Resulta de suma importancia que la gobernadora Elsa Noguera haya reconocido la valía de la actividad del turismo en nuestro departamento y comience a trabajar  para que los atractivos  de esta sección del país –que no son pocos– sean reconocidos y se esté consolidando con la firma ayer de un pacto funcional por el turismo del Atlántico, como una alianza que potencializará al corredor costero del departamento,  eje estratégico para la conectividad, el turismo y la productividad sostenible.

Las perspectivas de la actividad turística en el Atlántico son inmejorables, siempre y cuando –obviamente– el Gobierno y sector privado hagan los esfuerzos necesarios para que: primero, las condiciones para los turistas sean cada día mejores y, segundo, los requerimientos de calidad en el servicio, precio, oportunidad y oferta sean satisfechos por las empresas dedicadas a la industria sin chimenea.

El tema del turismo en nuestro departamento obliga a definiciones  impostergables, el Atlántico es paradójicamente, uno de los destinos preferidos de los viajeros y a la vez uno de los más olvidados y abandonados.

Sin duda que gran parte de la culpa debe adjudicarse a los propios atlanticenses con sus anteriores autoridades a la cabeza, porque nunca le asignaron al tema la importancia que merece y cuando se hacían los nombramientos y se destinaban exiguos recursos a la promoción y al establecimiento de un sistema de información y atención al turista, las designaciones recaían en personas poco comprometidas con la tarea encomendada, convirtiéndose en funcionarios que, desperdiciaban los pocos recursos que deberían tener óptima utilización.

La falta de una definición política acertada siempre se convirtió en una gran pérdida de oportunidades, patentizada en el desaprovechamiento de recursos que languidecían sin plena utilización y en subestimar el impacto económico y laboral que tendría el inmenso potencial turístico del Atlántico.

En anteriores ocasiones habíamos hecho referencia a la importancia de buscar los medios, mecanismos y herramientas necesarias que permitieran convertir al sector turístico en una de las alternativas económicas para el Atlántico.

Los distintos estamentos sociales, económicos y políticos –es la verdad–  participaban en infinidad de talleres, seminarios, encuentros y hasta rueda de negocios que giraban en torno al caso del turismo en el departamento y siempre al final de los mismos se llegaba a igual conclusión: “Se necesita impulsar la industria sin chimenea, aprovechando las inmensas riquezas naturales que poseemos”. En medio de dichas conclusiones se incluían efervescentes propósitos y ofrecimientos de momento que nunca se  cumplieron  y que para ejemplo de la realidad muestran a ese potencial renglón económico en el absoluto abandono, hasta que llegó Elsa Noguera.

Es que el sector turístico, al menos en lo que respecta a la parte gubernamental en el Atlántico, ha estado abandonado por décadas y los mínimos proyectos que se  iniciaron fueron efímeros, rápidamente olvidados.

Nunca se han hecho inversiones de importancia y sobre todo responsables, donde no se desperdicien los pocos recursos que se destinan a esta actividad, considerada como una importante fuente de empleos en otras zonas de nuestra Región Caribe.

Se hacía necesario que el sector oficial trabaje mancomunadamente con el privado, para convertir el turismo en la mejor alternativa de desarrollo económico y social del departamento del Atlántico y sus municipios costeros.

El potencial de Barranquilla y  el Atlántico es inmenso, no obstante es una riqueza inerte, que no produce más allá de suspiros y admiraciones.

El convertir el turismo en una alternativa de desarrollo es el principal reto que debemos ponernos los barranquilleros y atlanticenses con Elsa Noguera a la cabeza.

#DIARIOLALIBERTAD

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