A propósito de Halloween, Los OVNI, las brujas de la modernidad

En las terrazas, balcones y centros comerciales barranquilleros ya es tradicion la decoracion con espantajos similares a este para el 31 de octubre.

La vida en otros sistemas solares sigue siendo para la ciencia una posibilidad justificada

Por: José Gabriel Coley, Filósofo Uniatlántico

Los fenómenos celestiales han inquietado al hombre desde la antigüedad. La leyenda griega de Ícaro, quien al lograr su propósito de volar pereció pues el calor del sol derritió sus alas de cera, hizo definitivamente consciente la frustración del “zoo humano” de carecer de alas. Sin embargo, la fantasía religiosa supo consolarlo creando un mecanismo de gratificación: los ángeles, del griego aggelos, mensajero; o sea que eran emisarios entre Dios y los hombres los cuales para poder bajar y subir al cielo debían tener alas.

Pero el primer humano que logró elevarse al cielo con vehículo fue el profeta Elías quien, narra la Biblia, ascendió en un carruaje de fuego. Los asombrados contemporáneos de Elías jamás volvieron a saber de él ni de su fabuloso coche (?). Después, según Hebreos 11:5, fue Enoc quien  Por la fe fue trasladado al cielo para que no viera muerte; Y NO FUE HALLADO PORQUE DIOS LO TRASLADO; porque antes de ser trasladado recibió testimonio de haber agradado a Dios. 

Los demás ascensos al cielo se hicieron sin aditamentos extraños a la corporeidad, desde el mismo Cristo hasta Remedios la bella en Macondo.

Los otros intentos fracasaron. La torre de Babel, explicación ingeniosamente divertida sobre el origen de los idiomas, es el más rotundo ejemplo. No obstante, cuenta la tradición que, en la Edad Media hubo otros pasajeros aéreos que sin pretender ganar el cielo se desplazaban cómodamente durante las noches: las brujas. Estos seres abracadabrientos con sus sencillas escobas, escandalizaban a los mortales de la época afirmando que volar no era imposible. Quizás le debemos a las brujas que los cohetes se parezcan tanto a las escobas.

Del renacimiento en adelante se inició tempranamente la era espacial. Leonardo diseñó el plano del primer helicóptero, Galileo inventó el telescopio, y Verne describió literalmente el primer viaje espacial; aunque los primeros vuelos aerostáticos se consiguieron con los globos a partir del descubrimiento del helio y sus propiedades. Pero fue solo a comienzos del siglo XX cuando los hermanos Wright hicieron volar al primer avión (ave grande) resolviéndose definitivamente el problema de trasladarnos aéreamente en forma segura, cómoda y más veloz que ningún ser volador. 

El cerebro humano había triunfado sobre las ventajas biológicas de las criaturas aladas.

Sin embargo, ahora que se podía volar, ¿Se logrará llegar al cielo?. El Sputnik soviético fue el primer verdadero intento, y el astronauta Yuri Gagarin respondió afirmativamente este interrogante. Pero, ¡qué desilusión!, el cielo no estaba habitado ni tampoco era azul!. “¿Cielo, dónde está tu Dios?”, preguntó irónicamente el primer hombre que después de Elías logró subir al cielo con vehículo. Nadie le contestó. “Porque este cielo azul que todos vemos, ni es cielo ni es azul. Lástima que no sea verdad tanta belleza”, dijo magistralmente algún inspirado convencido de que “la evidencia sensorial sólo percibe la apariencia engañosa de las cosas”.

Algún tiempo después se llegó a la luna. ¡Otra desilusión! La eterna cómplice del amor era en realidad la negación de la vida y, por ende, del amor. Empero, el progreso de la era espacial fue impresionante. Se volvió común hablar de platillos voladores, de cohetes ínter-planetarios, de seres extra-terrestres, etc. La superstición cobró nuevas formas: los ovnis empezaron a reemplazar a las brujas. Ya no se habla de brujas que montan escobas sino de marcianos que viajan en platillos voladores. Así los Ovnis se convirtieron en las brujas del siglo XX…

La vida en otros sistemas solares sigue siendo para la ciencia una posibilidad justificada por la infinitud espacio-temporal del macro-cosmos y los Ovnis siguen significando lo que el rigor de su sigla indica Objetos Voladores No Identificados. Pero como la ciencia no parte de posibilidades, no podemos alucinamos con seres y situaciones que quizás, por lo menos en la tierra, nunca sucedan.

Mientras tanto, Barranquilla está hoy decorada con todos los motivos habidos y por haber alusivos al Halloween, como la imagen que mostramos arriba.

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