Los tres años de Iván Duque

El Presidente  Iván Duque cumple hoy tres años en la Casa de Nariño. En realidad un periodo turbulento, marcado por una mortífera pandemia, un recrudecimiento de la violencia y la agitación social acentuada en los últimos 3 meses, factores que han interrumpido ostensiblemente el rumbo de su gestión.

No cabe duda que en medio de tanta confusión, el panorama político en Colombia, de cara a las elecciones presidenciales, cuyo ganador reemplazará a Iván Duque Márquez el próximo 7 de agosto de 2022, se comienza a  mover notablemente, luego de conocidos los resultados de las  primeras encuestas realizadas  hasta ahora.

El segundo presidente más joven en la historia de nuestro país llegó al solio de los mandatarios como representante de una nueva generación de políticos de nuestro país, pero se encontró con  el ala más radical de su partido y de la carencia de una mayoría consolidada en el Congreso de la República.

En estos tres años de su mandato, Duque no ha podido sacar adelante muchos de los proyectos esbozados durante su campaña a la presidencia, a decir verdad no ha logrado imponer su agenda,  tampoco un método distinto de gobernar, que es  otro de los aspectos enfáticamente prometidos.

Como recordaremos, Iván Duque asumió el poder en una tarde lluviosa con presencia de vientos huracanados  –poco frecuentes en Bogotá– como significando  lo que sería su mandato de cuatro años en el poder, en los que hasta ahora no ha tenido tregua por parte de la oposición, producto de la polarización electoral que se ha venido acelerando en los últimos meses.

Con ese tétrico telón de fondo, el mandatario le correspondió encarar la primera ola de protestas sociales a finales de 2019, luego hizo su aparición la arremetida de la pandemia de Covid-19 y desde el 28 de abril las manifestaciones violentas de los meses de mayo y junio pasados, que dejaron numerosos fallecimientos y al país sumergido en la mayor crisis de los últimos años.

Hay quienes le critican al presidente Iván Duque que aún permanece anclado en el discurso de su partido sobre los acuerdos de paz, caracterizado por el rechazo a lo pactado por su antecesor, Juan Manuel Santos y que  perdió los primeros meses de su Gobierno en una discusión infructuosa por sus objeciones a 6 de los 159 artículos de la Ley Estatutaria de la Justicia Especial para la Paz –JEP, piedra angular de ese  polémico acuerdo.

En todo caso, lo que requiere Colombia en este momento es un liderazgo sereno, constructivo, futurista, transparente, no incendiario, firme con la búsqueda de equidad, comprometido con la seguridad nacional y ciudadana, que respete la libre empresa, que genere confianza entre los millones de colombianos que no quieren para Colombia un destino regido por ideologías que en nada tienen que ver con el fortalecimiento de nuestra democracia. Que continuemos en una Colombia en la que el  derecho a la protesta consagrada en nuestra Carta Magna no pueda comprarse al precio de la destrucción de la propiedad privada de los demás o de la pública que pagamos todos. Y como quiera que en cualquier manifestación existe la posibilidad  que brote la violencia, que las autoridades puedan poner en práctica las herramientas para controlarla y repelerla, cuando sea  necesario, a través del uso proporcional y mesurado de la fuerza.

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