Editorial | Solución a tragedia de Salamina no es con pañitos tibios

Los problemas de erosión del río Magdalena y el millonario gasto en dragados continuarán, porque los ‘pañitos tibios’ aplicados por el Gobierno Nacional no bastan para frenar su alarmante deterioro que año tras año ha venido sufriendo la principal cuenca hidrográfica de Colombia, como lo es el también llamado Río de la Patria.

Ahora una tragedia de incalculables proporciones es la que se ve venir, como consecuencia de la inminente creciente del río Magdalena que amenaza con abrir un inmenso boquete en su ribera oriental, especialmente en el tramo comprendido entre los municipios de Salamina y El Piñón.

Esta que puede catalogarse como catástrofe anunciada desde muchos años atrás, no ha contado con la correspondiente atención por parte de las entidades que en nuestros país fueron creadas para atender calamidades como la que hoy viven los habitentes de Salamina y El Piñón, comenzando por Cormagdalena que se ha constituido en un organismo inoperante cuyos dirigentes de turno en ningún momento han dado muestras de sus intenciones de poner en práctica las funciones para lo cual fue creada, entre las que precisamente se encuentra la de evitar tragedias como la que en estos momentos se cierne sobre un gran conglomerado del vecino departamento del Magdalena.

No es la primera vez que nos referimos a este latente peligro de un desbordamiento del río Magdalena, especialmente en la zona antes señalada, porque entre otras cosas no es la única en la que permanentemente los habitantes de los municipios situados en lo que se conoce como el bajo Magdalena, el que comprende los departamentos del Atlántico, Magdalena, Bolívar y Cesar.

No se puede olvidar que a través de la historia la mayoría de los pueblos ribereños han padecido los rigores de las crecientes del río Magdalena y que son muchos los proyectos que se han estudiado para paliar esa sempiterna calamidad, pero se quedan en eso, en proyectos que nunca se ejecutan, tales como el relacionado con una vía alterna al Río a través de una ley que hace más de 40 años ordenó una apropiación de miles de millones de pesos del presupuesto nacional, iniciativa que se convertiría al mismo tiempo en un muro de contención, que iniciándose en el corregimiento de Palermo –del otro lado del río– comprensión municipal de Sitionuevo y culminando en Tamalameque, Cesar, conectándose con la carretera conocida como la Ruta del Sol hacia Bogotá.

También se habló hace muchos años de la construcción de un canal aductor que iniciándose en el trayecto que hoy es motivo de preocupación entre los habitantes de Salamina y El Piñón, se conectara con la Ciénaga Grande de Santa Marta como una solución al problema de desbordamiento, pero como vemos todos estos proyectos de gran envergadura quedaron solo en el papel, claro habría que averiguar qué se hicieron los recursos destinados para tales fines por la Nación, pero que como siempre las soluciones duermen el sueño de los justos.

Ahora la urgencia es inminente en el vecino departamento, y lo grave del asunto es que no hemos sabido nada de la posición asumida por Cormagdalena en el caso que hoy nos ocupa, mientras tanto los expertos siguen insistiendo que una solución a la vista podría ser la construcción de un muro de contención en la zona más afectada    

No hay que olvidar la tragedia ocurrida el 30 de noviembre de 2010 y después de 10 años aún se observan las secuelas de los estragos de esa inundación que terminó afectando los municipios de Campo de la Cruz, Candelaria, Manatí y Santa Lucía.

Señores de Cormagdalena, hagan algo para evitar una nueva tragedia, ya está bueno de los ‘pañitos tibios’.

#DIARIOLALIBERTAD

¿Te gustó esta nota? ¡Síguenos en Redes Sociales!    

Comenta aquí: