Un diputado de oposición perfumado y complaciente

Por: Adlai Stevenson Samper

A Gustavo Petro se lo advirtieron. Era una pésima idea auspiciar la candidatura de su hijo Nicolás, absolutamente desconocido en los procesos políticos de Barranquilla y el Atlántico, para cualquier cargo, incluso de un sencillo edil de alguna localidad. Se le tildó su postura ambigua como una muestra palpable de nepotismo y de minina transparencia con las bases de su movimiento Colombia Humana para que este mozalbete al cual no se le conocía- no se le conoce todavía- ninguna idea social, cultural, filosófica y política se metiera de aspirante a velocidad ultra sónica a un cargo de elección popular-

Parece que Gustavo no gustaba de la idea de la candidatura de su retoño, pero algunos de sus conmilitones locales prestos a sacar resultados y componendas –en las que son históricos expertos- sí. Así que ante la ausencia de candidatos, basado en el apellido Petro, pese a él mismo con todas las precariedades que lleva a cuestas,  de su ausencia de discurso ideológico –más allá de apoyar a su papi en las tremebundas y cotidianas peloteras en donde es figura central- su carencia de empatía con sectores populares afines al proyecto político en ciernes, quedó; como era de esperarse, de segundo y por derecho propio del estatuto de oposición, entró sin mayores afujías ni desgastes a la Asamblea del departamento del Atlántico donde ahora funge como vicepresidente.

Lindo y decorativo cargo para Nicolás y una vergüenza para los que creen que es posible un cambio en las arraigadas y desastrosas costumbres políticas que con justa causa nos mantienen –y mantendrán- en el subdesarrollo crónico. Un ejercicio inocuo de delfin, de aspirante al trono que produce la vertiginosa sensación de retroceder varios siglos en materia de ejercicio de derechos políticos.

Los únicos brillos que se le conocen; tal como una estrella refulgente lejana, a Nicolás Petro son los trinos vehementes y flojos de argumentación que suele escribir, ya lo señalamos, en defensa –algo por demás loable- de su progenitor. Pero no se les conocen posiciones firmes y sustentadas respecto a importantes procesos del departamento del Atlántico y de la ciudad de Barranquilla en la cual parece estar, vivir, bajo el encanto de un hermoso hechizo, de un enamoramiento digno de telenovela mejicana y en un estado de perfecto autismo político.  Nada dice. Nada opina. Silencio en asuntos transcendentales para una sociedad que espera una postura mucho más empática, solidaria y activa de un líder de la oposición.

Pues parece exactamente todo lo contrario. Que fuese, por su pasmosa inactividad, su pertinaz silencio, líder de la bancada de la derecha posición ideológica política además que parece a la que parece haberle cogido cierto gustillo pues ha sido visto muy elegante, muy tieso, muy majo –como dicen en España- manejando un Mercedes Benz deportivo descapotable color blanco, que no se sabe exactamente si es prestado por algunos de sus nuevos amigos –que los tiene, pues el apellido Petro da cachet en estos asuntos- o es de su propiedad, deambulando nocturnal por las calles de Barranquilla como todo un “latin lover”. Un espectáculo deplorable, de etíca desleznable, casi como un personaje nuevo rico de tira cómica que descubre, de una día para otro, que “el también tiene clase y distinción”.

Semejante criterio en un líder de la oposición. De alguien del que se espera un rol critico en torno al manejo de la cosa pública y sin los tics nerviosos de los politiqueros tradicionales. Nicolás Petro es una verdadera desilusión en todos sus aspectos. Su rol de líder de la oposición a la gobernadora desapareció en acto mágico pues decidió acogerse a la tesis, ciertamente nueva, que la mejor manera de sobrellevar tan pesada carga era haciendo exactamente lo contrario: en el papel ominoso de amigable componedor que no lidera ninguna de las múltiples causas públicas sociales que aparecieron en la crisis sanitaria, los procesos económicos que generó en los sectores sociales afines del movimiento Colombia Humana y menos, pero mucho que menos, se abstiene ladinamente de opinar.

Le hace mucho daño a las pretensiones de su padre y esta columna da fe de ello. Coloca en tela de juicio todos los discursos renovadores pues lo que muestra en la realidad no es a un líder de la oposición, sino a un político tradicional en su perfecta posición. Nada loable y de rescatar de su gestión que muestra, en todas sus facetas, todas las inequidades y discriminaciones de la Colombia inhumana.

#DIARIOLALIBERTAD

D.A.

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