Por: Emerson Grajales Usma*

La alcaldesa de Bogotá, Claudia López, convocó el pasado domingo a los capitalinos para que asistieran a la Plaza de Bolívar; y presenciaran lo que ella llamó “Acto de reconciliación y perdón”. Al ambiguo evento, asistió el Secretario de Gobierno entre otros funcionarios del Distrito.

El acto de “reconciliación”, se cumplió tras conocerse la muerte de un abogado en formación, hoy reconocido como Javier Ordoñez, y de nueve más en confusos hechos que mancharon de sangre las inventadas protestas los días 9, 10 y 11 de septiembre, no solo en el Distrito; también en otras ciudades del país, y que según las autoridades; estuvieron infiltradas por los grupos terroristas del ELN y del brazo armado del “partido” político de las Farc.

El acontecimiento, hubiera sido del nivel administrativo para el que se convocó, sino fuera porque la Alcaldesa Mayor, lo politizó como ya es costumbre en sus eventos públicos. Ella aprovechó la presencia del Alto Comisionado para la paz Miguel Ceballos y de la Alta Consejera para los DDHH Nancy Patricia Gutiérrez; para lanzar sus adiestrados dardos y de paso “postuló” a una desprevenida mujer para que tomará la vocería en nombre de las víctimas, a la que le pareciera, le habría entregado un “libreto” en cuyo aparte reclamara por la no presencia del presidente de la República Iván Duque.

El Mandatario de los colombianos, nunca tuvo el espacio acondicionado anticipadamente por los organizadores, pero la astucia de la López, que no tiene límites, pidió que marcaran una silla vía “flash”, que se encontraba al costado norte de donde se había ubicado la improvisada “tarima” politiquera. El bochornoso acontecimiento quedó grabado y fue publicitado hasta más no poder en las diferentes redes sociales y hasta un noticiero le dedicó amplio espacio al enrarecido suceso.

Yo diría que la Alcaldesa tiene un enorme ausentismo de conocimiento en cuanto al calendario electoral presidencial y que sus asesores están iguales o más despistados que su empleadora. Ella, le apuesta, con sus teatrales sobreactuaciones, a minimizar la imagen del presidente Duque, queriéndose mostrar como una ejecutiva administrativa súper dotada y con más bagaje presidencial, y por lo tanto considera que desde ya se puede proyectar para el 2022. Otros de sus inmediatos, no dudan en calificarla en voz baja, como una oportunista y “populachera” que no entiende que las justas por la presidencia se efectuaran a finales de mayo, o de pasar a segunda vuelta, se cumplirían en junio del 2022, año durante el cual la mandataría estaría tan solo a la mitad de su gobierno en Bogotá; si es que llega por qué con sus continuas alcaldadas la veo difícil.

Lo que vimos en la plaza de Bolívar de Bogotá hace ocho días, fue un completo circo, más que un acto coherente con la dura situación del momento por cuenta de los aturdidos episodios de vandalismo donde incendiaron y se destruyó cerca de un centenar de CAIs, e intentaron incinerar vivos a policías y cuyas nefastas actuaciones de desadaptados, terminó colmando la paciencia de uniformados y dejó el triste desenlace de diez personas muertas y varias decenas de heridos no solo en la Capital, también en otras ciudades del país. Hechos estos que están siendo investigados por la justicia colombiana.

Para ser más concretos, a lo que asistieron los capitalinos el pasado domingo 13 de septiembre, fue a un acto de maldad contra el gobierno nacional, orquestado por quien tristemente posa de ser la Alcaldesa del Distrito Capital.

*Asesor y consultor

Twitter: @Grajalesluise    

JR

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