Por: Pepe Sánchez

16 días antes de que le fuera otorgado el Nobel, pidió perdón por el sistemático extermino de los miembros de la UP cometido durante la presidencia de Virgilio Barco.

Otto Morales Benítez cuenta aquí la historia: A esa política le salieron muchos enemigos. Básicamente, la clase empresarial colombiana. Algunos ganaderos, terratenientes y grandes hacendados, los que eran amigos comienzan a llamar a Belisario o a llamarme a mí… Hubo una fiesta en el Jockey por esos días y recuerdo que toda la noche la pasé insultado- dijo Morales Benítez en ese entonces.

Dos hechos fueron realzados por los organismos y la prensa internacionales en los ocho años de mandato del presidente Juan Manuel Santos: su Premio Nobel de la Paz y el perdón que pidió el 15 de septiembre de 2016 por el exterminio y desaparición de los miembros de la UP.

El 7 de octubre de 2016, la BBC News entregó la noticia del Premio Nobel de La Paz al mandatario colombiano de la siguiente manera

-“El Comité Noruego del Nobel decidió otorgarle el Premio Nobel de la Paz al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, por sus decididos esfuerzos para acabar con los más de 50 años de guerra civil en el país, una guerra que ha costado la vida de al menos 220.000 colombianos y desplazado a cerca de seis millones de personas”, explicó la coordinadora de la institución, Kaci Kullman Five 

Santos fue el segundo colombiano en ser galardonado con un Nobel, porque el escritor Gabriel García Márquez lo había sido con el de Literatura el 21 de octubre de 1982. 

-Muchas, muchas gracias. Lo recibo con gran emoción. Estoy agradecido por mi país y por la gente que ha sufrido con esta guerra, especialmente las víctimas. Este es un reconocimiento para mi país y con humildad lo recibo- dijo Santos al enterarse de la designación. 

Quince días antes, el entonces presidente había pedido perdón público a los colombianos por el exterminio de los miembros de la UP, colectividad política que agrupaba a militantes de la Izquierda,  excombatientes de las FARC

-Quiero expresar que el exterminio y desaparición de la Unión Patriótica (UP)

jamás debió haber ocurrido; y reconocer que el Estado no tomó las medidas suficientes para impedir y prevenir los asesinatos, los atentados y las demás violaciones, a pesar de que esa persecución estaba en marcha- manifestó.

El 28 de mayo de 1985. gracias a diversos acuerdos surgidos entre  el grupo insurgente FARC y el presidente Belisario Betancur, nació como partido político la UP, cuyo nacimiento, calvario y muerte son un estigma que arrastra el gobierno colombiano, una verdadera vergüenza a nivel internacional y que una gran mayoría de dirigentes políticos, empresariales y militares, desearían que el mundo olvidara de una vez por todas.

Los denominados Acuerdos de la Uribe o de Cese al Fuego, Paz y Tregua, se materializaron el 24 de marzo de 1984 y en ellos, tanto el Estado como los levantiscos, se comprometieron a un cese bilateral del fuego, y a tratar de encontrar una salida política al espantoso conflicto bélico que enlutaba al país en ese entonces desde hacía tres décadas. 

Se denominó Acuerdo de La Uribe pues fue firmado en el municipio de ese nombre, en el llamado Campamento Casa Verde, fortín del grupo armado, el cual ordenó de forma inmediata un cese al fuego, en el mismo instante en que lo hizo el presidente Betancur. 

Pero había un trasfondo letal, oscuro, que muy pronto acabaría con el proceso. El exministro Otto Morales Benítez, quien había sido comisionado por el presidente Betancur, renunció a tal cargo y le advirtió de manera pública al primer mandatario, el 30 de mayo de 1983 , que aquel proceso fracasaría.

-Le pasé una carta al presidente diciéndole que no podía seguir porque en Colombia existen enemigos agazapados de la paz-  indicó en ese momento, añadiendo que la clase empresarial colombiana, no respaldaba el posible acuerdo y de manera constante intrigaban ante el mandatario.

-Pues a esa política le salieron muchos enemigos. Básicamente, la clase empresarial colombiana. Algunos ganaderos, terratenientes y grandes hacendados, los que eran amigos comienzan a llamar a Belisario o a llamarme a mí… Hubo una fiesta en el Jockey por esos días y recuerdo que toda la noche la pasé insultado- dijo Morales Benítez en ese entonces.

El exterminio se llevó a cabo durante el mandato de Virgilio Barco Vargas y así lo señaló la Radio Nacional que acusó a la prensa nacional por su silencio sobre el tema.

-Desde 1985 las desapariciones forzadas, torturas, asesinatos y exilios fueron registrados por la prensa que a su vez  justificó muchos de los crímenes- señaló la Radio Nacional en una nota elaborada el 2 de octubre de 2016 .

Una opinión similar había sido esbozada en El Espectador el 4 de agosto de 2008, por el columnista Ricardo Arias Trujillo:  -Desde un comienzo, la gran prensa, la Iglesia, los gremios, los partidos tradicionales, el Ejército, se apresuraron a condenar a la UP por sus inocultables vínculos con las Farc -señaló en El Espectador, Ricardo Arias Trujillo el 4 Ago. 2008 – 8:58 PM- agregando que -esos mismos sectores se mostraron mucho menos escandalizados frente a la política de aniquilamiento desatada por la extrema derecha contra la UP.   

El País.com.co reseñó que hubo alrededor de 3000 muertes, si bien otros medios indican que fueron 5000. Prensa Latina, por su parte, entregaba el siguiente resumen:

Dos candidatos presidenciales, los abogados Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa, 5 congresistas en ejercicio (Leonardo Posada, Pedro Jiménez, Octavio Vargas, Pedro Valencia, Manuel Cepeda), 11 diputados, 109 concejales, varios exconcejales, 8 alcaldes en ejercicio, 8 exalcaldes y alrededor de 3000 de sus militantes y simpatizantes (otras fuentes aseguran que fueron unos 5000) fueron sometidos a exterminio físico y sistemático por grupos paramilitares, miembros de las fuerzas de seguridad del Estado (Ejército, Policía secreta, inteligencia y Policía regular) y narcotraficantes; algunos sobrevivientes al exterminio abandonaron el país. Desapariciones forzadas, exterminio sistemático, crímenes de Estado, todo eso está en la más absoluta impunidad. 

Es una vergüenza que arrastrará el país por los siglos de los siglos, por más que  el presidente Juan Manuel Santos haya pedido perdón por el suceso… 

Tomado de www.pepecomenta.com

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