Secretos de jefes de estados

Por Hugo Castillo Mesino

Históricamente ha sido un problema las limitaciones del poder debido a las enfermedades y  las dolencias de los jefes de estados y de gobierno sobre todo cuando muchas veces con cierto cinismo los países tienen políticos o gobernantes que no se lo merecen; no obstante, la enfermedad que es materia de preocupación no debe ser tanto la que afecta al jefe de estado de gobierno como la que afecta al sistema político en su conjunto, tal como lo sustenta  el ideólogo y filósofo Raymond Moley: “El poder es peligroso. Crece con aquello de lo que se nutre, ofuscando la percepción, nublando la visión, aprisionando a su víctima, por buenas que sean sus intenciones, en el frio del aislamiento propio de un aura que se crea a sí misma de infalibilidad intelectual que es negativo del principio democrático”.

Parafraseando a David Owen en su libro “En el poder y en la enfermedad”, la democracia representativa se ve abocada a dos enfermedades como las malas decisiones y la ejecución incompetente, que significan la misma esencia, la capacidad y la voluntad de dirigir por parte de un dirigente político cuando está erosionada. Ahora ha surgido una nueva concepción que es la “democracia consultiva”, cuyos dirigentes ven que pueden tener una vida más fácil y se conforman simplemente con permitir que las encuestas de opinión y los grupos focales dicten sus acciones; esta versión es como una forma de triangulación para obtener el poder y conservarlo. Para los dirigentes políticos el camino más propenso a los accidentes es el de desarrollar sus firmes convicciones, defenderlas y estar dispuesto a atenerse a ellas, en contra de la opinión pública.

En Inglaterra en la legislación del 2005 se define la pérdida de capacidad mental como un daño de alteración en el funcionamiento del cerebro o la mente y su lista de síntomas clínicos alude a los casos en que los pacientes son incapaces de entender información relevante para la decisión; no pueden detener la información relevante; son incapaces de usar la información como parte del proceso de toma de decisiones y no pueden comunicar la decisión; valido para los jefes de estado.

La historia ha demostrado que los médicos personales que atienden a los jefes de estado o de gobierno ponen el umbral aún más alto que con sus otros pacientes menos conocidos en cuanto a registrar una mengua en la toma de decisiones.

También es cierto que la depresión leve o de una disminución de energía y motivación puede reducir la toma de decisiones de los políticos o jefes de estado, la Organización Mundial de la Salud sitúa ahora a la depresión como una de las dos principales dolencias en las economías de mercado establecidas. Se ha publicado en 2016 que los presidentes de los Estados Unidos en su mayoría sufrían de trastornos mentales.

También los opinólogos manifiestan que todo dirigente político que decida presentarse al cargo sea sincero con su estado de salud, siendo los votantes lo que decidan si la enfermedad del candidato lo descalifica para el cargo. Aunque hay pocas dudas sobre lo que se puede hacer frente a la enfermedad que pueda cambiar la personalidad de un individuo, a veces puede ser para mejor tal como sucedió con Franklin Roosevelt, John F. Kennedy, Winston Churchill, Lyndon Baines Johnson, Georges Jean Raymond Pompidou y François Mitterrand, quienes no confiaron a sus electorados su estado de salud y sus dolencias manteniéndolas en secreto durante años.

 El dictador Francisco Franco, su hija insistió que dejasen morir a su padre el 20 de noviembre de 1965 para poder instalar el Concejo de ministros; el dictador Ferdinand Marcos de Filipinas a quien se le diagnóstico lupus erimatoso en 1968, su estado clínico era fatal, muy a pesar de eso se le mantuvo vivo con un riñón artificial; Tony Blair, George W. Bush hijo, Bernadette Chiras y Ariel Sharon, ocultaron sus enfermedades.

Mientras que, en Colombia presidentes como Virgilio Barco Vargas fue operado de una diverticulitis; Álvaro Uribe Vélez, estuvo contagiado de la Gripe AH1N1 y se le encontró un cáncer de piel; César Gaviria, se le extirpo un cáncer de próstata; Misael Pastrana padeció de un cáncer; Ernesto Samper Pizano pidió una licencia para atenderse procedimientos médicos; Juan Manuel Santos, se le extirpó un tumor que tenía en la próstata. ¿Qué se puede hacer ante las sociedades democráticas para obtener la información que necesitan sobre la salud de sus dirigentes políticos?, ¿se legislaría en Colombia?

La argumentación de los puristas partiendo del juramento hipocrático es que los médicos tienen que llevarse hasta la tumba los secretos de sus pacientes y no dejar siquiera constancia escrita para la posteridad; olvidándose que prima el bienestar general sobre el particular. Repensar la salud mental del país está por encima de los gobernantes y combatir la corrupción es un imperativo categórico de todo gobernante.

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#DIARIOLALIBERTAD

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