[Editorial] Un problema metropolitano

La alta cifra de  asesinatos ocurridos en los últimos  50 días en Barranquilla y su área metropolitana, mediante hechos que involucran armas de fuego, no pueden pasar por inadvertidos para la comunidad, ni mucho menos para las autoridades.

Porque esos actos criminales siguen ocurriendo repetidamente en las mismas comunidades y zonas urbanas donde se ha identificado la presencia de bandas al servicio de varios grupos ilegales.

En Barranquilla y su área metropolitana ha sido incrementado el pie de fuerza, así mismo reforzado con elementos para la seguridad, como las cámaras instaladas en lugares estratégicos de la ciudad de Barranquilla, pero parece que con eso no se hubiera logrado que desciendan los índices de delitos, como lo esperan las gentes de bien de Barranquilla.

Los intentos de conciliación entre bandas juveniles dedicadas a defender “sus territorios” y controlar el negocio del microtráfico en algunas zonas de la ciudad, están apenas en una etapa incipiente y a veces da la sensación que tienen más resultados en el impacto que estos temas causan en los medios de comunicación, que una verdadera reconciliación entre las comunidades, en las que estas pandillas actúan.

A lo anterior hay que sumar que no hay cohesión entre lo que se plantea en materia de seguridad en Barranquilla y lo que hacen en Soledad, Malambo Galapa y Puerto Colombia. La seguridad también es un tema metropolitano, porque la incidencia de cualquiera de los grupos al margen de la ley, se da no solo en la capital del departamento, sino también en sus vecinos más cercanos.

No sobraría que se unificaran medidas como la prohibición de parrillero para motocicletas, se reduzcan los horarios para los sitios nocturnos, el férreo control al porte de armas, la instalación de cámaras de seguridad en toda el área metropolitana, entre otras, temas que son manejados individualmente por cada administración.

Está claro, que este fenómeno no es de ahora; los enfrentamientos entre bandas delincuenciales, la presencia de pandillas juveniles y las pugnas por el control del expendio de drogas, son hechos inocultables en nuestra ciudad. Los grupos criminales siguen actuando de la misma manera como lo han venido haciendo desde tiempo atrás, los protagonistas de estos hechos frecuentan las zonas deprimidas, posiblemente entregándole armas, especialmente a los jóvenes, fortaleciendo la delincuencia y ocasionando muertes.

En algunos barrios de Barranquilla y Soledad persisten desde hace  muchos años estos enfrentamientos, sin que se haya realizado una intervención real, no sólo para controlarlas en materia de orden público, sino para deshacer esas redes y reincorporar a la civilidad a quienes pertenecen a dichos grupos delincuenciales.

La lógica de los forajidos que pelean guerras ajenas, es una gran verdad en nuestras zonas deprimidas. Las oportunidades que les brinda el estar al servicio del dinero fácil, ha hecho que buen número de jóvenes de una generación estén perdiendo la vida.

La denominada guerra entre bandas obligó a las autoridades a cercar algunos barrios donde se libran estas luchas.

Una vez pasa el registro en las páginas de LA LIBERTAD y en las cámaras de televisión los jóvenes son devueltos a sus comunidades, sin ningún tipo de seguimiento, ni programas reales, ni estímulos para su reincorporación a la legalidad.

Es urgente la acción de la justicia, para que actúe como debe ser en estos casos y no se promueva la impunidad, tan perniciosa como los mismos problemas que se padecen en temas de seguridad ciudadana.

#DIARIOLALIBERTAD

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