes de esa guitarra que lo acompañó en incontables e importantes gestas, se silenciaron para siempre este lunes a las 8:10 a.m. La vida del maestro Abelardo Carbonó se apagó a sus 73 años. Esos veloces arpegios marcados con las influencias del gran Caribe, África y las Antillas, ahora se convirtieron en el más preciado legado del considerado como uno de los padres de la champeta criolla. El maestro abandonó este plano terrenal rodeado de sus seres queridos en su residencia ubicada en el barrio Villa del Carmen en Barranquilla, ciudad que lo acogió con los brazos abiertos y que se convirtió en hogar permanente del insigne cienaguero.

Hoy la Fundación La Cueva lamenta su sensible fallecimiento y exalta su memoria recordando su vida, su obra, sus creaciones y su invaluable aporte a nuestra música popular. El maestro Abelardo Carbonó participó como uno de los invitados especiales al IX Carnaval de las Artes, en 2015. En la charla que sostuvo con el musicólogo Jaime Monsalve, no solo mostró sus dotes musicales, también habló acerca de sus procesos creativos y sobre su contribución al diálogo, a la reconexión de la música colombiana con sus raíces africanas.
El mejor homenaje que se le puede rendir a su memoria y la mejor manera de honrar a un creador como el maestro Carbonó, es escucharlo y bailar su música, reconocer su especial sonoridad, su inventiva y creatividad, valorar ese sonido que se adelantó a su tiempo. Más allá de los títulos que pudieron concedérsele como “el padre de la champeta”, está la manera en que hizo sonar su guitarra, de la que brotó una magia única que nos hermanó con otros territorios, que conectó con los sonidos de nuestra región, con el soukus africano, el compás haitiano, la salsa de Brooklyn, el funk.

Abelardo Carbonó nació en Ciénaga, Magdalena, en 1948 y pasó gran parte de su infancia en Fundación. Su padre, empleado de Ferrocarriles Nacionales, le enseñó los acordes básicos de la guitarra. Luego Abelardo comenzó a sacar los temas que se escuchaban en la radio y a desarrollar una técnica libre, ágil y pegajosa.



Carbonó fue dueño de un estilo y una técnica singular que logró siempre una comunicación instantánea con el bailador. Llegó a Barranquilla cuando tenía 10 años, en esa época, la música de picó sonaba fuerte en los barrios populares de la urbe. Fue policía por más de 15 años, salió de esa institución en 1978, año en que hizo su primera grabación. Una mezcla de toda esa música que sonaba en las tornamesas de picós como El Coreano o El Cibanicú. A finales de los 70, fundó su agrupación Abharca, con músicos de la región y sus hermanos Jafeth y Abel. Con esa banda grabó el tema Schallcarri, cantada en wayuunaiki, que compitió con éxito con temas africanos. Es una joya, una rareza, una obra singular dentro de los diversos matices de la música afrocolombiana.

Fue con el tema A otro perro con ese hueso, presentado como de Le Groupe d´Abelard (El grupo de Abelardo), que llamó la atención de los directivos de la empresa Codiscos que le ofrecieron un atractivo contrato para que grabara con ellos. Éxitos como La negra del negrerío, Carolina, El baile del indio, Guana Tangula, Negra Kulenge y Palenque, hacen de Abelardo Carbonó, uno de los más destacados pioneros de la música champeta en nuestro país. Sus creaciones son producto de una mixtura de ritmos afrocaribeños, con una guitarra que suena libre, diversa y atrevida. En 2013, el sello Vampisoul editó en Europa la compilación titulada El maravilloso mundo de Abelardo Carbonó que recoge gran parte de sus temas y que es el más grande reconocimiento a este singular compositor.

El IX Carnaval de las Artes exaltó su aporte a nuestra música popular en 2015 y hoy lo recordamos con inmenso cariño, respeto y admiración. Los amantes de la música y los bailadores del mundo hoy le decimos ¡Hasta siempre maestro!

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