[ Editorial] ¡Otra pandemia en Barranquilla!

Desde mucho antes de la llegada del covid-19,  ya se sabía que existen zonas de Barranquilla en las que reconocidas organizaciones criminales tienen su centro de operaciones; los lamentables insucesos que siguen ocurriendo en nuestra ciudad y su área metropolitana, en los que pierden la vida muchas personas a manos de delincuentes, confirman que el atraco callejero se convirtió en otra pandemia en la Puerta de Oro de Colombia.

Se trata de un delito que está causando mucho impacto en la ciudadanía de bien, presa fácil de organizaciones delictivas especializadas en el hurto de carros, celulares, motos, bicicletas, relojes de alta y baja gama, bolsos, carteras etc. en estos tiempos de Covid-19.

Más allá de las circunstancias que rodean estos hechos delincuenciales, no deja de sorprender la forma como últimamente actúan estos antisociales: en gavilla, armados de piedras, garrotes y  de armas de fuego de grueso calibre.

Así reducen a sus víctimas para despojarlas de todo lo que lleva consigo y en muchas ocasiones hasta quitarle la vida, lo cual ya no solo ocurre en sectores llamados subnormales y a plena luz día, por lo que se puede asegurar que el atraco sigue siendo el otro mortífero virus para los barranquilleros.

Por estos frecuentes casos, de los cuales damos permanente información en nuestra Crónica Judicial, es menester que las autoridades competentes se enteren de esta verdad, hay zonas en Barranquilla en las que reconocidas organizaciones criminales tienen su centro de operaciones.

Si bien la percepción de seguridad en algunos barrios ha mejorado, muchos de ellos surgidos de manera informal y con necesidades, grupos familiares se vuelven amos y señores de negocios ilícitos –como el expendio de drogas alucinógenas– y acaban extendiendo sus tentáculos al hurto, el fleteo y a la extorsión.

De ninguna manera queremos estigmatizar a algunas comunidades en particular, pero sí alertar a las autoridades a fin de que impidan que estos contornos se conviertan en zonas vedadas para los ciudadanos de bien.

Muchos habitantes de algunos barrios de Barranquilla, generalmente guardan silencio por temor, aunque conocen perfectamente sobre la existencia de bandas dedicadas al atraco en varios sectores de nuestra capital, cuyos integrantes en forma permanente cometen sus fechorías.

Por esa razón la Policía debe evitar que situaciones como estas sigan pelechando y en la administración de justicia, siga creciendo el prontuario de estos delincuentes hasta cuando ya sea demasiado tarde.

Lo cierto es que esta situación no es nueva en Barranquilla; los enfrentamientos entre organizaciones delincuenciales, la proliferación de grupos al margen de la ley y las pugnas por el control del expendio de drogas, son hechos que en nuestra urbe se incrementan cada día.

La existencia  de estas agrupaciones delincuenciales es una  realidad en las zonas periféricas de Barranquilla. Es también muy cierto que la denominada guerra entre pandillas juveniles, ha obligado a las autoridades a cercar algunos barrios donde se libran estos enfrentamientos.

La concurrencia de muchos factores a los cuales hemos hecho referencia en este mismo espacio editorial, le aportan a la capital del Atlántico altas tasas de delitos, que lógicamente generan un ambiente de inseguridad y de inquietante incertidumbre.

Las alarmantes cifras de violencia que de unos meses para acá se presentan en la ciudad de Barranquilla más que causar sorpresas a las autoridades y ciudadanía en general, lo que han hecho es confirmar algo que todos los barranquilleros sabíamos desde mucho antes de llegado el coronavirus.

#DIARIOLALIBERTAD

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