Lo cierto es que no podíamos quedar encerrados a perpetuidad, lo más acertado  es lo que se ha venido experimentando en lo concerniente a salir paulatinamente en la búsqueda de la recuperación de la vida productiva, el empleo, los ingresos, el consumo, los proyectos y estar preparados para ganar la guerra contra el coronavirus.

Tampoco podemos salir tranquilamente “todos a la calle”, como si todo fuera cosa del pasado; si no se cumple  una reapertura cuidadosa, razonable y gradual, como se está programando, podría venir la peor curva de contagio con sus funestas consecuencias, según lo han advertido los entendidos en la materia.

Lo primordial es mantener el aislamiento inteligente –o como se le quiera llamar– para la población más vulnerable.

Tanto los adultos mayores como las personas con especiales debilidades de salud deben mantener cuidados extremos para evitar cualquier contagio, pero resulta eminentemente aconsejable que se dirija la mirada a todos aquellos seres humanos que no tienen otro medio de subsistencia que lo que puedan conseguir en las calles de Barranquilla, a través de las actividades incluidas en el rango del diario ‘rebusque’, actividad que desarrollan miles de personas.

Por otro lado, nos parece conveniente  aplazar el retorno a las aulas de la población estudiantil, mientras no exista la certeza de la desaparición definitiva del peligroso virus. Al respecto hay que señalar adicionalmente,  que han sido claramente manifiestas las desigualdades de acceso a la educación virtual por la falta de conectividad o de equipos en los estratos de precarios recursos económicos.

Es menester que se mantenga la prohibición de las aglomeraciones humanas, uno de los procedimientos más recomendados conjuntamente con el uso de la mascarilla y el lavado de manos la mayor cantidad de veces al día, para evitar la multiplicación de los  contagios.

Todavía es muy temprano para pensar en la reanudación de los espectáculos masivos en los estadios y en otros lugares encerrados, como tampoco los grandes tumultos en los centros comerciales.
Ya se sabe que solo podrán ir renovando sus actividades aquellos sectores y subsectores que puedan demostrar su  capacidad para probar que sus políticas laborales no presentan el más mínimo riesgo del contagio, por contar con los mecanismos de bioseguridad y de protección de los trabajadores.

Se puede afirmar que estamos en el momento de actuar con la mayor prudencia, no solamente para cuidar la salud, también es necesario cuidar el bolsillo para saber cómo financiar  los gastos que vendrán en el  futuro, el que se vislumbra repleto de grandes y oscuros nubarrones en medio de la pandemia.

No deja de ser preocupante que en la mente de muchos colombianos comience a germinar la idea de que el Gobierno y los bancos están en capacidad y dispuestos a arreglar todos los problemas por muy graves que estos se presenten.

Ojalá que una vez superados los peligros de un contagio masivo en todo el territorio nacional, sea posible que la normalidad no demore en aparecer, lo que sí se puede asegurar es que esta no estará a la vuelta de la esquina.

Lo que se avizora en el horizonte no es algo diferente a que la actual emergencia sanitaria nos puede llevar a una crisis social y económica de inmensas proporciones –ojalá que no–. Ya el Fondo Monetario Internacional –FMI sentenció que no solo Colombia sino gran parte del mundo enfrentará un desequilibrio peor que el de la Gran Depresión de 1929.

Todo lo anterior nos hace presagiar que serán muchos los programas y proyectos contenidos en los Planes de Desarrollo de los diferentes entes territoriales, llámense departamentos o alcaldías, que quedarán aplazados indefinidamente como consecuencia de la pandemia, circunstancia que se podrá catalogar como la justificación que esgrimirán los diferentes mandatarios para el aplazamiento de las promesas esbozadas durante sus campañas proselitistas, que culminaron con sus triunfos el pasado 27 de octubre de 2019.

#DIARIOLALIBERTAD

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