92 años de la masacre de las Bananeras, desde 1928 una historia inconclusa

En una fecha como hoy, cuando se conmemoran los 92 años de la Matanza de las Bananeras, el gobernador Carlos Caicedo recuerda el doloroso acontecimiento perpetrado por el Estado en defensa de los intereses de la multinacional United Fruit Company, desconociendo los derechos de cientos de obreros que exigían mejores condiciones de vida y trabajo.

Asimismo, el Gobernador Caicedo escribió en su cuenta de Twitter que se trató de una tragedia histórica perpetrada en Ciénaga, invisibilizada incluso hoy por élites antinacionales y violentas a fin de negar nuestra historia.

A continuación, una breve reseña a cargo de Jorge Enrique Elías Caro, donde cuenta algunos detalles de la historia que marcó una terrible época en el Magdalena

Una de las variables primordiales que no se puede desconocer y por la cual Colombia siempre ha aparecido en las noticias internacionales es justamente por los sucesivos actos violentos que se llevan a cabo en su territorio y en los que la población de forma constante se ve afectada. Entre estos tenemos el terrorismo, los secuestros, las extorsiones y por supuesto, el que argumenta este trabajo, las masacres y los asesinatos políticos de líderes obreros y sindicales.
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En la historia política y social de Colombia existen muchos hechos que marcan de manera profunda la conciencia de sus habitantes, primordialmente por lo doloroso que resultaron esos acontecimientos; pero ninguno tan valorado a la luz de la literatura y la historia como el sucedido en la madrugada del 6 de diciembre de 1928 en Ciénaga, Magdalena, dónde se masacraron a varios huelguistas trabajadores del negocio bananero.

Suceso que ha sido llevado a numerosas páginas de premiadas novelas y que ha permitido a su vez, desarrollar trabajos socioeconómicos y políticos, elaborados por reconocidos historiadores nacionales y extranjeros. Tanto es así que hoy en día sigue siendo uno de los episodios más importante de la memoria colectiva, pues a pesar de haber ya transcurrido más de ochenta años de acaecerse los hechos, aún sigue produciendo sentimientos encontrados entre investigadores, historiadores y novelistas; asimismo porque sigue originando interpretaciones adversas, como dicen el profesor de literatura Joaquín Robles y el historiador Mauricio Archila, “puesto que aún no hay claridad ni consenso sobre lo que verdaderamente ocurrió en esos acontecimientos de esa noche en esa recóndita población dela Región Caribe Colombia”.

La Zona Bananera del Caribe colombiano se hallaba situada en la primera mitad de siglo XX en lo que hoy es el actual departamento del Magdalena, y se extendía entre la Sierra Nevada de Santa Marta y la Ciénaga Grande de Santa Marta por una llanura de 40.000 hectáreas. Se encuentra a nivel del mar y su temperatura supera los 30 grados centígrados en promedio.

Durante la primera mitad del siglo XX su producción competía con la de países enteros de la cuenca del Caribe, ocupando una importante cuota del mercado mundial, iniciándose su decadencia en la década de los 60 del siglo pasado. Las exportaciones de bananos comenzaron por iniciativa de la United Fruit Company (UFC), la cual invirtió en preparar infraestructuras para convertir ciertos núcleos urbanos en un enclave exportador. Las favorables condiciones de producción y exportación sólo se vieron interrumpidas por dos coyunturas: la de la Gran Depresión y la de La Segunda Guerra Mundial.

Los hechos en cuestión parten desde el día 12 de Noviembre de 1928 cuando estalla una gran huelga en toda la región bananera del Magdalena. Una huelga que contó con la participación de más de 25 000 trabajadores de las plantaciones bananeras, los cuales se negaban a cortar la fruta hasta tanto sus condiciones laborales y prestacionales no fueran mejoradas. Esta huelga obrera básicamente tuvo como finalidad presionar a la multinacional estadounidense United Fruit Company para que legalizara las condiciones contractuales de los obreros que por jornal laboraban en sus plantaciones.

Se estimaba que había 150 000 obreros dedicados al negocio bananero a cargo de la UFC en toda la Gran Cuenca del Caribe, de lo que se infiere que el 16,7% del total de los trabajadores de la compañía multinacional correspondía a empleados colombianos y por ende, los huelguistas. La producción de la UFC en la región bananera del Magdalena para el año del conflicto ascendía a 10,3 millones de racimos exportados, lo que dio como resultado que Colombia se ubicara como el tercer productor de banano en el mundo. Además, hizo que este producto estadísticamente fuera el 7% del total de las exportaciones del país y una de las mayores fuentes de empleo en el Caribe colombiano, sino que lo hizo de manera simultanea en Jamaica, Cuba, República Dominicana, Costa Rica, Panamá, Honduras y Guatemala.

Según Catherine Legrand, la UFC en la década de 1920 tenía 1.383.485 hectáreas de terreno cultivadas de banano, había construido 2.434 kilómetros de líneas ferroviarias y poseía noventa barcos de vapor conocidos como la Gran Flota Blanca, que transportaban el banano de estos países referenciados hacia Europa y Norteamérica.

El poderío de la United Fruit Company era tan grande que ya para 1928 había construido 5.636 kilómetros de cables telegráficos y telefónicos y 24 estaciones de radio.

Lo que se pretende con este escrito es detallar cómo ocurrieron los hechos y analizar el porqué de las cosas, especificando además quiénes intervinieron y qué repercusiones tuvo el suceso para la región y el país. En este conflicto, los trabajadores de las plantaciones bananeras no fueron los únicos afectados y vinculados a la huelga, sino también obreros que estaban empleados en el puerto al servicio de la Gran Flota Blanca y del ferrocarril propiedad de la Santa Marta Railway Company; igualmente pequeños agricultores, comerciantes y tenderos.

Días previos a la Masacre

El problema en cuestión radicaba en que la compañía multinacional no quería contratar de manera directa a los trabajadores de las plantaciones. Lo que siempre hacía para evitar el pago de contraprestaciones laborales era subcontratar a través de terceros, ya que al momento de ser contratado un trabajador, en una de las cláusulas del convenio laboral se estipulaba “todos los detalles del trabajo serán a cargo del contratista, y ni el contratista ni sus empleados serán trabajadores de la United Fruit Company”. De todas estas artimañas contractuales se valía la multinacional, incluso para evadir sus responsabilidades ante la legislación colombiana, porque alegaban que los obreros de las plantaciones no eran trabajadores suyos sino de un contratista, y era el contratista quien tenía la obligación y no ellos como empresa. El objetivo primordial de la huelga era que la UFC reconociera como suyos a los obreros, pues desde 1915 el Gobierno colombiano ya había emitido leyes que regulaban las condiciones de los trabajadores y que Ocho días antes de presentarse los sucesos de la matanza de los huelguistas, los periódicos regionales sobre el conflicto en sí reseñaban un halagador panorama, como lo mencionó La Prensa de Barranquilla, donde se aludía que la Huelga se estaba arreglando satisfactoriamente, producto de una conferencia telegráfica realizada desde Bogotá por el jefe de la Oficina del Trabajo, Dr. Hoyos Becerra, en el que se anunciaba que los ministros de Industrias y de Gobierno, apoyados por miembros de dichos gabinetes, se encontraban en la región bananera del Magdalena para tratar asuntos relacionados con la solución de la huelga. Según los reportes periodísticos, mencionaban que la situación se encontraba en condiciones amigables, ya que los
funcionarios superiores del Gobierno y los trabajadores delegados de la huelga habían sabido mantenerse dentro de las leyes, con moderación y civismo ejemplar.
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A raíz de la huelga, y en aras de mermar la presión ejercida hacia la compañía, producto de la agitación obrera, la United Fruit el día jueves 29 de Noviembre de 1928 paga la primera quincena de los salarios que adeudaba a los trabajadores, por valor $30.000, suma que según la multinacional podía servir para resistir la huelga otros días, máxime que la situación del comercio era angustiosa; las ventas disminuyeron tres cuartas partes y los bancos confrontaban una sensible baja en los cobros.

La huelga en la región bananera del Magdalena comenzó en la segunda semana de noviembre; y aunque para el último día del mes y ya transcurridos tres semanas de huelga, la información que llegaba a los medios de comunicación por parte del Gobierno sobre la relación de un probable término del movimiento resultaban manifiestamente contradictorias. Lo único cierto era que el estado de cesación del trabajo aún persistía. La huelga de por sí tuvo dos comisiones de trabajadores; la primera de ellas era la encargada de llevar a cabo las actividades de logística y apoyo que los manifestantes requerían, pues su principal función era la de llevar comida, abrigo y bebidas a los huelguitas, los cuales- como segunda comisión- tenían la tarea de hacer la actividades de vigilancia. Estos últimos tenían como finalidad asegurarse de que en las fincas de los productores que no apoyaban la huelga, no se cortara, transportara o comercializara la fruta.

Esta situación ocasionaba cada vez más grandes perjuicios, pues en la dinámica económica y social, los trabajadores en huelga no eran los únicos perjudicados, sino también los empresarios y el comercio grande y pequeño.

Eran casi 30.000 pesos oro que diariamente se sustraían de la economía del departamento del Magdalena a causa de huelga, lo que quiere decir que, en promedio, en menos de un mes que duró el conflicto fue de 1.000.000 pesos oro la suma que dejó de recibir y en la que el tejido empresarial del Magdalena mermó sus ingresos.

Otro agravante lo constituía el hecho que el transcurrir de la vida en los pueblos del Magdalena giraba alrededor de la economía bananera. Aquí lo único importante era trabajar en las plantaciones. Esta coyuntura se convirtió en una generalidad o constante, hasta el punto que lo social se descuidó, es el caso de la educación, la cual era casi que inexistente, ya que había pocos colegios en el radio total de la Zona Bananera y sólo se construyeron después de 1930.

Los cultivadores de banano para la década de 1920 poseían 35.000 hectáreas sembradas de la fruta, contribuyendo con el 57% de las exportaciones del Caribe colombiano. Los pequeños cultivadores que tomaron parte de la huelga fueron en primera medida por el monopolio que ejerció la compañía en la comercialización del banano en los mercados internacionales, esencialmente porque no les permitía vender la fruta a ellos de manera directa sin tener que acudir a su intermediación; y en segunda medida, porque dependían de la UFC para realizar operaciones de crédito, riego y mercadeo de su producto a nivel mundial, lo que le permitía a la multinacional manipular los precios del banano e imponerle a los productores condiciones para comprar y vender sus productos. Para el caso de los créditos, si uno de ellos lo quería hacer, debía firmar un contrato de producción exclusiva para la UFC por un término no inferior a cinco años, cuyas cláusulas eran diseñadas unilateralmente por la multinacional, todo con el fin de asegurar la exclusión de compañías competidoras locales y garantizar su posición como única comercializadora internacional, manipular la demanda global de la fruta y asegurar su posición frente a los cambios políticos, sociales y, por consiguiente, económicos que apareciesen en el entorno internacional.

En todos los pueblos de la región bananera vivían comerciantes que comercializaban ron, alimentos, herramientas para el trabajo y ropa. Su prosperidad dependía de los que le vendían a los trabajadores de las bananeras. Pero como la compañía tenía sus propios comisariatos, y se convirtió en competencia directa de éstos, originó que los comerciantes locales tomaran partido en contra de la multinacional y participaran de la huelga, primordialmente porque los almacenes de la empresa transnacional vendían hasta un 20% más barato que los tenderos locales. La compañía como estrategia de venta conservaba los precios bajos para mantener a ese mismo nivel los salarios en periodos de inflación general. Por eso los comerciantes, se sublevaron. Además, la compañía ya no pagaba los salarios en moneda sino en forma de vales, para que sacaran todo lo
requerían de sus comisariatos.

Los comerciantes más afectados eran los de Ciénaga, que acompañados por las grandes casas comerciales de Barranquilla- quienes eran los que importaban las mercancías-, fueron los que más coadyuvaron a agitar las masas, pues eran los más afectados con estas medidas impuestas por la United. A eso se le debe sumar que para comienzos del año de 1928 el comercio de Barranquilla se exasperó porque los barcos de la Gran Flota Blanca llegaban al puerto de esa ciudad a vender mercancías que traían de Europa, Estados Unidos y las Islas del Caribe. Todo ello originó que los comerciantes quisieran manejar el comercio en general y hacer que los vales se eliminaran, de ahí que presionaron a lo trabajadores para que incluyeran ese punto en el pliego de peticiones. En compensación ellos apoyarían totalmente la huelga.
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Este conflicto como todo conflicto se hubiese resuelto si los trabajadores en primera instancia hubieran aceptado los puntos que los empresarios en sus pliegos de peticiones ya habían admitido. Los demás los hubieran ido ganando a través del tiempo por medios judiciales y actos de Gobierno, entre estos estaban los que versan sobre la interpretación y aplicación de las leyes de protección obrera, como eran los accidentes de trabajo, los seguros colectivos obligatorios, etc.

Asimismo, si los funcionarios del Estado se hubiesen comprometido en hacer unos estudios serios sobre la verdadera situación de la cuestión y sobre esos resultados, se debía proceder con la emisión de una resolución ministerial, en donde se hubiese puesto en vigor los puntos de reforma propuestos por los trabajadores y aceptados ya por los empresarios.

de las plantaciones donde los alojaban, eran unos ranchos de aspecto miserable, insalubres, con poca capacidad de alojamiento, lo que hacía se presentara hacinamientos y estuvieran atestados de insectos. Según el relato de un habitante de la zona, estos más que campamentos eran unos “cambuches”, en donde dormían hasta siete personas en un solo cuarto de tres por tres metros, en el cual para poder dormir debían colgar sus hamacas unas por encima de otras, además de no poseer ventilación, agua potable, duchas o retretes.

El pliego de peticiones estaba compuesto por nueve demandas, el cual fue aprobado unánimemente en una reunión llevada a cabo en la localidad de Ciénaga-Magdalena el día 6 de octubre de 1928 y realizada por la Asamblea General de la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena.

En éste solicitaban a los grandes productores y a la United Fruit Company:

1) seguro colectivo obligatorio; 2) reparación por accidentes de trabajo; 3) habitaciones higiénicas y descanso dominical remunerado; 4) aumento en 50% de los jornales de los empleados que ganaban menos de 100 mensuales; 5) supresión de comisariatos; 6) cesación de préstamos por medio de vales; 7) pago semanal; 8) abolición del sistema de contratistas; y 9) mejor servicio hospitalario.

La sede en Ciénaga del Comité Ejecutivo de la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena durante todo el tiempo que estuvo vigente la Huelga fue en la residencia del migrante curazaleño Christian Vengal, quien a su vez era el presidente del Sindicato de la Federación de Trabajadores del Ferrocarril. Por mucha influencia que pudiese tener este sindicato de ideas liberales o revolucionarias, éste pliego de peticiones, por lo que se estaba solicitando, de ninguna manera se constituye en sí en un requerimiento revolucionario; a pesar que la compañía negara que legalmente fueran los obreros sus trabajadores, no podía negar que de ellos era que obtenía toda su riqueza. Lo único que pedían eran reconocimiento y se cumpliera lo pactado en las leyes colombianas. En virtud que las partes no llegaban a un acuerdo, una semana antes de la masacre el Gobierno hizo llegar más tropa para la región bananera. En la primera página, el periódico de Barranquilla La Prensa anunciaba el acontecimiento, de la siguiente manera:

MÁS TROPA PARA LA REGIÓN BANANERA.

Tenemos conocimiento de que el retiro del comisionado que el ministerio de industrias envío a la región bananera a darse cuenta del conflicto surgido allí entre los obreros y los empresarios ha empezado a hacer grave la situación que allí se venía contemplando. Con este motivo el ministerio de Guerra ordenó la concentración de más tropas en Ciénaga; y por eso anoche se despachó de aquí un numeroso contingente con esos fines, en barco especial.
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Lo anterior ocasionó que la Sociedad de Agricultores del Magdalena sesionara el 30 de noviembre en horas de la noche en la ciudad de Santa Marta para buscarle una salida a ésta extenuante situación, resolviendo nombrar una comisión al interior de su seno para que en compañía del Jefe de la Oficina de Trabajo y de los delegados de los obreros en huelga, se reunieran con el Gerente de la United Fruit, con el propósito de ver allí la manera de poner fin al estado de cosas en que se encontraba la economía bananera; coyuntura que, entre otras cosas, independientemente sin importar cuáles fueran los resultados de la negociación, estaba perjudicando notablemente los intereses de la región, la compañía y los mismos trabajadores.

Hecho lamentable, pues el Gerente de la multinacional se negó a atender la comisión, justificándose que en la misma se encontraban delegados de los trabajadores en huelga y estos estaban realizando sus actividades fuera de la la ley.

En vista de esto, los representantes de los obreros se retiraron de la ciudad y se fueron para Ciénaga, con el propósito de excitar a sus compañeros a emigrar de la región, pidiendo además el último recurso que concede la Ley: el arbitramento.

Los delegados escogidos por los trabajadores fueron Erasmo Coronel, Nicanor Serrano y Pedro M. del Río. El gerente de la United Fruit Company era Thomas Bradshaw.

Dicha comisión no solamente estaba conformada por los representantes de los trabajadores, sino también por los delegados de los comerciantes, de los pequeños cultivadores locales de la fruta y por algunos políticos de corte liberal, mutualista, anarcosindicalistas y social revolucionarios, en su mayoría pertenecientes al Partido Socialista Revolucionario (PSR) fundado en febrero de 1927 en Bogotá.

Entre estos tenemos a Ignacio Torres Giraldo, Raúl Eduardo Mahecha, María Cano y Alberto Castrillón. La huelga además contó con el apoyo de líderes sindicales nacionales y departamentales adscritos a la Federación de Trabajadores del Magdalena, la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena y al Sindicato General de Obreros de la Sociedad Unión (conocida popularmente como la Unión Amarilla, la cual integraba trabajadores del ferrocarril, del puerto y de la construcción de Santa Marta).

Fuera de lo anterior, un piquete del Ejército con una estación móvil a la altura de la Hacienda Papare hicieron estacionar de manera abrupta el tren local, que de costumbre salía todos los sábados en horas de la tarde desde Ciénaga para Santa Marta, obligándolo a devolverse a esta población y así hacer una requisa minuciosa y embarcar a sólo aquellas personas que no tenían nada que ver con las protestas o eran huelguistas. Después de estas ligerezas y las consecuentes demoras de viaje, sólo lograron salir en el tren para Santa Marta los pasajeros que no eran obreros.

Ante tal situación y demás noticias alarmantes de violaciones a los derechos humanos- de locomoción e igualdad-, un grueso número de trabajadores, por temor a ser atropellados o maltrechos por parte de la autoridades militares, abandonaron la región bananera para marcharse a sus casas en los departamentos vecinos de Bolívar o Atlántico; mientras que a los oriundos de la región les tocó conformarse con esperar para ver que sucedía con ellos, porque no tenían para dónde irse.

Ante esto, vale aclarar que por esta estrategia de bloqueo fueron también paralizados todos los sistemas de comunicaciones, es el caso de los correos, teléfonos, telégrafos y los periódicos locales y nacionales, los cuales no lograron circular, así que la gente se mantuvo incomunicada por varios días. La vía que utilizaron las autoridades para enterarse de todos estos sucesos fue a través del telegrafista de Aracataca, quién le informaba al operador del municipio de Calamar (Bolívar) cómo estaban aconteciendo los hechos; éste a su vez le anunciaba a la gobernación de los departamentos del Atlántico y Bolívar, y de ahí, estos de forma inmediata le comunicaban al Gobierno Central en Bogotá y al mismo Gobernador del Magdalena, básicamente porque entre Aracataca y Santa Marta no había comunicación para esos días debido al bloqueo de las líneas telegráficas, telefónicas y ferrocarrileras. La primera máquina ocupada por los huelguistas fue la del tren local, que salía bien temprano en la mañana, a las 06:15 horas, de la Estación de Ciénaga para las plantaciones bananeras. La multitud en número superior a mil personas, una vez el maquinista encendió el tren, se exasperó, impidiendo que saliera, apagándola inmediatamente y apoderándose de ella. Lo mismo se hizo con el tren que una hora más tarde debería salir para Santa Marta y de forma consecutiva fueron haciendo lo mismo con los trenes que iban llegando de Santa Marta, tanto el ordinario como el de carga.

Para el lunes 3 de diciembre los periódicos locales y regionales anunciaban terribles noticias sobre el estado del conflicto de las bananeras: “La situación de la Huelga de las bananeras es hoy más grave que nunca”

Lo anterior fue producto de la exacerbación popular debido a un decreto de la Gobernación del departamento del Magdalena donde solicitaba nuevos contingentes de tropa militar para acallar a los manifestantes. Éste decreto expedido por el Ejecutivo consistía en prohibir cualquier tipo de reuniones, so pena de incurrir en actos que atentaban contra la legitimidad y estabilidad del Estado departamental y las decisiones de gobierno y servicio público de sus mandatarios.

Tal medida produjo un profundo furor en los habitantes de la Zona Bananera, y más porque a raíz de esta norma, el sábado 1 de diciembre en horas de la noche, los soldados, en asocio con la policía local, detuvieron en Ciénaga a siete individuos por encontrase reunidos. La justificación de estas capturas, según miembros de la Policía, fue porque se les había encontrado documentos comprometedores de una campaña esencialmente comunista.

Entre los presos sindicados de comunista se encontraban los señores de apellido Montenegro y Solano, quienes eran considerados como destacados trabajadores. De igual forma, el domingo 2 de diciembre en horas de la mañana, también fue detenido por el mismísimo general Cortés el conocido líder obrero Álvaro Girón por habérsele sorprendido arrancando de las paredes el decreto que horas antes había expedido el Dr. Núñez Roca, gobernador del departamento.
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Era tal la magnitud del conflicto, que los diplomáticos norteamericanos, preveían una represalia por parte de los manifestantes hacia los trabajadores de nacionalidad estadounidense que laboraban directamente con la compañía multinacional y residían en las estaciones ferrocarrileras de la Zona Bananera y en el barrio el Prado de Santa Marta; hasta el punto que el Gobierno de los Estados Unidos envió un barco para el puerto de Santa Marta, única y exclusivamente con la intensión de refugiar a los trabajadores norteamericanos en caso de emergencia. Hecho que fue confirmado por el mismo Embajador de los Estados Unidos, quien en una declaración que hiciera en Bogotá sobre el tema, manifestó que en Santa Marta sí había un buque a la espera de los acontecimientos, pero que no era un crucero de guerra, sino un barco mercante. No obstante, se pudo comprobar que en los muelles de los puertos de Santa Marta y Ciénaga si habían atracados barcos de guerra, es el caso del cañonero denominado Colombia que atracó en Ciénaga- incluso días antes de la masacre- con todo su poderío armamentista para controlar aún más las protestas y el cese de las actividades utilizando la fuerza, el domingo 2 de diciembre en horas de la tarde llegó a Ciénaga otro contingente militar compuesto por 300 hombres del regimiento Nariño, compuesto exclusivamente por personal oriundo de la región de Antioquia, pedido como refuerzo por el Comandante de la Zona, quien consideró que éstos procedían del interior del país porque los soldados costeños no le prestaban ni le ofrecían ningún tipo de seguridad, pues muchos de ellos eran parientes de los huelguistas o casi todos eran
antiguos trabajadores de las bananeras.

De igual forma, el domingo 2 de diciembre en horas de la noche, pero en el corregimiento de Orihueca, se presentó un mitin, en protesta por la disposición de la Gobernación, por estimarse lesivo contra el obrerismo. La situación según La Prensa estuvo a punto de degenerarse en las vías de hecho. Sin embargo, los huelguistas consiguieron moderarse, pues procuraban a todo trance no dar lugar para que se cometieran actos de arbitrariedad contra ellos.

Ante tales acosos, el éxodo de trabajadores continuaba para todas partes. El comercio se encontraba en penosas condiciones, pues se vio hondamente afectado. Verbigracia de ello, muchas casas comerciales cerraron sus puertas, algunas dejaron de pagar sus obligaciones, hasta tanto no se restableciera la normalidad en la Zona, justificándose primordialmente en las condiciones de seguridad y las bajas ventas que no le permitían cubrir los deberes contraídos.

Caso similar ocurrió con los comisariatos de la United Fruit, que cerraron por falta absoluta de negocios, lo que hizo que los días antes, durante y después del conflicto en Ciénaga y en toda la Zona Bananera imperara una completa carestía de productos.
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Otra situación penosa fue que las fuerzas militares ocuparon completamente el tren, dejando a muchas personas sin posibilidad de movilización y locomoción. Medio de transporte de carga y pasajeros que fue ocupado salvajemente por parte de las tropas oficiales para movilizar un contingente hacia Orihueca, donde yacía- según el Ejército- una alarma latente, y en la que los huelguistas estaban cometiendo toda clase de atropellos; circunstancia que al final resultó infundada; regresando los soldados y el tren en horas de la madrugada a Ciénaga.
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La ocupación de los trenes por parte del Ejército hizo que las locomotoras anduvieran sin rumbo fijo. Fueron tres máquinas las ocupadas por los militares, las cuales recorrían las líneas en todo momento hacia el sur, donde se encontraban las plantaciones y el mayor número de huelguistas.

. Este hecho dejó incomunicada a toda una comunidad, inclusive a personas que no tenían nada que ver con el conflicto laboral, arbitrariedades que cada vez más hacía exaltar a la población.

En un reportaje hecho por un corresponsal del periódico El Estado de Santa Marta a Lázaro Díaz Granados, secretario de gobierno del Magdalena, éste dentro de sus apartes de la entrevista dice:

¿Es verdad que ha llegado un contingente de 300 soldados antioqueños?

Sí: los del regimiento “Nariño”, pedidos por el General Cortés Vargas, son casi en su mayoría antioqueños. El comandante los ha pedido porque teme que en el momento de un conflicto, los soldados del Magdalena que tienen sus hermanos y sus parientes entre muchos trabajadores de la huelga y que fueron anteriormente trabajadores del guineo, puedan, por motivos muy explicables, vacilar en caso de tener que asumir una actitud decisiva…

¿Es verdad que el general Cortés Vargas ha sido puesto á ordenes de la Gobernación?

  • El general Cortés Vargas siempre tuvo órdenes de acuerdo con la Gobernación.
  • Si el procedió al principio por cuenta propia seguramente fue por haber creído que la rapidez de la acción no permitía otra cosa. Ahora para proceder, siempre pide órdenes a la Gobernación; legalmente no puede ser de otro modo.

  • ¿Opina Usted que se prolongará la huelga por mucho tiempo?
  • No podría decírselo. Por lo que parece, la huelga terminará cuando ceda alguna de las partes. Los términos de la conciliación amistosa no parece que hayan tenido éxito ninguno.
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    Ante tales circunstancias, según declaraciones realizadas por el general Cortés Vargas, se esperaba que de un momento a otro se decretara el Estado de Sitio en el Departamento del Magdalena, lo que hizo que la situación se agudizara cada vez más, pues los huelguistas se organizaron y se establecieron en Ciénaga, y en las demás localidades de la Zona Bananera, donde se formaron cuerpos colectivos. Las capturas masivas continuaban, siendo una de ellas la efectuada el día lunes 3 de diciembre a los productores de guineo: Carlos Montalvo, Nicolás Racines, Ignacio Garrido y Rafael Elías, hijo de Francisco Elías. Estas capturas se produjeron porque estos productores habían dado la orden a sus trabajadores de dañar todas las frutas que fueran cortadas.
  • Dentro de esas rupturas de racimos de banano cometidas por los obreros, se encuentran las realizadas a los cortes de guineos hechos en las fincas María Luisa de Alberto Dávila; Bretaña de Atilio Correa; y las de Dionisio Pérez y María Teresa Pérez.
  • La United Fruit trató de embarcar 13 000 racimos de banano que había cortados en estas fincas; pero a raíz de la paralización del tren por parte del ejército y los posteriores actos de protesta de algunos manifestantes que se acostaron en la vía férrea con el objeto de obstaculizar el paso o la marcha del tren, en protesta a las atrocidades que venían cometiendo las autoridades, originaron que la fruta cortada no pudiera trasladarse de las plantaciones al puerto de Santa Marta, madurándose mientras se esperaba el desenlace del conflicto.

  • Para expandir las noticias en la opinión pública y en la masa poblacional de obreros, y poder moverse en este estado de alerta, la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena con un flujo constante mandaba a estafetas a repartir volantes por la ciudad y al periódico liberal Vanguardia Obrera. A Dichos estafetas, en el argot de la huelga, los denominaron el “Correo Rojo”.

En las declaraciones efectuadas por el general Cortés Vargas, se anunciaba que de un momento a otro se esperaba fuera oficializado el Estado de Sitio para el departamento del Magdalena y que en verdad él no confiaba en los elementos del Magdalena que hacían parte de la tropa, primordialmente por sus vinculaciones con los huelguistas. Dijo además que tampoco quería internar al regimiento Nariño en la Zona por falta de seguridad, ya que muchos de los huelguistas se habían armado; tales declaraciones provocaron que para el 5 diciembre, después que el Dr. Núñez Roca, gobernador del departamento, firmara el Estado de Sitio, se escondiera en las edificaciones del palacio departamental, escoltado por un nutrido grupo de hombres de la Policía y el Ejército, por temor a un posible derrocamiento por parte de los huelguistas, a quienes, en una actitud cobarde, nunca dio la cara.

Un mecanismo de presión ejercido por los huelguistas para que los comerciantes de la región apoyaran sus iniciativas obreras y de movimientos sociales en pro de la igualdad, condiciones dignas de vivienda, salud y educación y de la no explotación laboral fue el hecho de adiestrar a las personas en sentido de unión y fraternidad para que no compraran en los
establecimientos del mercado público y en otras casas comerciales si la transacción no estaba autorizada por el Sindicato Obrero. Con esto se daba a entender que el comerciante no podía vender al comprador si éste no presentaba su “permiso”. Para el cumplimiento de ésta política impuesta por el sindicato, se contaba con la vigilancia de 5.000 huelguistas que apoyaban la causa. Situación que origina de manera colateral que la United Fruit le preguntara en unas misivas al Gobierno Central de Bogotá si el Estado colombiano estaba en capacidad de proteger sus intereses y a partir de cuándo lo iba a hacer. La respuesta del Estado, basada en cómo se venían ejecutando los hechos, resultó obvia. Para minimizar las exacerbaciones de los huelguistas por la participación parcializada del Estado en este asunto en beneficio de la multinacional bananera, el Gobierno Nacional desde Bogotá emitió un comunicado en el que comunicaba que el Consejo de Ministros se encontraba reunido en pleno deliberando sobre la grave situación laboral y económica en la que se encontraba el departamento del Magdalena, y que una vez se analizaran los hechos, emitirían unas directrices al respecto.

Ante tales hechos, algunos manifestantes- aproximadamente unos 500- cerca a la población de Sevilla optaron por la decisión de tomarse la finca bananera de propiedad de los señores Ismael Noguera Conde y Eduardo Noguera, padre e hijo respectivamente, porque supuestamente habían dado la orden a los trabajadores de cortar más racimos de la fruta con el fin de entregarlos a la multinacional para su exportación en los mercados internacionales. La orden de la United Fruit Company consistía en que todas las fincas asociadas a su sistema general de producción y que estuvieran primordialmente ubicadas entre los Distritos del San Juan del Córdoba hasta El Retén, debían cortar fruta para exportar, pues desde hacía ya varios días se encontraba atracado en el muelle de Santa Marta un vapor de la Flota Blanca a la espera de poder embarcar bananos. Situación que generó una refriega entre los manifestantes, los propietarios de la finca y los miembros del ejército que se encontraban acantonados allí.

Es bueno anotar que una vez presentada la situación, el general Carlos Cortés Vargas salió inmediatamente al lugar de los hechos en un tren expreso acompañado de una escolta militar de 200 hombres, con el único objetivo de pacificar a los huelguistas y de paso éstos entregaran a los empresarios bananeros y soldados que tenían retenidos, los cuales estaban al mando de un teniente de apellido Botero.
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Otro caso presentado con similares características a la relacionada anteriormente fue el impedimento total de las labores de corte y cosecha que hizo un grupo de protestantes en la finca del señor Francisco Luís Olarte, a quien los huelguistas amarraron junto a sus más fieles trabajadores de confianza; fuera de liberar a todos los animales en servicio, amén de los choques suscitados entre huelguistas, empleados de la plantación y los miembros de la fuerza pública.

Así las cosas, el Consejo de Ministros reunidos en pleno, pero encabezados por los ministerios de Gobierno y de Guerra, propusieron en la sesión del 5 de diciembre se decretara la alteración general del orden público en la Zona Bananera del Magdalena, situación que fue aprobada por el Gabinete Central. De esta forma, dicha decisión pasó a consideración del Consejo de Estado, cuerpo judicial que de manera inmediata y en sesión extraordinaria aprobó tal medida, conceptuando que era del caso declarar turbado el orden público en la región bananera del Magdalena por las consideraciones expuestas por el Gabinete en pleno y los hechos que la antecedían, originando ante tales circunstancias que el Ejecutivo decretara el Estado de Sitio.

El Consejo de Ministros otorga facultades especiales al ministro Arrazola para que hiciera las gestiones posibles, en aras de arreglar de una vez por todas la problemática que se venía presentando entre los huelguistas y la compañía bananera. En esa misma directriz se nombra como Jefe Civil y Militar al general Carlos Cortés Vargas.

Al culminar dicha reunión, el general Ignacio Rengifo, ministro de Guerra, declaró ante los medios de comunicación que el Gobierno tenía conocimiento que por las condiciones en que se encontraba el orden público en la región bananera del Magdalena era imposible llegar a algún acuerdo con los huelguistas, quienes impedían a los demás trabajadores volver a sus labores, llegando al extremo de encerrarlos en una especie de prisiones. Comentó además que daría a conocer la extensa documentación sobre la manera cómo habían procedido los huelguistas, y que por eso, confirmaba plenamente que ya se había expedido el decreto que establecía el Estado de Sitio para la Zona Bananera, después de oído el concepto favorable del Consejo de Estado.

Uno de los hechos más significativos que tuvo como justificación el Consejo de Estado para emitir favorablemente el concepto de alteración del orden público, premisa por la cual se decretó el Estado de Sitio en la Zona Bananera del Magdalena, fueron las pérdidas económicas a las que se estaba viendo abocado el sistema socioeconómico y político de la Nación, pues se estimaba que a la fecha del concepto la economía bananera ya había perdido más de un millón de dólares. Además de eso, porque los obreros supuestamente se hallaban dueños y señores de la situación en la zona; habían interrumpido los teléfonos y cortados las líneas telegráficas; se habían apoderado de varias poblaciones y trataban de tomarse a Santa Marta.

La comunidad internacional se entera de estos hechos a partir de ésta decisión, pues el Gobierno Central envía una misiva a la United Press, quien a su vez hace un reporte que sale a la luz pública de la siguiente manera:

El Gobierno ha decretado en Estado de Sitio a la Provincia de Santa Marta, donde los trabajadores de la United Fruit Company sostienen desde hace días una huelga. Ha sido nombrado Jefe Civil y Militar el General Carlos Cortés Vargas”.
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Por su parte, los periódicos nacionales, en especial los de la capital colombiana expresaban:

No ha habido en el país una huelga más numerosa y más larga que ésta la de los trabajadores del Magdalena. Treinta y dos mil obreros se han mantenido por más de treinta días en absoluta inactividad en toda la región bananera y no hay indicios de que la situación tienda a modificarse favorablemente.

La matanza de los trabajadores obreros

Las cosas sucedieron porque una vez concentrados los trabajadores obreros en los distintos puntos de congregación en los cuales se reunían como acto de manifestación y protesta pacífica, siendo las once de la noche del día miércoles 5 de diciembre llegó la noticia que el Dr. Núñez Roca, gobernador del departamento de Magdalena, acaba de emitir un decreto, por medio del cual ordenaba la dispersión de los grupos de huelguistas. El decreto hacía varias consideraciones, entre ellas la de que la huelga había generado una asonada. Norma que para los huelguistas fue de muy mal gusto, pues el Gobernador expidió dicho decreto sin consultarles a ninguna comisión que los representara, sólo lo hizo desde la óptica de la multinacional, de las autoridades militares que defendían los intereses de ésta compañía norteamericana y de la “bananocracia” criolla; lógicamente, los obreros irrumpieron en manifestaciones de protestas.

El ejército allí acantonado fue comisionado para hacer cumplir las disposiciones del Gobernador del departamento, y con ese motivo se ordenó a los huelguistas se disiparan. Muchos de ellos estaban acostados en los playones, otros en los alrededores de la estación del tren y otros dormían al aire libre. Una vez los soldados llegaron a la plaza leyeron el texto completo del decreto y dieron quince minutos para que la muchedumbre obrera acantonada en la plaza- que estaba conformada por más de 1.500 personas- se dispersaran. Como éstos no quisieron obedecer las órdenes dadas por los jefes militares, y por el contrario los huelguistas cada vez más agitaban las banderas del tricolor nacional y pancartas alusivas al movimiento obrero y en contra de la explotación laboral, al grito de “viva Colombia”, lo siguiente que hicieron los soldados fue tocar a ritmo de tambores una corneta por tres veces, previo aviso de que harían tocar el instrumento de viento en un lapso de un minuto entre toque y toque; si al cabo de una tercera no se había disipado el grupo, se procedería a disparar en contra de las personas que se encontraran en mitin.

En efecto, al sonar la tercera corneta, los manifestantes se mantuvieron en pie de lucha en sus protestas y por ende no se dispersaron; instantes después sólo se escuchó la voz de un militar que decía “fuego” y con ello, segundos después, se sintió el rugir de las ametralladoras y las descargas de la fusilería disparadas en contra de los obreros que se encontraban en huelga los heridos, los familiares de las víctimas originaron unas imágenes desconsoladoras. En fin, una vergüenza total para los anales del Ejército colombiano. Estos hechos se registraron en la madrugada del jueves 6 de diciembre de 1928.

Ya todo estaba consumado. Las primeras crónicas que salieron sobre los resultados de muertes antes de tener un reporte oficial más amplio, mencionaban 8 muertos y 20 heridos.

Una semana después en esas mismas fuentes se hablaba ya de 100 muertos y 238 heridos.

Mientras tanto, las fuentes oficiales de manera reservada y en comunicaciones diplomáticas, comunicaban que eran más de 1.000 los muertos.

Cifra que, según sobrevivientes y narraciones de la época la Matanza de las Bananeras sobrepasó los mil masacrados, hasta el punto que los vagones del tren iban llenos de cadáveres, a los cuales enterraban en fosas recónditas aún desconocidas.

Eso sin contar el número de personas que pavoridas huyeron del lugar a distintos lugares del país, sin importar perder sus pertenencias, todo por temor a ser masacrados por las autoridades.

El post conflicto y la desinformación por parte de las fuerzas del Estado colombiano y la United Fruit Company

Los medios de comunicación tanto nacionales como internacionales le dieron una significativa importancia a estos sucesos. En primeras páginas los periódicos anunciaban de forma resaltada que en la madrugada del día 6 de diciembre de 1928, en la localidad de Ciénaga y toda la región bananera del Magdalena se había presentado un combate en el que tropas del Ejército se enfrentaron a muerte contra unos revolucionarios del orden estatal, y que como resultado de ese enfrentamiento se habían dado de baja a 8 bandoleros y 20 huelguistas fueron heridos. El general Ignacio Rengifo, ministro de Guerra, en la descripción que hiciera de los obreros dijo que “en el Magdalena no hay Huelga sino Revolución”

Por este caso en especial, el periódico La Prensa de Barraquilla, en su impresión para la edición del 8 de diciembre de 1928, como acto simbólico y conmemorativo de las personas caídas en esta huelga, tintó sus páginas de color rojo, en alusión a este hecho sangriento que enlutó a todo un país.

En referencia al comunicado oficial que hizo la United Press, el general Ignacio Rengifo, ministro de Guerra, sobre estos acontecimientos informaba que del ataque que hicieron los huelguistas contra las tropas del Ejército resultaron 8 muertos y 20 heridos, y que para controlar los brotes revolucionarios en contra del orden estatal por parte de los huelguistas atacantes, él como ministro de Guerra había ordenado de forma inmediata la movilización de más tropa, la cuales debía llegar de los batallones que tenían sede en las ciudades Bucaramanga, Girardot, Medellín y otras plazas del interior del país. Enfatizó además que todos los ministros estaban de acuerdo en que la situación obrera del Magdalena era en extremo delicada y que se necesitaban emplear medios enérgicos para solucionar el problema. Indicó que, fuera del encuentro acaecido en la plaza de Ciénaga, las tropas del ejército también habían tenido otros enfrentamientos en toda la región de la Zona Bananera, siendo uno de ellos el encuentro militar presentado en el corregimiento de Sevilla (Magdalena), donde también en la noche del 6 de diciembre resultó una persona muerta y numerosos heridos aún por determinar.

Era tal la manipulación de la información que hasta el periódico The Times de New York informaba de manera extensa y tendenciosa que los disturbios obreros de la región bananera de Colombia eran provocados y encabezados por agitadores mexicanos que dos décadas antes habían liderado los procesos de la Revolución de ese país. Asimismo, detallaba que los aspectos de la huelga bananera eran derivados por la caducidad de la concesión Barco.
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Por su parte, el comunicado de prensa que expidió la United Fruit Company a las agencias de New York y a los corresponsales del mundo fue que, en opinión de la Compañía multinacional: la situación difícil que venía reinando desde hacía días en la región bananera colombiana, en donde la empresa tiene valiosísimos intereses, ha mejorado mucho desde las últimas 24 horas y que los despachos ya recibidos desde allí dan esperanza de que pronto termine el conflicto surgido entre los patrones y los obreros que culminó en una extensa huelga con caracteres revolucionarios.
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Los jefes de la United Fruit comunicaban además que el barco de la Flota Blanca que salió del puerto de Santa Marta en la mañana del 7 de diciembre cargado de banano hacia los mercados internacionales fue el mismo que se encontraba atracado desde hacía días en esa ciudad en espera del desarrollo de los acontecimientos, por si la situación llegaba al extremo de que fuera necesario ofrecer refugio en el barco a los ciudadanos estadounidenses, empleados de la United y otros cuya seguridad se viera amenazada.

Mientras que los periódicos norteamericanos masificaban una información poco seria y honrada, a costa de preservar los intereses acomodados de la multinacional y del Gobierno norteamericano, los periódicos nacionales sobre la problemática suscitada la analizaban con mayor objetividad. Es el caso de El Tiempo de Bogotá, el cual, en una extensa nota, hace
razonados comentarios. Decía, por ejemplo, que muchos de los reclamos que exigían los huelguistas eran unos puntos de condiciones laborales muy justos. Sin embargo, desde su editorial enfatizaban que no comulgaban con muchas cosas de la huelga, pues consideraban que los trabajadores estaban mal dirigidos y aconsejados, lo que originó que las autoridades
impusieran su conducta. Aprovechaban además dicha editorial para invitar a la cordura, no a la desesperación. Sobre todo a las autoridades, a las que les recordaban que la fuerza no es la razón suprema, ni es el único sistema para dominar un conflicto, pues la violencia no es un recurso aceptable para imponer determinadas reivindicaciones.

En protesta a la masacre de sus compañeros, los huelguistas comenzaron a incendiar y destruir varias oficinas de la United Fruit y el ferrocarril. Durante las protestas los manifestantes, para poder huir de las represiones de la fuerza pública y poder alimentarse, se llevaron de los comisariatos de la United distintas mercancías imprescindibles para sus propósitos, entre ellos víveres y abarrotes. Algunos otros edificios de comisariatos fueron incendiados con todo el mobiliario, enseres para la venta y demás elementos adentro, quedando sólo ruinas para recuerdo de estos hechos (ver figura 3). En alusión a estos hechos el editorial de El Tiempo decía:

No se trata de arreglar de cualquier modo una situación difícil, sino de evitar para un futuro inmediato el retorno de más graves sucesos. Para ello, se necesita un gran colombiano sabio, prudente, estadista, y que no olvide las circunstancias que rodean el conflicto. Que no olvide como la United Fruit Company maneja la vida política y civil del Magdalena; que no crea indispensable enviar batallones para cazar como a bestias y no sea duro e implacable con ellos y melifluo y dócil con los agentes de la frutera.
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Después del éxodo suscitado por los trabajadores huelguistas que lograron salvarse de esta masacre y que se marcharon hacia distintas partes del Caribe colombiano, una vez llegaban a otros destinos comenzó a conocerse otras versiones de los hechos acaecidos en Ciénaga y demás poblaciones de la región bananera, y por cierto muy distintas a los que se emitían en los comunicados oficiales; verbigracia de ello, las primeras personas que lograron llegar a Barranquilla informaron que no fueron 8 los muertos y 20 los heridos de los encuentros los encuentros que sostuvieron los huelguistas y las tropas del ejército, sino que en estos sucesos fueron 15 las personas masacradas y 37 los heridos; además, aclaraban que la matanza fue en plena plaza o estación del ferrocarril del municipio de Ciénaga en la madrugada del 6 de diciembre- mientras los trabajadores obreros de forma pacífica se concentraban allí-, y no en los campamentos de las fincas bananeras, como las autoridades querían hacer creer. Fuera de eso, los migrantes tenían conocimiento de otros tantos más masacrados y que aún no se conocía a ciencia cierta cuantas personas eran las que habían matado, pues estos hechos ocurrieron en las veredas y plantaciones bananeras donde el acceso a ellas era completamente restringido.

Ya para el día lunes 10 de diciembre, después de un fin de semana agitado, en primeras páginas los titulares anunciaban en grande y en rojo resaltado “Los revolucionarios huyen en desbandada hacia la Sierra Nevada”; “Las tropas del Gobierno batieron en toda la línea a los Huelguistas”; “El ministro de Guerra informa que hubo más muertos en los últimos
encuentros”.

Los medios de comunicación en general informaban en sus apartes que sobre el movimiento revolucionario del departamento Magdalena todo tiende a demostrar que la fuerza militar había procedido con energía, mas no había incurrido en excesos, pues los jefes militares habían ordenado hacer lo único que debía hacerse, y que de ahí no habían pasado. Producto de lo
anterior, ya se había restablecido el servicio de trenes entre Ciénaga y Santa Marta y el servicio vapores entre Ciénaga y Barranquilla, indicando que entre sábado y domingo salieron atiborradas de gente y carga las embarcaciones Iris y otro de la empresa fluvial de don Cristóbal Striedinguer. Asimismo, informaban que a raíz del orden que ya reinaba en Ciénaga producto de la acción militar, el comercio en su mayoría el día domingo abrió sus puertas, y que el éxodo de personas había mermado, ya que había suministros. Los almacenes y tiendas de víveres y abarrotes se vieron concurridísimas debido a que el nulo movimiento comercial durante los días de huelga provocó una carencia de alimentos y demás productos de la canasta familiar.

En un comunicado enviado por el general Cortés Vargas como jefe civil y militar de la Zona Bananera del Magdalena informa al Ministro de Guerra que él como máxima autoridad de la región había dictado un decreto por medio del cual se consideraba como “cuadrilla de malhechores” a los revolucionarios del Magdalena. El decreto estaba conformado por tres
artículos, y entre los apartes que justificaban su expedición se especifica que, vistos los diversos atropellos cometidos por los huelguistas (incendio de varios edificios nacionales y extranjeros, saqueo de almacenes, daño a las comunicaciones telegráficas y telefónicas, destrucción de las líneas ferroviarias, ataque a ciudadanos pacíficos), sumado a la expresión de un pavoroso estado de ánimo y su manifiesta afinidad por las doctrinas comunistas y anarquistas- a la cual apoyaban de palabra, en arengas, conferencias, discursos, publicaciones en el Diario del Córdoba y en hojas volantes-, los dirigentes habían concluido, en primer lugar, declarar que los participantes de la huelga, en un principio catalogada por las autoridades como una protesta pacífica de trabajadores, eran una “cuadrilla de malhechores”; revoltosos, incendiarios y asesinos que pululaban en la Zona Bananera, pues era deber de la autoridad legalmente constituida dar garantías a los ciudadanos, tanto nacionales como extranjeros, y restablecer el imperio del orden adoptando todas las medidas que el derecho de gentes y la Ley Marcial contemplaban. En segundo lugar, los dirigentes, azuzadores, cómplices, auxiliadores y encubridores debían ser perseguidos y reducidos a prisión, para seguirles las responsabilidades del caso. Por tanto, y en tercer lugar, los miembros de la fuerza pública quedaban facultados para castigar con las armas a aquellos que se sorprendieran en fragancia provocando incendio, saqueo o ataque a mano armada; en una palabra, quedaban encargados de hacer cumplir con todo el rigor del caso lo establecido en el decreto.

Además, se tuvo conocimiento que muchos de los obreros al tratar de huir de las represiones del ejército por temor a ser asesinados, no sólo buscaron la Sierra Nevada de Santa Marta para refugiarse, sino que también muchos intentaron migrar hacia el territorio del departamento del Atlántico, utilizando como salida los municipios ribereños de Sitio Nuevo y
Remolino, para así llegar al puerto fluvial de Sabanagrande y de ahí hacia Barranquilla y distintos puntos del departamento; pero que por una orden impartida por el Dr. Osorio, gobernador del departamento del Atlántico, esta situación no fue posible. La orden consistió en que para evitar que los huelguistas pasaran a dicho departamento, la Policía con sede en los municipios ribereños de Soledad, Malambo, Sabanagrande, Santo Tomás, Palmar de Varela y Ponedera debía ejercer actividades de vigilancia extrema, y de ser el caso capturar a los huelguistas que intentaran pasar en canoas a la otra orilla; para cumplir lo establecido la comandancia organizó un cordón de agentes de policía por todo el cauce del río Magdalena. Caso similar aconteció en las localidades de Guáimaro, Salamina y Pivijay en el departamento del Magdalena, donde los obreros participantes de la huelga llegaban para refugiarse de las tropas del Ejército; hasta esos lugares la fuerza pública del Atlántico incursionó para capturarlos; los huelguistas no opusieron resistencia y fueron apresados por su participación en las protestas. Resultado de estos hechos, fueron capturadas 18 personas, las cuales fueron llevadas a la comandancia de la Policía del Atlántico, en Barranquilla, y posteriormente llevados a la localidad de Ciénaga con el objeto de dejarlos a
disposición del jefe civil y militar del departamento del Magdalena, el general Cortés Vargas, quien los juzgó en Consejo de Guerra

#DIARIOLALIBERTAD

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