Los médicos en la primera línea de combate

Es notorio el hecho que en el marco de sus  informes diarios el Ministerio de Salud  no haga referencia a los muchos casos de  fallecimientos de profesionales de la medicina y de los que se encuentran afectados por el virus; muy poco se ha hablado de las estadísticas que establecen que ya son más de 350 profesionales de la salud infectados.

Más allá de los merecidos aplausos, el personal de salud sigue requieriendo de todo el cuidado que se le pueda brindar.

No hay lugar para aplazamientos de los  reconocimientos por su ardua labor, los trabajadores de la salud siguen requiriendo todo el cuidado que el Gobierno les pueda proveer, en razón a que estamos en sus manos y son ellos los que valientemente y con riesgo que incluso permea a sus familiares, le siguen poniendo el pecho a la actual amenaza mundial.

Es perentorio que las Administradoras de Riesgos Laborales – ARL, en Colombia deben ponerle la cara a esta situación sin ninguna excusa; ya tendrán tiempo para los ajustes, en sus minuciosas cuentas y en sus balances, porque sabido es –y aquí también caben las excepciones– de sus evasivas y su endeble e inexplicable cumplimiento a la hora de cubrir siniestros.

No puede haber  negligencia en cuanto a dotación y atención en los casos de afectados ni en las prestaciones económicas, derivadas de la actual contingencia.

No sobra insistir en que se requiere un modelo basado en la muy recomendable estrategia de Atención Primaria – AP, que permita la intervención por niveles, acorde con la gravedad de las personas y que impida que la alta complejidad con los especialistas más calificados y escasos, se vean desbordados y potencialmente afectados.
Lamentamos el fallecimiento de muchos médicos y nos solidarizamos con sus familias; el mejor homenaje que se le puede hacer a estos apóstoles, es que ojalá el aporte de víctimas en este sector no sea por fragilidades en su protección y los  amparos a los que tienen derecho, de acuerdo a la normatividad vigente en Colombia.

Resulta verdaderamente vergonzoso que muchos médicos, enfermeras, terapeutas, odontólogos, entre otros, tengan que proveerse por su propia cuenta de los elementos de protección personal con la excusa de que esto es lo normal, por el hecho de no pertenecer a las plantas de personal de muchas entidades con las que trabajan.

El país ha lamentado el fallecimiento de  médicos, y demás componentes del sector de la salud, primeras víctimas que se encuentran en las filas del valeroso ejército vestido de blanco.

Ellos son profesionales dedicados a salvar vidas y no puede haber ningún egoísmo en términos de dotación personal y de atención en caso de ser afectados por Covid-19 y de las prestaciones económicas derivadas de esta contingencia.

En la normatividad legal existe lo que se conoce como Sistema General de Riesgos Profesionales – SGRP, que a través de un aseguramiento delegado en las Administradoras de Riesgos Laborales -ARL, garantiza la cobertura integral de los trabajadores en caso de enfermedad profesional y accidentes de trabajo.

Bajo la premisa incuestionable de que  para todos los trabajadores de este sector el Covid-19 es un grave riesgo profesional, no es admisible que ese tópico sea objeto de discusión, por la sencilla razón qué no existe un coronavirus que ataque en los hospitales a los trabajadores de la salud y otro que afecte a los ciudadanos en la calle o en sus hogares.

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