Hugo Castillo Mesino

Por: Hugo Castillo Mesino

Los teóricos suelen definir la radio a través de círculos conferencistas de características especiales y señalan que esta tiene un oído global por su alcance, difusión y sonoridad; además de atribuirle un ojo específico que denota equilibrio, emoción, razón, con atributos como: sentir, ver y oír. La radio siempre nos envía un mensaje, y es que nuestros oídos ven cosas que no lo pueden transmitir otros medios de comunicación, debido a que su naturaleza es plural. La radio en sus afanes tiene un lenguaje que no solo es la música, que ha demostrado ser exitosa en este medio, contribuyendo con las entrevistas a un determinado personaje y posibilitando adentrarse más en su vida por su connotación espiritual.
Al lenguaje de la radio se suman los efectos especiales, sonidos ambientales y el silencio; además su lenguaje radiofónico expresado en un conjunto de formas sonoras, representado por el sistema expresivo de la palabra, le permite al oyente captar el mensaje como información y ésta termina con una exigencia ante el oyente que genera una captación efectiva. Basta con escuchar un programa radial para tener una opinión positiva sobre la capacidad de empatía por quienes desarrollan un periodismo radial, denotando su buen vocabulario, haciendo uso racional del tiempo programático y suscitando interés por sus informaciones y la lectura crítica que tiene sobre las mismas.
Quienes hacen parte de la radio en su condición de periodista o locutor están en la necesidad de cultivar y educar la voz que es trascendental en este tipo de oficio dado la importancia ante los oyentes o receptores, caracterizada por la altura o tono, intensidad, calidad y timbre, ritmo y el énfasis. Aparejada a ella se requiere de una fluidez y un enriquecimiento en el vocabulario al expresarse, el manejo de la mandíbula, labios y garganta. El periodista o locutor radial debe tener un manejo adecuado al momento de entrevistar, sobre todo si el entrevistado tiene una voz chillona, lo que implica diseñar estrategias en la formulación de preguntas temáticas concisas; de tal forma que la voz del entrevistado quede intercalada para que se cumplan ciertos parámetros que vayan acorde con la entonación, combinar el cubrimiento, hacer énfasis en la información, leer como si estuviese contando un cuento para una mejor comprensión de la audiencia o receptores.
Hay situaciones que se presentan a diario ante quienes laboran en los afanes de la radio. Estas deben responder a un buen manejo de la estructura gramatical al elaborar un texto como insumo del programa radial; por ello el texto no debe leerse al pie de la letra; la frase del mismo debe ser en positivo y evitar las cacareadas muletillas; no temerle al silencio, tomarlo como una referencia con significados profundos, dejarse acompañar de la música en un momento inicial intermedio o final. El propósito de este ejercicio no es recetar ni dosificar; por el contrario, es contribuir a identificar las ventajas y desventajas de quienes hacen periodismo radial y andan en sus afanes, es presentar nuevas alternativas expresadas en efectos sonoros, ambientales o descriptivos, expresivos, narrativos o dramáticos en el desarrollo del programa radial destacando la función reflexiva por parte de los oyentes y situando al periodista radial como la voz amiga del oyente de la radio.

Parafraseando a Nidia Callegari Melo en su obra “Géneros Periodísticos de Hoy… Este es el Manual”, la importancia de la radio es la intimidad del “Tú a Tú”, cuando periodistas y oyentes se perciben al escuchar la trasmisión de la noticia que requiere de pocos insumos de la producción teniendo como cualidad un mayor efecto por sus mensajes efímeros. La radio sigue avanzando en su desarrollo por sus géneros de análisis, profundización y opinión valiéndose de periodistas especializados que se caracterizan por saber preguntar, reiterando que la herramienta más importante de la radio es la voz y que en su orden hay otras formas sonoras como la música, efectos especiales y el silencio. Que bien le haríamos a la radio si optáramos por la búsqueda de un mejor vocabulario que permita diferenciar las palabras frías de las cálidas, estas últimas convertidas en el clásico sensacionalismo que en vez de utilizar polémica utiliza escándalo, por reinsertado utiliza arrepentido. Son consideraciones sensacionalistas de naturaleza cálida como otro eufemismo vulgar del vocabulario.
Aurelio Arteta, profesor de Filosofía Política de la Universidad del país vasco, nos habla de los archisílabos, estiramiento de las palabras adoptadas por colectividades profesionales y por círculos periodísticos, como patología del vocabulario; al igual, el uso correcto de la palabra “llana” al calificar el término “sobredimensionamiento” como un archisílabo; mientras, Álex Grijelmo, en su obra el “Estilo del Periodista”, considera que su equivalente es “exceso”. Repensar los afanes de la radio, al igual que el oficio de la comunicación radial y sus agentes.
 
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