Octubre 8, 319 AC nace Pirro Rey de Epiro y de Victorias Pírricas

¿Cuántas de estas se producen a diario en el mundo?

Todos alguna vez hemos obtenido alguna de estas:

Jamás imaginó Pirro, Rey de Epiro -región que ubicamos hoy entre Grecia, Albania y Macedonia-  que su desastrosa incursión en tierras italianas para ayudar a los tarentinos en su guerra contra Roma, le daría la inmortalidad. Pese a su fracaso su nombre quedaría eternizado en la famosa frase, Victorias Pírricas, que jamás ha dejado de ser pronunciada.  Pirro -quien nació un día como hoy, 8 de octubre en el año 319  A.C- decidió ayudar a Tarento en su lucha contra Roma por algunos compromisos adquiridos de manera previa y aquí comienza la historia. 

Pirro -quien nació un día como hoy, 8 de octubre en el año 319  A.C- decidió ayudar a Tarento en su lucha contra Roma por algunos compromisos adquiridos de manera previa

A finales del siglo III A.C. Tarento -fundada por Esparta en el año 706- era quizá el núcleo de más poder de la Magna Grecia en el Mediterráneo. Gracias a un poderoso ejército y una armada calificada como indestructible, mantenían el control absoluto de todo el golfo y habían firmado un tratado con Roma que prohibía a los navíos de esta última transitar alrededor Cabo Lacinum. Como contrapartida, Tarento se mostraría neutral en la guerra que los romanos libraban con el Samnio, (Sur de los Pirineos en el centro de Italia).

Pero a finales del 282, en otoño cuando los griegos celebraban el festival del vino en honor a Dioniso -Baco- los asistentes se sobresaltaron al ver diez trirremes romanos, penetrando en el Golfo de Tarento.

Estas naves, comandadas por el Cónsul Publio Cornelio Dolabela, según el historiador Apiano -en Historia de Roma- se dirigían a Turios, un punto romano de observación, pero sin intención bélica alguna.

Los griegos respondieron de manera inmediata a la provocación y lanzaron parte de su poderosa flota contra los invasores.

Durante la confrontación fueron hundidas cuatro embarcaciones romanas fueron hundidas, una capturada y los tarentinos prosiguieron su camino hasta Turios donde expulsaron del gobierno a la aristocracia -que estaba aliada al poder de Roma- y los sustituyeron por los demócratas, partidarios absolutos de mantener la independencia.

Desde luego, Roma hizo su reclamación. Envió una delegación a Tarento para pedir compensaciones de todo tipo, pero las negociaciones fracasaron y aquí es donde comienza la historia de las guerras.

En franca inferioridad en materia de armamento los grecoitalianos -italiotas, los denominaba Apiano- acudieron a Pirro, rey de Epiro, a quien habían ayudado en un pasado reciente en su confrontación contra la isla Jónica de Corfú.

Epiro -hoy es una región compartida entre Albania y Grecia en los Balcanes- y su rey  Pirro apodado El Grande, quería expandir sus dominios a expensas de Roma y por ello, no vaciló en entrar el conflicto, las Guerras Pírricas. Pirro no marchó enseguida sobre Roma. Se dedicó primero a conseguir todo el apoyo que pudiera por parte de sus aliados en la Magna Grecia. De manera inmediata llegaron los tarentinos, pero como los de Lucania y Brucio no habían llegado decidió esperar a los romanos en una llanura cercana al río Siris, muy próxima a la población de Heraclea.

El historiador Plutarco cuenta que los romanos tenían entre 30 y 35 mil soldados, en tanto que los griegos bajo el mando de Pirro, poseían entre 25 y 30.000 combatientes y 20 elefantes, que a la postre decidirían el combate. Las legiones romanas en principio aventajaban a las falanges griegas, pero entonces Pirro hizo intervenir a los elefantes y todo se decidió. Los romanos -según el historiador Dionisio de Halicarnaso- huyeron sufriendo alrededor de 15.000 bajas, en tanto que de sus adversarios aliados, murieron 13.000.

Después de la batalla, los vencidos se prepararon de manera cuidadosa para nuevos enfrentamientos, Se surtieron de proyectiles incendiarios y armas especiales para combatir contra los elefantes, carros tirados por bueyes equipados con enormes lanzas, vasijas de cerámica ardiendo para asustar a los paquidermos y tropas que se desplazaban hacia los costados, a fin de atacar por los flancos y hacer que los animales retrocedieran.

Mientras tanto, Pirro -que no había podido tomar la localidad de Capua- se dirigió hacia Roma pero no pudo negociar y decidió retirarse hacia el sur.

No obstante en una llanura rodeada de colinas cerca a la ciudad de Ausculum, volvió a encontrarse con las tropas enemigas.

Dos días duró el combate y esta vez, tal como antes en Heraclea, los elefantes de Pirro destrozaron al ejército adversario. Los carros «anti-elefantes» tuvieron un éxito inicial pero enseguida empezaron a retroceder. El rey de Epiro, cargó entonces contra ellos con su guardia personal y de nuevo los puso en fuga.  

Los romanos perdieron 6000 hombres y Pirro 3500, pero su ejército quedó tan disminuido, que al mirar lo que le quedaba, fue cuando lanzó la famosa frase:

-Otra victoria como esta y estaremos acabados. 

Nacían en ese momento, las Victorias Pírricas, en las que el vencedor, sufre tanto o más que los vencidos Fue el final. Roma se negó a una tregua y prefirió aliarse con quienes después serían sus peores enemigos, los cartagineses, para perseguir a Pirro, quien al final, sería derrotado de manera definitiva en Benevento en el año 275. Entonces, decidió retornar para siempre a su país.

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