Daniel González

Por: Daniel González Monery

El cambio de actitud y nivel de juego de James Rodríguez ha sido impactante en muy corto tiempo. Pasamos de ver un jugador malhumorado, aislado y triste en el Real Madrid, a otro alegre, brillante y con liderazgo en el Everton. Se ganó la titularidad desde el primer partido y no ha tardado en responder a la confianza con excelentes actuaciones, goles y asistencias. Ha tenido una rápida adaptación a su nuevo club inglés y el equipo ha tenido el mejor inicio de temporada en décadas. No paran los elogios de la prensa inglesa. La llegada a la Liga Premier nos ha recordado los mejores momentos que vivimos en el Mundial de Fútbol de Brasil 2014: volvió a mostrarse seguro, reflexivo y brillante. Juega con el número 19, pero en realidad es un creador. Una zurda de oro que nos maravilló y nos llevó al mejor lugar que hemos ocupado en la historia de los mundiales. James llegó al Real Madrid en el verano del 2014 procedente del Mónaco y después de haber sido el goleador del Mundial en 2014. El pase se produjo a cambio de una multimillonaria transacción: 80 millones de euros. La primera temporada de James fue brillante. Varias veces titular, con goles y asistencias en buena parte de los partidos. Sus números lo respaldan. Aunque estuvo casi tres meses lesionado, fue el segundo jugador del equipo con más participación en goles.

El segundo año en el Real Madrid se complicó desde la llegada del nuevo técnico Rafa Benítez. Posteriormente estuvo dos temporadas a préstamo en el Bayern, una de ellas bajo la conducción de Ancelotti quien, sin duda, es capaz de explotar lo mejor de su potencial. Decidió regresar al Madrid para realizar dos periodos bajo la dirección de Zidane. El técnico lo defendía en las ruedas de prensa, pero no lo ponía a jugar. La última temporada fue la peor de todas: en la banca. Al final, el propio jugador desistió de ser convocado. Varias cosas hay que tener en cuenta para explicar el drástico cambio: Pasó de la banca y depresión a la alegría y la titularidad. ¿Qué pasó y qué lecciones pueden extraer de su experiencia los padres de familia y los educadores? Primera lección: la gran importancia del director técnico en el nivel que alcanzan los jugadores. Las dos temporadas de James con más protagonismo fueron con Carlo Ancelotti en el banco. En el Bayern Múnich también estuvo bajo la dirección de Ancelotti y Jupp Heynckes, de quien también tuvo el respaldo. El volante colombiano se reencuentra con Ancelotti. Su nuevo equipo lo fichó por una suma cercana a los 25 millones de euros (una sensible caída frente al pago que hizo el Real Madrid seis años antes). James ganará 7,8 millones de salario al año, lo que lo convierte en el jugador mejor pagado de su nueva escuadra. En términos educativos podríamos decir que la mayoría de las veces los problemas, las fallas o los errores de los niños y jóvenes no tienen su origen en ellos mismos sino en sus padres o profesores. Los niños no son agresivos, irrespetuosos, anómicos o vagos. Los volvemos así por errores en la crianza o por falencias en la formación.

Segunda lección. No sería justo responsabilizar exclusivamente a Zidane de la inactividad del colombiano. También hay que tener presente las lesiones en el tramo final y una respuesta muy inmadura del jugador al pedir que no lo volvieran a convocar. En educación, hablaríamos de una muy baja tolerancia a la frustración por parte del jugador y de baja resiliencia al no saber convertir una dificultad en una oportunidad. Eso se hizo muy visible cuando la cámara nos mostraba un James triste y desilusionado en la banca. No soportó no ser convocado, actuó como “niño mimado”. El técnico le pedía disciplina y apoyo en el enfoque táctico del equipo y James andaba bien arriba, pero apoyaba poco defensivamente al equipo. Una parte de responsabilidad le cabe al jugador. En educación, diríamos que, al sobreproteger a un niño, al mimarlo, al consentirlo y al no ponerle límites, le estamos haciendo un daño a mediano plazo. Esos niños desarrollan baja necesidad de logro, baja tolerancia a la frustración y algo muchísimo más grave: a esos niños solo los quieren sus propios padres, porque se vuelven excesivamente centrados en sí mismos y quieren que siempre se haga su voluntad. La permisividad y sobreprotección, nunca son una buena opción, por sus negativos efectos en el mediano plazo.

La tercera lección surge al verlo hoy en día más seguro y alegre. Afloró nuevamente todo el talento del jugador. Confía más en sus propias habilidades y es impactante ver la incidencia que eso tiene en el rendimiento. Sencillamente, juega mejor. Lo que hemos encontrado los educadores es que un niño o joven no responde a sus capacidades, sino a las expectativas que los mayores tienen de él. Se podría expresar en estos términos: “Detrás de cada niño que cree en él, hay unos padres que creyeron en él primero”. Es asombroso, pero jugadores muy talentosos juegan mal porque se muestran inseguros, dado que sienten que no confían en ellos. A la par, jugadores menos habilidosos, sienten la energía de quienes confían en ellos y se fortalecen. Lo llamamos Efecto Pigmalión positivo y se trata de la recarga de energía que reciben aquellos niños y jóvenes que tienen padres y maestros que les generan confianza, les reconocen sus avances y les dan seguridad. James Comer dice que ningún aprendizaje significativo puede ocurrir sin una relación significativa. Eso es totalmente lógico si se entiende que lo esencial en educación es el sistema de relaciones que se produce en la escuela. Hoy es fácil de entenderlo. Durante la pandemia los niños y jóvenes no extrañan sus colegios, hay que reconocerlo, sino las diversas relaciones que entablan con sus profesores y, sobre todo, con sus compañeros. Dicho de otro modo: se aprende más en un espacio que construye un mejor clima institucional y de aula. Eso ha sido validado internacionalmente en los estudios de la UNESCO en América Latina. La variable más importante de la calidad no son las instalaciones, ni el número de estudiantes por aula, ni el tiempo que permanecen los jóvenes en la escuela. La variable más importante es el clima de aula. Si es democrático, participativo, acogedor y respetuoso de las diferencias, los niños y los jóvenes aprenden más. Si es agresivo, violento, descalificador y humillante, los niños y los jóvenes aprenden menos. Así de sencillo.

En consecuencia, están totalmente equivocados los padres que creen que el rejo, la humillación y el maltrato, forman niños seguros y valientes. Si así fuera, la mitad de nuestros niños serían seguros y valientes, y no lo son. Por el contrario, esos niños se vuelven tristes, amargados e inseguros. El exitoso inicio de temporada de James con el Everton es una prueba del infinito poder de la confianza para enfrentar los problemas. Ancelotti confió en él y, al hacerlo, volvió a aflorar el talento que permaneció oculto tanto tiempo. Ojalá entendamos que el reconocimiento, la valoración de los avances y la confianza, son parte esencial en cualquier proceso formativo. ¿Cuántos niños y jóvenes muy talentosos no podrán nunca expresar sus talentos porque tienen padres o profesores autoritarios, que los humillan o que tienen muy pocas expectativas sobre ellos? Nunca lo sabremos, pero en un país tan violento, y cada vez más autoritario, seguramente millones de niños y jóvenes están esperando que sus padres y profesores confíen más en ellos para poder demostrar todo su potencial. ¡Aprendamos del éxito de James y copiemos sus enseñanzas!

#DIARIOLALIBERTAD

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