La rápida captura inicial de tres individuos, vinculados a las investigaciones conducentes al esclarecimiento del atentado terrorista perpetrado el pasado martes 12 de enero en el centro de Barranquilla, mediante la activación de una granada de fragmentación, acto criminal en el que resultaron heridas 14 personas que casualmente circulaban por ese lugar, nos pone de manifiesto la importancia de la colaboración de las propias víctimas de quienes a través del mecanismo de extorsión tienen azotados a los grandes y pequeños comerciantes de la zona céntrica de nuestra ciudad.

Las investigaciones llegaron hasta la Cárcel de Alta Seguridad de Valledupar, donde de acuerdo a las informaciones emitidas por la Policía Metropolitana de Barranquilla, se pudo establecer que  a los presuntos cabecillas de la banda delincuencial ‘Los Costeños’ les encontraron en su poder 3 celulares, que utilizaban para ordenar desde ese centro de reclusión, a los demás integrantes de la banda que opera en Barranquilla, de la cual al parecer también hacen parte algunos individuos de nacionalidad venezolana.

Luego de conocerse este episodio, la ciudadanía no deja de preguntarse, como se explica que delincuentes de tan alta peligrosidad que son los que se recluyen en establecimientos carcelarios de la categoría de la cárcel ‘La Tramacúa’ de Valledupar, tengan tanta facilidad para burlarse del Inpec, en sus propias barbas, cometiendo hechos tan repudiables como el ocurrido en Barranquilla.

Consideramos conveniente a todas luces que la misma Fiscalía 11 Especializada de Barranquilla  encargada de las investigaciones del acto terrorista al que hoy hacemos referencia, no deje pasar por alto este que se constituye en un pésimo precedente en lo que respecta a las acciones que se tendrán que aplicar para evitar  que el interior de las cárceles se conviertan en un centro de operaciones de los delincuentes de alta peligrosidad.

El  hecho de haberse registrado en el Distrito de Barranquilla y los municipios adyacentes tantas muertes violentas, nos está indicando que la acción delictiva ha venido ganando un importante terreno, con graves efectos para la tranquilidad y convivencia de las gentes de bien.

Si de manera reiterada se viene observando que los índices criminales van en aumento, resulta entonces más que necesario replantear las políticas y estrategias de seguridad en nuestra ciudad, para poner freno con mayor efectividad y contundencia a los promotores de tales acciones.

No de otra manera se puede garantizar a la ciudadanía barranquillera que habrá más seguridad, si no se aplican con rigurosidad otras drásticas medidas.  

La proliferación de armas de fuego –y ahora de granadas– siempre se ha constituido en una gran inquietud, porque no se sabe de dónde procede su alto número y la forma fácil en que estas se comercializan en las calles de la ciudad, como cualquier artículo de primera necesidad.

Las autoridades policivas no deben perder de vista que en varios municipios del Área Metropolitana, han comenzado a incrementarse los crímenes y ello requiere también ser objeto de un detenido análisis, así como de definiciones dentro del esquema de seguridad que debe trazarse urgentemente. 

Antes que terminemos como una de las ciudades más violentas del país, se debe actuar en concordancia con una estrategia que promueva un frente común contra la delincuencia.

Indudablemente nos encontramos ante una escalada de la violencia que debe ser cortada de raíz y es por eso, que la presencia de la fuerza pública tiene que ser reforzada al máximo. 

La construcción de nuevas estaciones de policía donde no las hay y el mejoramiento de las ya existentes, debe ser prioritario en estos momentos.

#DIARIOLALIBERTAD

Comenta aquí: