Una tragedia anunciada en el Magdalena

Una tragedia de incalculables proporciones es la que se ve venir, como consecuencia de la inminente creciente del río Magdalena, que amenaza con  abrir un inmenso boquete en su  orilla oriental, especialmente en el tramo comprendido entre los municipios de Salamina y El Piñón.

Esta que se puede catalogar como catástrofe anunciada desde muchos años atrás, no ha contado con la correspondiente atención por parte de las entidades que en nuestros país fueron creadas para atender estas calamidades, comenzando por Cormagdalena, que se ha constituido en un organismo inoperante, cuyos dirigentes de turno en ningún momento han dado muestras de sus intenciones de poner en práctica las funciones para lo cual fue creada, entre las que precisamente se encuentra  la de evitar tragedias como la que en estos momentos se cierne sobre un gran conglomerado  del vecino departamento del Magdalena.

Como se recordará, el  30 de noviembre de 2010 el Canal del Dique –que es un brazo del río Magdalena– se averió en el kilómetro 3  de la carretera, entre Calamar y Santa Lucía, dejando un boquete inicialmente de 4 metros, por donde ingresaron 2.200 millones de metros cúbicos de agua del río Magdalena que terminó inundando los municipios de Campo de la Cruz, Candelaria, Manatí, Santa Lucía y Suan,  junto a sus respectivos corregimientos.

El agua se llevó todo lo que encontró a su paso: casas, animales y cultivos.

Las inundaciones acabaron con 35 mil hectáreas de cultivos de maíz, yuca, sorgo, ají, auyama, mango, melón, guandú y patilla, entre otros, lo que generó una pérdida de 356.877 millones de pesos.

Según los habitantes de los municipios de Salamina y El Piñón, de producirse un desastre natural de condiciones parecidas a las registradas en el sur del Atlántico podría presentarse en pocos días, debido a un boquete que se ha venido incrementando desde   noviembre de 2019, el cual ya arrasó parte del carreteable entre Salamina y El Piñón, así como destruir la carretera Salamina – Pivijay y pueblos circunvecinos, inundar miles de hectáreas de tierras productivas de estas poblaciones  como también de Sitionuevo, Remolino, Cerro de San Antonio, Pedraza, Tenerife y arrasar con grandes plantaciones y ganaderías de un vasto sector del Magdalena.

Lo más grave de la situación actual  es que Cormagdalena  a través de su director, Pedro Pablo Jurado, ha expresado que por parte de esa entidad no existe compromiso en el plan de inversión para cubrir este problema, desconociendo totalmente que estamos en medio de una emergencia que puede incluso superar la presentada en el sur del Atlántico en 2010.

Este que no es un problema reciente se remonta a muchos años y la emergencia se ha venido acrecentando cada día,  hasta el punto que si continúa la ola invernal que se está presagiando para estos días en la zona donde tiene su nacimiento el río Magdalena,   es posible que al aumentar su caudal sea inminente la tragedia que se vislumbra, ya que la problemática continuará agravándose, con las consecuencias incalculables que se avisoran por la casi segura creciente del río.

Ante esta emergencia, el gobernador del Magdalena, Carlos Caicedo, ha exteriorizado su gran preocupación y  convocó a un Consejo Extraordinario de Gestión del Riesgo al que asistieron el director de la Corporación Autónoma Regional del Río Grande de la Magdalena (Cormagdalena), Pedro Jurado; el director técnico del Instituto Nacional de Vías (Invías), Guillermo Toro; el subdirector para el Manejo de Desastres de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo, Ariel Zambrano; y los alcaldes de Salamina, El Piñón, Remolino, Sitionuevo, Cerro de San Antonio y Pivijay.

En la reunión se definió un plan de acción en el marco de la calamidad pública para rehabilitar la vía y evitar que la erosión fluvial siga avanzando en este tramo entre Salamina y El Piñón.

#DIARIOLALIBERTAD

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