LA ÉTICA CÓMO HERRAMIENTA EDUCATIVA POR: MATEO DE JESUS GOMEZ CLAVIJO, PARA TEMA UNIVERSITARIO”

Es texto hace parte del “Taller de Lectura y Escritura en Procesos Curriculares” que se desarrolló en el programa de licenciatura en ciencias sociales de la Universidad del Atlántico (2020-II-2021-I) con el docente Reynaldo Mora Mora. Sin duda alguna, la visión colectiva que se tiene sobre la educación permite que se entienda su importancia, que se comprenda como la clave en el desarrollo de cualquier sociedad. Además, que, a través, de esta se le brindan las herramientas necesarias a un individuo para que se pueda desarrollar de manera asertiva en su comunidad, mientras se nutre de conocimientos que enriquecen su forma de interpretar el mundo.

Sin embargo, con el paso del tiempo la importancia de enfocar la idea o visión educativa se enfrasco, desde la pedagogía, en algo tan cuantitativo como lo es la estadística en notas o la cantidad de contenidos que se desarrollaban a la fuerza en los estudiantes, obviando y negando tantos aspectos inherentes, asimismo, característicos de un individuo tan multifacético como lo es el ser humano. Algunas de las tantas dimensiones que podemos contemplar son: la espiritual, comunicativa, socio-afectiva, entre otras. Razón por la cual, con todo el desarrollo histórico que ha tenido la educación vemos actualmente un gran contraste con su predecesor histórico de hace unos 20 años. La evolución conceptual de las ciencias en general, ha permitido que se repiense el quehacer pedagógico y la importancia de contextualizar la educación.

Es evidente que existen grandes cambios en el actuar del docente, por ejemplo: dejó a un lado la figura de autoridad absoluta, tanto de conocimiento como modelo ejemplar que imponía su autoridad para controlar a los estudiantes, a través del miedo que generaba en sus estudiantes. Por otro lado, el docente contemporáneo, es un ser que guía a sus educandos adaptando el proceso de enseñanza-aprendizaje teniendo en cuenta las necesidades psicopedagógicas de sus estudiantes, mostrándose comprensivo con el contexto en el que se encuentra inmerso. En el aspecto cualitativo, entiende que la valoración numérica es un elemento más de todos los componentes evaluativos, reconociendo las múltiples potencialidades de cada individuo, dando como resultado en conjunto un desarrollo personal e integral.

Prueba de esto es que directamente se educaba y se apostaba a los aspectos técnicos para moldear un obrero más, dispuesto solo a colocar su fuerza de trabajo expectante a una orden. Es por ello, que por medio del presente texto hacemos un llamado a entender una de las ideas esenciales para desarrollar competencias de manera asertiva en el individuo, con la finalidad de usar el sistema educación como el pretexto para fomentar estadios de pensamientos más elevados, ejemplo el pensar críticamente (Mora, R. (2010). Recreando la construcción de un currículo para la región Caribe. Ediciones Universidad Simón Bolívar, Barranquilla). La forma en que se evidencian las dinámicas sociales en la cotidianidad denotan un claro componente transversal, a nivel recreativo, político, social, personal, entre otras vertientes propias del interactuar diario de un sujeto, los cuales son los valores. La humanidad se ha moldeado a las necesidades de su contexto para perdurar a través del tiempo, desde los inicios de la misma vemos que existe de alguna u otra manera la vivencia de valores que influyen drásticamente en el rumbo de la historia.

La importancia de los valores se ve reflejado en cada momento histórico, pues las realidades sociales fueron elaborando situaciones que moldeaban un arquetipo construido a raíz del contexto histórico, político, religioso, social, entre otras interpretaciones de la realidad según la época en que se encontraban. Lo primero que podemos rescatar se encuentra en la filosofía clásica con Sócrates entre los años 470-399 a. C. cuando dijo “La felicidad reside en la perfección que el alma consigue mediante la virtud”. Es por ello, necesario que entendamos un poco sobre los contextos que forjaron a determinada comunidad de aquella Grecia clásica, que permitió que se tomara en cuenta la esencia del ser humano, de la importancia de ser reflexivo y autónomo en función de ser virtuoso. Pues Grecia tenía una cultura rica en filosofía y política, concibiendo un tipo ideal de sociedad en función de la virtud individual. Avanzando un poco más en gesta pequeña línea de tiempo encontramos a la edad Mediana, característica por ser clásico “Santos”, como Santo Tomás, que inmerso en esa visión religiosa basada en la fe a las sagradas escrituras planteó que “Los valores morales son resultados del ejercicio de la razón natural ilustrada por la fe”. En este momento histórico la fe era encargada de ser la guía espiritual hacia lo divino. Para entender la visión que se fue desarrollando en la edad moderna se puede apreciar la visión que consolida Karl Marx, pues no precisamente nace de la axiología propiamente, subyace en el constructo teórico de un modelo de sociedad basado en el respeto, igualdad y equidad para todos, siendo justos y autónomos, es decir, que acorde a lo que hicieras eras o no bueno para la sociedad.

Se evidencia una necesidad de cambio estructural, de brindarle la dignidad que se merece cada individuo teniendo en cuenta la importancia de la colectividad. Otro ejemplo de lo anterior, es Jean-Paul Sartre cuando dice que “Nada puede ser bueno para nosotros si no lo es para todos”. Destacando la importancia del bienestar común para el desarrollo del tejido social. Razón por la cual los docentes debemos replantearnos la situación social, cultural, política, histórica y dar una respuesta adecuada para transformar a los estudiantes en seres críticos, que vivencien los valores sociales, de tal manera que la apuesta educativa sea guiar a las nuevas generaciones a una autonomía con consciencia colectiva. Razón por la cual, es vital resaltar que la escuela es el primer centro de socialización por excelencia que tienen los niños en la sociedad, es por ello, que debe ser un ambiente modelo que les brinde las herramientas necesarias para que desarrollen competencias para la vida en sociedad, que sean conscientes de las implicaciones sociales al ser miembros de la misma (Mora, R. (2018). Prácticas curriculares, cultura y procesos de formación. Tercera Edición. Ediciones Universidad Simón Bolívar, Barranquilla).

Con lo anterior en mente, la escuela debe tener modelos de educación orientados a la formación del carácter, a fomentar la autonomía, la autorregulación y otros componentes que nutren la visión del currículo, tanto el explícito como el oculto. Adicionalmente, mostrar sintonía entre la comunidad escolar, demostrando que cada pieza de este engranaje tenga la capacidad de adoptar, asimismo, entender la función propia y de las otras personas los diversos sistemas que se encuentran en la sociedad.

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