Por: Mauricio Botero Caicedo

Dentro de las multitudes que con alborozo recibieron a los indígenas cuando llegaron a Bogotá el pasado domingo estaban representadas las diecinueve facciones del Polo Democrático, Alternativo; las treintaidós alas de los Verdes; Roy y uno que otro senador igualmente mamertongo; y los máximos líderes de Colombia Humana. Los atuendos de los 8.000 indígenas, por decir lo menos, eran “conceptualmente interesantes”. Como diría un aficionado al fútbol, ¡más combina el Deportivo Cúcuta!
Por la parte positiva la verdad es que la minga no causó daños ni a los bienes públicos ni a los privados. La minga demostró estar bien organizada, y no dejó actuar a los vándalos de turno, que obviamente pretendieron colarse. En lado negativo de la minga era sus mensajes contradictorios ya que colgaban carteles opuestos en los puentes por donde pasaban: en un lado había una pancarta en la que se leía que el objetivo de la minga era “La defensa de la vida”, pero en otro lado del puente colocaban otra pancarta en que afirmaban que era “Es necesario que Uribe muera”.
Según informes de prensa, mientras la Minga se desplazó hacia la capital de la República las fuerzas de seguridad del Estado aprovecharon la oportunidad para ingresar a los territorios en el Cauca de dominio indígena para destruir más de 63 laboratorios de procesamiento de coca protegidos por los indígenas y pertenecientes a los grupos armados ilegales que se encuentran en la zona del Cauca y Caquetá. Obviamente se esperaría que ninguno de los indígenas esté involucrado en el sucio negocio del narcotráfico, pero su apresurado regreso –después de haber dicho que permanecerían indefinidamente en la capital– lo hace a uno albergar temores. Dios quiera que nada tengan que ver con los carteles mexicanos de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación, Los Zetas y Beltrán Leyva que son los principales compradores y traficantes de la cocaína que producen en Colombia. Será que algunos de los indígenas, como lo anotaba un gracioso, ¿alcanzaron a ver señales de humo?
 
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De la misma forma en que las Farc deben probar que fueron ellas las que asesinaron a Álvaro Gómez, Fecode debe demostrar que sí está en huelga. Por ahora, y muy seguramente en el futuro cercano, nadie, y en especial los alumnos, se ha percatado de la suspensión de actividades de los maestros afiliados a tan peregrino sindicato como es Fecode.
 


Según informes de prensa, “La Corte Suprema de Justicia acaba de hacer un duro pronunciamiento contra la Sala Disciplinaria de la Judicatura, específicamente contra los magistrados Pedro Sanabria y Julia Emma Garzón, quienes suman más de 12 años en ese cargo a pesar de que su periodo constitucional es de 8 años. En su decisión, la Sala Penal de la Corte Suprema dice que Garzón y Sanabria son “exmagistrados” que desde hace cuatro años no podían tomar decisiones, y además compulsa copias a la Fiscalía General para que los investigue, si así lo considera, por posibles responsabilidades penales al haber seguido decidiendo como jueces.  “Se trata de dos particulares que no ejercen, a la fecha, el cargo de magistrados de la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, cuya participación en la deliberación y votación de la ponencia no concurre, ni puede concurrir, a la conformación del quórum deliberatorio y decisorio de esa célula judicial”, dice la Sala Penal.”
¿Será que a estos dos particulares como Pedro Sanabria y Julia Emma Garzón se les puede obligar a devolver cada peso que ilegalmente recibieron como sueldo u honorarios durante los cuatro años en que de forma abusiva se quedaron en el CSJ?

#DIARIOLALIBERTAD

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