JUAN BUITRAGO ARIAS

Por JUAN BUITRAGO ARIAS

Es indiscutible que la nueva cúpula policial goza de toda la autoridad para lograr resultados diferenciales en la desarticulación del ELN, las disidencias, la segunda Marquetalia, el clan del golfo, los cultivos ilícitos y en reducir los indicadores de criminalidad.  Los generales asignados a las direcciones operativas y administrativas están calificados para volcar toda su experiencia y conocimiento en inteligencia, investigación criminal, operaciones urbanas y rurales, y prevención y contención del delito. Celebraremos contundentes victorias que serán alivio para la seguridad ciudadana, la seguridad del estado y la confianza social en su Policía. Ya se asoma la captura o baja de alias Otoniel, el primer gran golpe.

Como se explicó en columna anterior titulada ¨Alta tensión en la Policía¨, hay elementos perturbadores que se activan automáticamente a la llegada de una nueva cúpula y que actúan de manera soterrada detrás de sus intereses, sin resistir la posesión del Alto Mando para comenzar a enrarecer su gestión.  Por el bien del país, ojalá este fenómeno no se registre, aunque poco probable, ni afecte la nueva administración policial.

No solo bastará con que los mecanismos formales de veeduría ciudadana y rendición de cuentas funcionen con rigurosidad, independencia y eficacia; sino que las decisiones de la nueva cúpula se tomen en una urna de cristal, de cara al público y a sus policías, con transparencia, coherencia y legitimidad. Así, no habrá espacio para los referidos elementos pertubadores, que desde ya deben estar enfilando baterías para alcanzar sus propósitos, ¿cuáles?, que les vaya mal y que salgan lo más pronto y en medio de una crisis de la Dirección General.

De ahí entonces, la importancia del peso de su autoridad moral, el que debe reflejarse, ante todo, en su determinación de dejar los cargos antes que negociar los principios, sin entreguismos políticos, acompañando sus victorias con decoro y humildad, evitando y curando la grave herida causada a la policía, luego del lamentable episodio entre el director y el inspector general salientes, y que la urna de cristal se rebose en resultados urgentes contra la corrupción, erradicando prácticas que siguen haciendo carrera y que rayan con la integridad policial.

El peso de la autoridad moral en la nueva cúpula policial, será el excalibur para abolir conductas que se localizan en la cómoda frontera entre la ética y lo ilegal: zona gris que le da apariencia de legalidad a lo ilícito y que demanda precisa atención; sin roscas ni preferencias, con transparencia en el uso de los recursos, particularmente los gastos reservados, evitando el desgreño administrativo y eliminando actitudes proclives a la corrupción que nacen en frases perversas de antaño, como por ejemplo: ¨hay que darle manejo¨, ¨demuestre su capacidad de gestión¨, ¨el policía es mago¨, ¨aplique la carta a García¨, ¨el fin justifica los medios¨, ¨defiéndase como pueda¨, ¨usted verá que hace maestro¨ etc.  Ejecutando las recompensas con estricto apego a la norma, ejerciendo presión positiva, reevaluando la calificación por estadísticas, incentivando la prevención sobre la contención, alimentando espíritus de cuerpo basados en virtudes y reinventando cada día los importantes esfuerzos que se han realizado en salud, bienestar y educación.

La Dirección General entrante al presentar la nueva línea de mando informó sus prioridades de gestión, entre ellas la lucha frontal contra el crimen, la creación de un nuevo modelo de cooperación con FFMM y la puesta en marcha del programa Mi Vecindario. Sigue siendo necesario instalar la política anticorrupción en primer plano y comunicar asertivamente sus avances. Las más importantes y tradicionales policías y agencias de seguridad del mundo, han utilizado como herramienta crucial para asegurar la probidad de sus funcionarios, mecanismos de control, observancia e investigación al patrimonio y finanzas personales. Cada centavo mal habido debería detectarse, investigarse y sancionarse ejemplarmente.

Los policías de Colombia no deben permitir la más mínima influencia indebida que los lleve a actuar al estilo ¨omerta¨ códigos de silencio de la mafia, con ¨hermandades de sangre¨ que sectariamente contrarian la moral, los valores, la ética y la ley. No asignar los recursos suficientes para el funcionamiento de las unidades y el servicio de policía, conlleva obligatoriamente a actos de mendicidad, presión y hasta extorsión a ciudadanos de bien. La brecha entre las cómodas dependencias del nivel central y regional, debe acortarse rápidamente con el nivel municipal, veredal y rural; de lo contrario seguiremos alimentando indirectamente conductas reprochables que ahondan la inconformidad, dan mal ejemplo, crean malos hábitos, inducen a la corrupción y afectan la imagen policial.

Y en un mundo como el actual, expuestos al escrutinio virtual de la tecnología y las redes sociales, el policía además de educarse para estar a la vanguardia en el uso de estas herramientas en pro de la seguridad, debe concientizarse que una imagen vale más que mil palabras y que su actitud pública y privada crea prejuicios en el ciudadano, afectando positiva o negativamente el prestigio de toda una Institución. Evitemos regresar a aquellas épocas en las que se pregonaba que ¨había más director que policía¨, así lo demostraban las encuestas. ¿Será que llegó el momento de un cambio drástico en la imagen de la Policía Nacional? O de recuperar el valor histórico y gallardo del verde oliva y de la chaqueta reflectiva. ¡Amanecerá y veremos!

#DIARIOLALIBERTAD

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