[Editorial] Los más expuestos al contagio

Qué bien que se haya priorizado a los trabajadores de la salud al decidir que ellos fueran los primeros en ser vacunados, aunque más allá de este gesto gubernamental y los merecidos aplausos que ellos se merecen, el personal de salud sigue requiriendo de todo el cuidado que se le pueda brindar, teniendo en cuenta que son ellos los más expuestos al contagio.

A pesar del surgimiento de la vacuna no hay lugar para aplazamientos de los reconocimientos por su ardua labor durante el tiempo de la pandemia, por eso los trabajadores de la salud siguen requiriendo todo el cuidado que el Gobierno les pueda proveer, en razón a que estamos en sus manos y son ellos los que valientemente y con riesgo que incluso permea a su familia, le están poniendo el pecho a la aun peligrosa amenaza mundial.

Sigue siendo perentorio que las Administradoras de Riesgos Laborales- ARL en Colombia le continúen poniendo la cara a esta situación sin ninguna excusa; ya tendrán tiempo para los ajustes, en sus minuciosas cuentas y en sus balances, porque sabido es –y aquí también caben las excepciones– de sus evasivas y su endeble e inexplicable cumplimiento a la hora de cubrir siniestros.

Es que no puede haber  negligencia  en cuanto a dotación y atención en los casos de afectados ni en las prestaciones económicas, derivadas de la actual contingencia.

No está demás  insistir – como lo hemos venido reiterando aquí en LA LIBERTAD– en que se requiere un modelo basado en la muy recomendable estrategia de Atención Primaria – AP, que permita la intervención por niveles, acorde con la gravedad de las personas  y que impida que la alta complejidad con los especialistas más calificados y escasos, se vean desbordados y potencialmente afectados.

Lamentamos el fallecimiento de muchos profesionales de la medicina y nos solidarizarnos con sus familias; el mejor homenaje que se le puede brindar a estos apóstoles, es que ojalá el aporte de víctimas en este sector no sea por descuido en su protección y los  amparos a los que tienen derecho, de acuerdo a la normatividad vigente en Colombia.

Resulta verdaderamente vergonzoso que muchos médicos, enfermeras, terapeutas, odontólogos, entre otros, tengan que proveerse por su propia cuenta de los elementos de protección personal con la excusa de que esto es lo normal, por el hecho de no pertenecer algunos a las plantas de personal de las entidades en las que prestan sus servicios; en otras palabras, quienes tienen contratos por prestación de servicios –con las excepciones de rigor– quedan abandonados a su suerte.

El país ha lamentado el fallecimiento de médicos y demás componentes del sector de la salud, primeras víctimas que se encuentran en las filas del valeroso ejército vestido de blanco. Ellos son profesionales dedicados a salvar vidas y no puede haber ningún egoísmo en términos de dotación personal y de atención en caso de ser afectado por Covid-19 y de las prestaciones económicas derivadas de esta contingencia.

Bajo la premisa incuestionable de que el Covid-19 para todos los trabajadores de este sector es un grave riesgo profesional, no se admite que ese tópico sea objeto de discusión, por la sencilla razón que no existe un coronavirus que ataque en los hospitales a los trabajadores de la salud y otro que afecte a los ciudadanos en la calle o en sus hogares.

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