Mi primera navidad sin ti

*Gracias  por  los  años de  felicidad  que  me regalaste,  te  lo  agradeceré  el  resto  de  mi  vida…

Por: Walter Pimienta

Aquella mañana, justo después de haber desayunado, fuimos al cuarto de tus cachivaches a despertar las figuras de tu  Belén. Estaban dormidas en el sitio de siempre. En la caja de  cartón donde, después de cada diciembre, viven desde hace  más de veinte años.

Sacaste el papel imitación de pasto  verde y lo dispusiste en  el  interior de  la  chimenea que  años atrás habíamos hecho con icopor y con  tablas de “triplex”. Buscaste piedras, para darle sinuosidades de terreno. Las ocultaste debajo del falso prado; después alcanzaste las palmeras plásticas que,  colocadas alrededor de un pedazo de espejo, hacen de oasis  en todos los pesebres. De la cola del patio te traje musgo del  que, en Pijao, pegado a los barrancos, se da. En perfectas  condiciones, con su estructura de palma de esterilla, montado sobre palitos bien cortados, estaba el cobertizo donde  nacería otra vez el Niño Dios, techado estrato 1 que, contra  el  frío, igual otorgaría amparo a María y a José, a una mula,  a un burro y a un buey…Y luego tu esparcida “multitud” de  pastores  y pastoras con sus hijos; tus diez gallinas, tres  gallos, cinco patos, doce palomas, ovejas y cabras incontables… y las casitas y palacetes de tu Jerusalén de cartón… y, por  allá,  semi  oculto,  un zorro y un gato que no  sé qué hacían  allí y que  nunca  te  faltaban y  que miraban con ojos de hambre a  las emplumadas picoteadoras…Y en el  fondo de la chimenea de ficticios ladrillos rojos, con cinta  pegante invisible, el tendido papel azul del cielo con  imitaciones de doradas estrellas…Y en  inocente  viaje hacia  el mismo lugar, los lejanos tres Reyes Magos en sus  cansados camellos….Y bien arriba, muy  arriba de todas las estrellas, la estrella de Belén con su conexión eléctrica alumbrando  más que la real…Y  el ángel del anuncio, que   todo lo contempla, preparando nuestros  corazones como una  manifestación de amor divino en el misterio de la  Nochebuena… Y,  debajo, tendidas sin propósito de orden, las luces amarillas, rojas, verdes y blancas, titilantes,  palpitantes  y  temblorosas.

¿Te acuerdas Rubi?…Y en el  furor de la  coherencia,  al  lado del arbolito de navidad, el equipo de sonido para los  villancicos,  la novena  grabada y  la  música característica de diciembre sin  que  faltara allí  tu voz  diciendo:

-Los Reyes Magos están muy  cerca. Hay  que  alejarlos  más. Ellos  llegan es  en enero. Cada  semana  los acercaré un  poquito ”.

…Y  ante  la presencia  de los  niñas y niños,  vecinos del  barrio,  a  su  pregunta de:  ¿Dónde está el  Niño Dios, señora  Rubi?… Salías a  ocultar su  representación  de yeso  porque   éste  no podía  venir  antes de  tiempo y, conturbada, para  no deshacerles la inocencia y no romperles la alegría y el  encanto, afloraban en ti los sentimientos de hacerles  preguntas  como estas: ¿Y a ti, qué te va  traer? ¿Qué le  pediste?  Y  tu consejo de te los traerá si te  portas bien…Más  sin embargo, en demanda de una  respuesta, les decías  que el Niño Dios estaba en el  cielo hasta  que en la medianoche en punto del veinticuatro, vendría en cumplimiento de la promesa.

A algunas  ovejas  que  sobre la “la alfombra  verde del papel” no se sostenían en pie,  tocó pegarle las paticas  con silicona derretida a la luz  de una  vela porque la  pistola dispuesta  para esto, estaba dañada… Otras arriesgaban la vida encaramadas en los riscos de la  imaginación…en  tanto para  el gallo clarinero de  color jabado no  encontraste  mejor  sitio que colocarlo en la punta del  rancho del Niño Dios desde  donde, cada  mañana, cantaría  184  veces despertando a la  Sagrada Familia y a todo Belén…Tenías las ovejas contadas porque se  me olvidaba decir  que allí  había también un lobo oculto.

Aquel  fue el  último pesebre que armamos como  jugando  de  nuevo a ser niños. Nueve  meses después,  te marchaste. El  cáncer intransigente y  callado no conoce de piedad…

Reparamos algunas luces. Pasaron la prueba encendiéndolas por  la noche…y  en ese instante, viendo  el  humilde  pueblito  de  Dios iluminado me  acordé del  mío y nos  tomamos un  vino e hicimos sonar el  villancico que tanto te  gustaba… “/En la capilla hay repiques/De campanas navideñas/Y en el pesebre una virgen/Desvelada sufre y sueña/Contempla al niño dormido/Mira su frente serena/Y una sonrisa ilumina/Su carita de azucena/Din, dan, don/Las campanitas sonando están/Din, dan, don/Las campanitas sonando están/Cada mañana en la torre/De la iglesia campesina/Las campanas se despiertan/A pesar de la neblina/Llegando la nochebuena/Lanzan alegres al viento/Una plegaria amorosa/Anunciando al rey del cielo/Din, dan, don/”…

No  parece ser cierto;  es el misterio de la vida y de la  muerte  cuando  veo  que otras y  otros viven  y tú  Rubi,  no  estás…o  si  estás en alguna parte,  no  puedo  verte y  entonces  te  siento  en el  desespero  de  mi  corazón y  te  imagino haciéndole  un  camino  de  arena a  los camellos de  los Reyes Magos de  tu  nacimiento y  así  estos no  equivoquen la  ruta que  les  señala  la  gran estrella…

Esperábamos  la llegada  de un nuevo  año como el camino  abierto a tus  Reyes  Magos para  que andando por este los dos. Como se camina por el camino de la vida, confiando en Dios se nos diera el milagro de tu salud…Y a las 12 de la  medianoche del 24, llenos de esperanzas asistíamos a la Virgen en  su  parto aguardando  en  el  dogma…

Tu  Belén de  casas y  figuras, un mes después, volvió a  su caja de  cartón y, en silencio,  ahora  sin  ti, escucho que  me  dices: “Levántate y ve  a  donde tu corazón te lleve”…

#DIARIOLALIBERTAD

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