Mi tío José Daniel, a quien siempre llamé El Inmortal

Por: José Gabriel Coley

Fuente: pepecomenta.com

Nació el 10 de febrero de 1910 y falleció el 22 de junio de 2001 (El Filósofo José Gabriel Coley Pérez, ahijado y sobrino de mi padre,  hizo esta nota para  exaltarlo y recordar su don de gente y poder de convocatoria)

 De  pie, al centro, mi tío José Daniel Sánchez Molinares, en una bonita  parranda en los años 50. De izquierda a derecha el abogado José María  Herrera, Rafael Iriarte, dueño del taller que llevaba su nombre, mi padre, el joyero industrial José Gabriel Coley Navarro, Virgilio Bilbao,  profesor en varios colegios de bachillerato y Arturo Insignares,  prefecto de disciplina del José Eusebio Caro 

José Gabriel Coley en esta nota a su tío y padrino, mi padre, José Daniel Sánchez Molinares.

El 10 de febrero de 1910, inició su periplo vital José Daniel Sánchez Molinares, atravesando prácticamente todo el siglo XX y dos años del XXI. Soltero empedernido, que sólo en edad suficientemente madura y después de haber escapado de innumerables novias, por fin unió su vida a mi tía Olga Matilde Pérez Palencia. Todos pensaron que iba a recogerse en el remanso de su hogar y a abandonar su vida bohemia como él mismo había prometido; fue la única promesa que incumplió, pero sin renunciar a sus deberes de padre de familia.

Era amante de las fiestas, pues nación un día de Carnaval; este barranquillero raizal, del barrio San Roque, se definía a sí mismo como “medio loco, medio músico y medio poeta”, a pesar de que nunca aprendió a bailar. Él prefería compartir el versos y las composiciones poéticas con sus amigos, pero en especial con José Gabriel Coley Navarro, mi padre, quien fue su complemento perfecto. Eran “tapa y caja”, como lo afirmaba.

Nosotros, (sus hijos y yo) nos aprendimos muchos de sus versos y en especial, los que dedicó a mi tía Olga:

-No mires que miran que nos miramos;

busquemos la manera de no mirarnos

que cuando no nos miren,

entonces nos miraremos.

Su fama de picaflor hizo que la familia Pérez Palencia lo rechazara como pretendiente de la morena a en quien él había clavado sus ojoz azules y tuvo que retirarse un tiempo de su lado. Tomando como pretexto algunos asuntos de trabajo que debía resolver, marchó a Bogotá pero sin olvidar a su amada:

-Miedoso a tu esquivez y a tus antojos

desesperado por no estar contigo

florezco la distancia que maldigo,

con el recuerdo de tus labior rojos, le dijo en un mensaje que envió desde la helada Capital

Ya no podía más y un día cualquiera, decidió que ya estaba bien del frío y la altura de Bogotá y que era hora de volver al lado de sus dos amadas: Barranquilla, y mi tía Olga:

-Ausencia háceme comprender cuánto te amo-escribió la víspera de su retorno.

Y se vino para -en un tiempo relámpago- desmentir a la familia de su verdadero amor, que aún no le creía, y desposarla. Ella le sobrevive.

Hace un par de días -el 8 de febrero -y vestida de cumbiambera- le festejamos a mi tía Olga los 110 años de vida…

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