[Editorial] Decisión del salario mínimo

Como siempre ocurre, desde los primeros días de noviembre, surge el tema del salario mínimo, para el próximo año, el que pasa a convertirse en uno de los hechos que copa la atención de muchos colombianos en esta época de fin de año.

Como si se tratara de una procesión de Semana Santa, anualmente se repiten todas las estaciones: en la primera el Gobierno anuncia que hay que conservar la estabilidad de la inflación, pero que igualmente es necesario hacer un esfuerzo para aumentar la capacidad adquisitiva de los trabajadores.

En la segunda intervienen los gremios; en la siguiente estación las organizaciones obreras piden un aumento que duplique el nivel inflacionario y que además se intervengan los precios de la canasta familiar que siempre se aumentan en esta temporada del año.

En la tercera estación los empresarios ofrecen aumentar lo que corresponde a la inflación agregándole lo relativo a la productividad laboral.

Lo irónico del caso es que casi nunca el salario mínimo resulta ajustado a las verdaderas circunstancias que originan las discusiones para establecerlo, si tenemos en cuenta que más del 50 por ciento de lo que representa el empleo informal no está vinculado a los referidos debates, pero sí son el resultado de sus efectos.

Lo grave es que ese porcentaje puede aumentar, si se continúa manejando no solo el salario base, sino también los pagos complementarios, tal como se ha hecho en los últimos quince años.

Tampoco podemos decir que las discusiones se van a constituir en una denodada lucha por quienes se toman la representación de más de 4 millones de asalariados, ni por los resultados que persiguen, sencillamente porque ellos no están realmente interesados en el salario mínimo, por una simple razón: el salario que reciben y les pagan los allí representados, están muy por encima de ese nivel.

Los sindicatos están interesados es en la tasa de aumento, la cual converge automáticamente en las convenciones colectivas.

Lo mismo ocurre con los empresarios –que son los formales y además los de mayor tamaño– y finalmente el Estado que sabe que tendrá impactos fiscales y monetarios con la decisión decembrina.

Muy por fuera de todo lo anterior están quienes van a devengar esa asignación mensual, que son las familias que reciben el mínimo legal y que tienen que afrontar la incoherencia social, porque ni siquiera dos salarios juntos le alcanzan para superar el nivel de pobreza.

Pero en la mesa de negociación del salario mínimo, resolver este problema específico no cuenta, pues el interés perseguido es lograr el porcentaje del incremento que se irrigará a toda la economía y a los intereses de los allí sentados.

En la mesa de deliberaciones que se iniciará próximamente, tampoco están representadas,  pero sí resultarán afectadas, las familias subempleadas, las llamadas informales y desempleadas que obviamente no reciben el mínimo y además están padeciendo los problemas de la estructura laboral del país, lo cual impide avanzar en la formalización del trabajo.

Desafortunadamente ya se sabe cómo culmina esta novena navideña. Como siempre el reajuste salarial lo fijará el Gobierno por Decreto de próxima expedición, por medio del cual se determinará la asignación mínima mensual a partir del 1º de enero de 2022, que de acuerdo a algunos analistas el aumento no superará el 6 por ciento, si tenemos en cuenta la inflación del presente año.

#DIARIOLALIBERTAD

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