Barranquilla en una miniplaca tectónica

Por: Víctor Hugo Marenco Boekhoudt

Muchas veces se nos ha dicho que la ciudad de Barranquilla posee unos suelos calizos, otros arenosos y un entorno geológico apaciguado. Resulta que no es así… por el contrario, tal como lo resumiremos en este escrito, nuestra ciudad y su departamento, se mecen en una rítmica geocinética que nos desplaza hacia el noroccidente, a una velocidad de dos milímetros por año. La ciencia como tal, está en la obligación de divulgar y hacer llegaderos, los conocimientos que están enmarcados dentro de un territorio, de tal forma que sean sus bióticos y sus habitantes, los directos beneficiarios en su implementación. Llegamos a la conclusión, de acuerdo a nuestros trabajos, que el terreno donde emplaza nuestro departamento y su capital, se remite a una miniplaca tectónica. Su contraparte es la Sierra Nevada de Santa Marta, la cual como ente morfogeodinámico crucial, define una microplaca que apunta su dirección al suroccidente; es decir, hacia la serranía del Perijá. Al lector curioso le puede parecer poco extraño toda esta argumentación y claro, hasta algo desreferenciada… sin embargo es válida y aplicable. Comparando formas del terreno en sus adyacencias, por el análisis de un tipo de roca particular cerca al municipio de Luruaco, por la manera como el estrato calcáreo se inmersa por debajo del río Grande de la Magdalena (el Karakalí, Yuma, Guancayo o Karipuña, de acuerdo a nuestros hermanos mayores), por el leve enjambre sísmico en las inmediaciones de Sitionuevo, Salamina o el Piñón, proponemos un modelo de movimiento y contramovimiento de miniplacas tectónicas, que llega a satisfacer y a apreciar, las formas de terrenos en las inmediaciones de la ciudad, sus tipos de rocas características y la ambientación de todos sus entornos (léase su área metropolitana y el Atlántico).

Bien, sin regodeos… no sin antes aclarar, que cuando divulgamos nuevos conocimientos, la terminología nos juega una mala pasada: ¿Para qué sirve esa novedad?. ¿Qué logramos en ese respecto?. ¿Dónde y cómo se expresa la «sustancia»?. A la validez de la sensatez, respuestas claras y concisas. Sí Señor, sirve mucho… nos ayudará a responder, por ejemplo, no sólo el porqué las lomas adyacentes a Santa Verónica se empinan en una dirección particular, como también nos describirá, el porqué Barranquilla se emplaza en una loma sutil y alargada (acuérdense de los arroyos), le enunciará, cómo es posible que existan rocas y piedras chinas detrás de Rotinet, que debieron «nacer» en la Sierra Nevada Samaria. Propondrá una falla geológica llamada «Juancho Polo», que separará los dos terrenos geológicos y al son de sus antagonismos, explayará la posibilidad de la existencia de otras placas más. La geología es eso: una especie de baile sin fin… una placa que arremete contra otra, en el curso de millones de años y la revienta, la parte inmisericordemente en pedacitos y a su vez, esas mismas particiones giran o son arrastradas por el paso marcial de otra microplaca más. En nuestro caso la Sierra Nevada manda, ordena la marcha y define quién va adelante y quién atrás. Toda esa «danza» geotectónica posee sus razones y denota sus comienzos y sus fines. ¿De qué sirve?. Muy sencillo, para ser nosotros mismos, para mirarnos en el espejo y para refrendar nuestras esencias vitales. ¿De qué sirve?, pues sirve para saber en qué tipo de entropía vivimos.

El orden geológico da indicaciones a los ríos (ellos discurren por las fallas), conforma las lomas y montañas, diametriza las depresiones (¡No, las suyas no!… hablo de la «Momposina» por citar sólo un ejemplo), nos da ilustración del pasado reciente, o de cómo era el lejano, cuánto llovía o qué clase de flora o fauna se poseía, cuando el río Grande estaba confinado y era un lago infinito, repleto de cocodrilos, que olía a hierbas y a agua fresca. Todos los estudios citan la geología como indispensable, pero esa pléyade de consultores coloridos que la abjuran, también la desparraman y la plagian como motilando locos. Se olvidan, que el río cuando crece transporta más sedimento y que le cuesta minutos rellenar, lo que las dragazuelas «caribes» roen. Ese mismo flujo, tiende a derechizarse cuando busca el océano. Si el mar crece, entonces él irá en búsqueda de sus viejos pasos (rememórense la Ciénaga Grande y sus caños flanqueados). Buscaremos otras estancias y el tajamar occidental tendrá mayor valía. No son «ríos sequitos» los que hacen que las barras marinas se adosen a los rellenos. Son filtraciones que se acumulan y el oleaje las arrastra. Tampoco esa albúfera séptica, enfermante y pestilente, será el lago de los panamericanos. Mallorquín despotrica en su tumba. ¿Cómo se las ingeniaron para desaccesar el tajamar occidental?. La geología dicta: esas relimpias con el advenimiento de niveles oceánicos superiores, serán un hazmereír. Mientras el superpuerto adquiere más vigencia y nos distanciamos de Santa Marta, los silos se caen, los pobres fallecen y el cortoplacismo de las cuentas bancarias pronosticará, que ni los océanos subirán de nivel, ni que los puertos actuales, perderán su candor ruinsequístico, llenos de yeso y clínker turco.

Texto: Víctor Hugo Marenco Boekhoudt

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