[Papel y Lápiz] No es justo continuar engañando el país

Orlando Andrade Gallardo, Sociólogo.

Columnista: Orlando Andrade Gallardo.

En la mayoría de eventos donde participan altos funcionarios del gobierno encargados de las finanzas  públicas, sus pechos se hinchan y empavonan anunciando los logros y avances económicos. En voz alta y ronca, sin despojarse de la máscara arrogante que cubren sus rostros,   fijan cifras de crecimientos que únicamente  se las creen ellos, algunas pregonan que crecerá el 6,5%, otros  el 7,2 y los más optimistas que alcanzaran el 8%. El Ministro de Hacienda, sin ningún pudor, manifestó en la  Asamblea  de Andesco que se ha cubierto el 82% del desempleo pos pandemia, es decir en cifras exactas que más de cinco millones de desempleados lograron emplearse, faltan 900 que los colocaremos en los próximos meses, aseguró el ministro. Qué maravilla!

No es justo que ministros, directores de institutos y gerentes de entidades estatales continúen entregando cifras alentadoras para estimular el espíritu de quienes están desesperados por el hambre, desempleo y falta de oportunidades. En Colombia no se han instalado en los últimos años nuevas  empresas, o inversiones extranjeras generadoras de empleos masivos. Las contradicciones son evidentes, en entrevista con Yamid Amat, el presidente de Fenalco manifestó que únicamente se han recuperado el 60% de los establecimientos comerciales y muchos de ellos no están trabajando el 100%, el resto no será fácil recuperarlo. No es un secreto que las  megaobras de infraestructuras están paralizadas por falta de garantía que exige el gobierno a los constructores, las compañías aseguradoras no están expidiendo pólizas  de cumplimiento. El problema no solo es para las grandes obras, sino para la mayoría de las empresas que contratan con el Estado, las Agencias de Aduanas padecen del mismo fenómeno. Las compañías aseguradoras  internacionales que avalan las garantías no se atreven por la falta de confiabilidad en el gobierno, alegan que la corrupción e impunidad sin control son las causales principales.  En esencia, el país está paralizado por trámites burocráticos y falta de credibilidad de las aseguradoras internacionales. En estas condiciones surge la pregunta, ¿cómo puede avanzar un país con semejante problema?.  Es conocido que las obras de infraestructura son las mayores generadoras de empleo, no solo por el personal que  ocupan  para realizarlas, sino la cantidad de insumos que  necesitan, desde el cemento, hierro, tubería y otros productos. En los parques de la ciudad diariamente encontramos ciudadanos quemando el tiempo por no tener trabajo y están a la espera que el gobierno entregue subsidios como los acostumbró, ¡qué pena!

No es serio para el gobierno caer en estas contradicciones que sin sonrojarse expresan cifras imprecisas que hacen mucho daño al colombiano sufrido por el hambre y otras necesidades. Lo que está detrás de todo y se oculta es la politiquería  rampante, las reformas anunciadas no se realizan por no tener respaldo financiero, simplemente se anuncian sin concretarse, como es el caso de las vías terciarias. El presupuesto de cuatro billones de pesos para solucionar ese viejo problema que tiene rezagado la economía rural, se encuentra consignado en documentos y ese es su final.

La experiencia de las comunidades de Cuatro Bocas, Ostión, en Tubará y Puerto Colombia, en los últimos años han presentado derechos de petición, acción popular ante la Gobernación,  y todo es materia olvidada. La respuesta técnica después de haber publicado en el Diario LA LIBERTAD que habían más de 30 mil millones de pesos para la vía terciaria que conecta con la  Autopista al Mar, siempre es la misma: “Que una vez se tengan los recursos se impulsarán las obras y obtener el diseño a nivel fase tres de las zonas con potencial turística de las comunidades señaladas”. Es normal que los proyectos de inversión social en materia de infraestructura se venden a la opinión pública, porque conocen que se requieren pero jamás se realizan. ¿Será que en esta ocasión cumplan?. Preguntémosle a Tal Cual.   El gobierno prioriza a vender su imagen sin medir las consecuencias que acarrea estar engañando permanentemente a la gente. Aun peor  cuando aplican la vieja fórmula de desviar el debate cuando son cuestionados para distraer y no afrontar  los verdaderos compromisos sociales; con la captura de alias ‘Otoniel’ el sábado pasado, los problemas nacionales de todo orden son ignorados o engavetados.

En esencia, los proyectos no se cumplen por varias razones, la primera falta de voluntad política; segundo,  nacen muertos por  no tener respaldo presupuestal. Los permanentes enfrentamientos entre bandos politiqueros diametralmente opuestos, con la comunidad en el estrecho espacio, es otra causal. En estas condiciones el país entra en una inercia y apatía como consecuencia de las contradicciones y la polarización de ideologías banas y huecas. ¿Será que Colombia requiere de nuevos líderes para salir de la trampa que caímos? Votando por parlamentarios en cuerpo ajeno que legislan desde las cárceles y el ejecutivo desde una finca repleta de vacas, burros, gallinas y cerdos, no aguanta.

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