Alternancia: cuando priman los negocios y los maestros se vuelven fichas sacrificables

Por Alberto Ortiz Saldarriaga

Solo fichas desechables o sacrificables. Así se concibe la vida de los docentes desde el ministerio de educación, desde sus leales alfiles en las secretarías de educación y desde sectores de algunas organizaciones sindicales,  que aunque de palabras critican, de boca le hacen el juego y el favor de la legitimación al establecimiento.

Desde el gobierno el gran afán es ocultar la incapacidad para garantizar, bajo cualquier tipo de circunstancia, la cobertura universal del servicio público educativo. No invierten en educación, pero encuentran la salida fácil en enviar a los docentes como conejillos de indias o ratones de laboratorio a las aulas sin brindarles verdaderas y efectivas condiciones de bioseguridad. Los envían al matadero sabiendo que cada muerte es una oportunidad de ubicar laboralmente al recomendado de algún político.

El interés superior no es la educación y mucho menos los docentes; es más, el verdadero gran afán no son ni siquiera los niños. Si estos les importaran de verdad invertirían en su educación y no preferirían bombardearlos como lo hacen en un país donde la prioridad son los negocios y el dinero y no la protección de la vida.

Las escuelas sin abrir no son convenientes. Desnudan la enorme ineficiencia del estado y de los políticos que lo cooptaron como botín y fuente de lucro y enriquecimiento personal. No son tampoco convenientes porque frustran millonarios negocios. Se deja de mover un volumen nada despreciable de recursos de contratistas que viven de la educación y también de la corrupción que posiblemente también permea el sector.

Con las escuelas cerradas más de uno se siente con las manos amarradas para ejecutar presupuestos. También no pocos, dejan de beneficiarse con los nada despreciables ingresos que reportan los contratos por mantenimiento, los kioscos escolares (y sus exclusividades), los servicios de fotocopiado y también la venta de uniformes, para partir en este ejercicio reflexivo de los peces pequeños que se lucran y engordan sus patrimonios a partir de la educación.

Pero las presiones mayores vienen de los denominados  peces medianos y gordos; de los grandes transportistas que se afectan al no ponerse en ejecución los millonarios contratos de transporte escolar. De los que facturan pechugas de pollo muy por encima de su valor comercial real y rentan millonarias cifras que engrosan sus cuentas y capital a partir de los Programas de Alimentación Escolar.

También, imaginamos,  existen presiones desde las grandes editoriales que ven mermarse sus ventas de libros y textos escolares. De las papelerías que disminuyen su volumen de ventas y, no podía faltar, de las industrias de gaseosas y refrescos, así como de las grandes multinacionales de alimentos que, aun cuando no lo manifiesten abierta y públicamente, han sufrido una notable merma en sus ventas. pues tienen en los más de 9 millones de estudiantes del país un beneficioso nicho de compradores compulsivos y sujetos, que a partir del bombardeo publicitario o propagandístico son los principales consumidores de productos con grandes cantidades de la adictiva y perjudicial azúcar y de preservantes artificiales que producen tempranamente obesidad, diabetes, cáncer y problemas en el colon.

Sobre esto último poco o nada se pronuncian públicamente los bien remunerados pediatras,  que también propagandizan como caja de resonancia del gobierno la necesidad urgente de retorno a las aulas sin condiciones ni siquiera mínimas de bioseguridad para tal efecto.  

Palabras más, palabras menos, este es, más que el del discurso del interés superior de niños, niñas y adolescentes, el escenario de instrumentalización perverso y macabro que subyace en el afán desmesurado por implementar, a cualquier costo irresponsables procesos de alternancia. Muchos llorarán sus muertos mientras otros frotarán sus manos luego de contemplar la reactivación de sus ingresos en sus extractos bancarios.

Los primeros, como ya lo anticipamos, serán rápidamente reemplazados en sus trabajos (más no en sus hogares) por recomendados de los mismos políticos y sus amigos quienes caiga como caiga el tomatodo siempre ganan.

Ni siquiera el BID aceptó y se arriesgó a que su asamblea fuese presencial en Barranquilla. Los congresistas tampoco se han atrevido a dar el ejemplo y a sesionar presencialmente. La Procuradora que presiona también y mediáticamente el retorno de los docentes a las aulas, poco después de la muerte de Carlos Holmes Trujillo, varió su agenda por miedo a contagiarse. Sin embargo, a los educadores si se les exige que arriesguen sus vidas.   

El vivo vive del bobo. Allá los que sean felices dejándose utilizar de los avivatos profesionales que pululan en el país sin que se libre o exceptúe de su dañina injerencia a la educación.

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