¿Qué sociedad estamos construyendo…?

Por: Víctor Herrera Michel

En anterior columna tocamos el tema sobre la problemática de nuestra región en la que – de acuerdo al análisis del Observatorio de la Educación del  Caribe colombiano de la Universidad del Norte – prácticamente el 70% de nuestros jóvenes entre los 17 y los 21 años no tiene la oportunidad de ingresar a cursar una carrera (sea profesional, técnica o tecnológica )en una Institución de Educación Superior(IES).

De tal suerte, que estos jóvenes se ven abocados a:

  • Engrosar las filas de la informalidad, que va desde ser mototaxista hasta vendedor ambulante pasando por las diversas formas ingeniosas que ofrece el “rebusque”.
  • Ser beneficiario de los programas de asistencia social del gobierno – como jóvenes en acción, familias en acción, etc.- que les corta la posibilidad de ser productivos para ellos y para la sociedad y, de paso, los “gradúa” en el oficio de “Limosneros”.
  • Ingresar a la ilegalidad, perteneciendo a una pandilla en su barrio, practicando la distribución y/o consumo de drogas para lo que son caldo de cultivo o pasando por diversas formas delictivas.

Ahora, apelando a aquella famosa teoría de ver “el vaso medio vacío o medio lleno” (visión pesimista u optimista), habría dos formas de analizar esta situación.

Por un lado, podríamos lamentarnos de esta dramática realidad y no hacer nada para solucionarlo o por el otro, ver la estupenda oportunidad para aprovechar a una gran población compuesta de una mano de obra disponible con jóvenes en edad de estudiar sus carreras, con deseo de hacerlo y de salir adelante y producir pero que, por diversos motivos, no encuentran esa posibilidad.

Esos motivos casi que se reducen a uno solo: la falta de recursos para pagar la matrícula, para ser beneficiario de un crédito estudiantil, para desplazarse hasta el sitio de estudio, para alimentarse, para conectarse a internet, para adquirir los materiales, para comprar uniformes. etc.

Por ello hay que iniciar cuanto antes la Gran Revolución Educativa en el Caribe colombiano que comience con garantizarles la gratuidad y la conectividad por aquello de las clases virtuales, a distancia o semipresenciales, entre otros.

En este propósito es necesario que nos comprometamos todos, de manera creativa y proactiva, y principalmente el trinomio compuesto por Gobierno – Empresa – Academia para lograr adecuar las oportunidades de la región en materia energética, industrial, agrícola, comercial, turística, piscícola, etc., a la formación y las demandas de los futuros estudiantes

Por una parte, el gobierno territorial podría priorizar sus recursos y adecuar sus planes de desarrollo con este objetivo; Facilitando las instalaciones físicas, la conectividad en el caso de la virtualidad y la participación activa de un vehículo audiovisual que cubre todo el territorio como es el Canal Regional de Televisión- Telecaribe.

Así mismo, la empresa privada tendría la posibilidad de, además de aportar recursos, concretar la pertinencia entre lo que los jóvenes deben estudiar en sus programas académicos y los requerimientos de las ocupaciones laborales que surjan y que el sector productivo pueda ofrecer.

Finalmente, la academia aplicando su experiencia, facilitando los recursos técnicos y humanos y adecuando sus planes de capacitación a las necesidades reales de la región.

Si no concretamos esta Revolución Educativa no solo estamos condenando a la gran mayoría de nuestros jóvenes al fracaso, sino que renunciamos como sociedad al deber de formar nuevos y buenos profesionales, trabajadores, funcionarios públicos, gobernantes, empresarios y, lo que es más importante, padres de familia y ciudadanos.

Para ello, es necesario contestar la pregunta:

¿En las actuales circunstancias, que tipo de sociedad es la que estamos construyendo…?

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