Mentira, Populismo y Miserabilismo

Columnista: Ariel Peña

En el  Evangelio  Según San Juan 8:44, dice: “El  ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de la mentira”. De acuerdo a lo anterior si miramos el comportamiento  de los seguidores del engendro marxista, encontramos que para esa secta la mentira es una “arma revolucionaria”, con la que se engaña a los pueblos, en vista de  que indudablemente siguiendo las enseñanzas del sátrapa ruso Lenin “la verdad es un prejuicio burgués y una mentira dicha con suficiente frecuencia se convierte en verdad”, quedando  demostrado el carácter diabólico del comunismo que busca tomarse el poder en Colombia en el 2022.

Las promesas populistas que hacen parte de la monserga miserabilista, usada por los comunistas de diferentes denominaciones,  especialmente en Latinoamérica, está en auge en la campaña electoral colombiana de cara al 2022, usando principalmente de argumento la tragedia que ha ocasionado el Covid-19 o peste china, la cual  ha generando mayor pobreza, que es utilizada de manera infame, por parte del totalitarismo comunista, que aprovecha cualquier calamidad, para buscar dividendos políticos; puesto que los seres humanos para las élites del marxismo son simples instrumentos que solo sirven para satisfacer sus intereses despreciables.

En la historia de la humanidad han surgido individuos que para engañar a los pobres, se declaran guías de sus reivindicaciones, pero que su fin  es satisfacer  apetitos personales en lo político o economía, o sea que la política la convierten en manifestación pública de pasiones privadas, siendo los casos  protuberantes en los últimos siglos el de  Hitler en Alemania, Mussolini en Italia y desde luego el de los seguidores del luciferino marxismo leninismo con todos sus pelambres, y para  muestra un botón en las elecciones del 2022, en vista  del discurso engañoso y miserabilista  por parte de candidatos de la denominada izquierda, que se arropan con los  remoquetes de progresistas o alternativos.

Indiscutiblemente que Gustavo Petro es el adelantado  en el discurso miserabilista, siguiendo al pie de la letra al castrochavismo que es otro mote como se denomina al marxismo leninismo, pues sus promesas de campaña se enfocan dentro de un populismo izquierdista que en la mayoría de los casos es difícil de discernir por la ciudadanía que se deja seducir ante semejante rosario demagógico, olvidando que el desarrollo de las fuerzas productivas es el que determina el progreso social y humano de los pueblos.

 Si Gustvo Petro resulta ganador en el 2022, expropiaría al mejor estilo de Hugo Chávez, para la  “adecuada distribución de la riqueza” como lo anunció hace poco, lo  que llevará a los colombianos a convertirse en pordioseros análogamente a  los venezolanos; sin embargo  si hacemos un simple  ejercicio, imaginándonos por un momento, que se les confisca  la riqueza a  los mayores grupos económicos  del país, distribuyendo   esa fortuna en  12 millones de hogares colombianos con una   suma de  dos millones de pesos mensuales, eso no alcanzaría sino para 7 meses, con las nefastas implicaciones sociales y económicas que le traería al país, por lo que antes que pensar en disparates se debe fortalecer el aparato productivo nacional. Resaltando que en Venezuela  lo que el régimen  llamaba mejor distribución de la riqueza petrolera trajo mayor corrupción y pobreza, con  6 millones de refugiados en diferentes  países vecinos, que se incrementaran de una manera desproporcionada en los próximos meses.

A Colombia  se le considera como  uno de los países más desiguales de Latinoamérica, asumiendo que eso fuera cierto, no podemos olvidar que Colombia ha tenido que aguantar un conflicto político-militar de 57 años propiciado por el marxismo leninismo a través de sus  grupos terrorista para la toma del poder, y no solo han habido cerca de 230 mil muertos y millones de víctimas, sino que ese conflicto le  pudo haber costado al  Estado y a  la sociedad hasta nuestros días, más de 300 mil millones de dólares, recursos que hubieran servido para bajar en un grado superlativo a la pobreza, pero de eso no se ha dicho nada, y no se mencionó en las negociaciones de La Habana.

Es increíble que el comunismo totalitario o marxismo con su comportamiento atroz siga siendo una amenaza para la humanidad, y particularmente en las elecciones de 2022 para Colombia, en razón a que hay que volver a recordar que en el siglo XlX en la Primera Internacional de los trabajadores, los obreros desenmascararon  al señor Karl Marx por sus tesis estatistas, burocráticas, absolutistas y embrutecedoras, dado  que quería mediante el Estado llevarlos a la esclavitud política; posteriormente en la Segunda Internacional el marxismo fue ridiculizado y repudiado por ser una doctrina supersticiosa que utilizaba como dogma máximo al materialismo histórico,  que se convierte en  el tótem con el que los comunistas embaucan a las personas débiles mentales.

La  caída del muro de Berlín en 1989, que después fue la causa de la debacle del comunismo en  la URSS,  no ha repercutido en  los marxistas que se aprovecharon del atraso ideológico de los pueblos latinoamericanos y de la poca vocación democrática de las viejas oligarquías nacionales que nunca fueron capaces de enfrentar intelectualmente al comunismo, quien montó  el socialismo del siglo XXl al amparo del Foro de Sao Paulo(fundado en 1990) que se tomó a Venezuela en 1998 con Chávez, demostrándose  después de casi 23 años el fiasco de la revolución y el socialismo de corte  marxista en el país vecino, sin embargo para colmo de males y por increíble que parezca y viendo  todas las calamidades que trae el comunismo totalitario, resulta que ahora en Colombia Gustavo Petro candidato de origen marxista y cercano al régimen de Maduro, está ad portas de  llegar a la presidencia de la república en el 2022, lo que expresa un estado de masoquismo en algunos sectores de la población.  En su aplicación práctica el discurso  miserabilista y fatalista de Gustavo Petro,  llevaría a Colombia  a una situación más calamitosa que la de Venezuela en poco tiempo, debido a que  aquí no hay la renta petrolera que tuvo nuestro vecino y al no haber inversión ni interna ni externa, no nos imaginamos el futuro que le espera a esta adolorida patria, que ha sufrido  hace décadas los embates del comunismo totalitario desde  diferentes  flancos.

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