En esta difícil situación en que aún nos encontramos los colombianos, el no acatar las recomendaciones de las autoridades sobre el autocuidado y aislamiento social se paga con creces.

Esa es la contundente realidad que continúan mostrando las cifras de fallecidos y afectados en Colombia y que en nuestra ciudad y departamento no cesan.

No se trata de un concepto pesimista de nuestra parte, lo que ocurre es que no se puede negar que la alerta está encendida, una circunstancia que ha obligado a las autoridades tanto de Barranquilla, con el alcalde Jaime Pumarejo a la cabeza, como a la gobernadora Elsa Noguera y los mandatarios de los municipios del Atlántico más afectados por el virus,  a endurecer las medidas de  confinamiento y demás campañas tendientes a disminuir el ímpetu de la pandemia.

Los datos que se conocen todos los días suministrados por el Ministerio de Salud  son preocupantes.

Hay que tener en cuenta  que uno de los indicadores que las autoridades observan diariamente de manera meticulosa para determinar si se endurecen o no las medidas de emergencia, son las tasas de incidencia por número de habitantes, lo que en estos momentos hace necesario los procedimientos que se están poniendo en práctica en nuestra ciudad y algunos municipios de esta sección del país.

No cabe duda que la disciplina social se constituye en una importante  clave en la lucha contra el coronavirus y que hasta el momento es lo que se tiene a la mano y será lo que posiblemente permitirá que el país pueda lograr que se consiga un equilibrio entre salud y vida productiva, para lo cual es menester la participación de cada uno de los ciudadanos.

El éxito del mensaje que invita a la autoprotección para protegerse del coronavirus, lamentablemente desemboca en una parálisis de sectores productivos enteros y en la exacerbación de las inequidades sociales que venían existiendo desde  muchos años antes de la aparición del coronavirus.

Para el Gobierno y las grandes empresas es el momento de encontrar nuevos mensajes, así de poderosos y sencillos como la práctica del autocuidado.

Indiscutiblemente todo esto  implica un desafío para las  administraciones tanto departamental como distrital y municipales  en materia de vigilancia, control y el liderazgo para tomar decisiones que no sean catalogadas  como impopulares, pero simultáneamente  traslada a los ciudadanos y a las empresas una  mayor dosis de cuidado individual y de responsabilidad social.

En meses pasados se permitió la reapertura de pequeños negocios, como peluquerías, centros comerciales y servicios médicos, lo cual se puede  interpretar como una aceptación gubernamental en el marco de la necesidad de ingresos para frenar las liquidaciones de pequeñas empresas y minimizar los despidos.

Sin embargo, esta decisión debe ser correspondida por estas empresas, sus empleados, sus clientes y sus usuarios con el cumplimiento estricto de los protocolos sanitarios, con los consabidos límites en el número de usuarios en el interior del negocio.

Si bien la vigilancia sanitaria y la preparación del sistema de salud continúan con una alta responsabilidad del Gobierno Nacional, el desconfinamiento tendrá un ritmo marcado por la disciplina colectiva, el cuidado individual y la responsabilidad empresarial.

Lo que seguramente se logrará en la medida que utilicemos el tapaboca y que nos lavemos las manos cada 30 minutos, que haya distanciamiento físico y que nos convenzamos que aún no podemos retomar vida social normal.

La mejor noticia es el anunciado inicio de las jornadas de vacunación para lo cual ya existen los lineamientos a seguir a partir de la primera quincena de febrero.

#DIARIOLALIBERTAD

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