Un concepto mundialmente aceptado es que las universidades están establecidas, además de formar profesionales y solventar la inteligencia de las sociedades, para cumplir funciones con responsabilidad social.

A pesar de que existen otros agentes generadores de conocimiento, los centros de educación superior serán siempre instituciones vitales para la sociedad, porque a través de la educación que imparten, sustentan los sistemas económicos y culturales.

No obstante lo anteriormente expuesto, las familias de clase media en Colombia tienen sobre sus hombros una carga cada año más pesada y difícil de cumplir, como es el valor de la educación superior de sus hijos. El sacrificio que cada cabeza de hogar hace semestre a semestre, para cumplir con esta obligación crece considerablemente y los padres y madres sienten que cada año aumentan las dificultades para poder  cumplir con tan sagrado deber.

Al mismo ritmo crece el número de hogares pertenecientes a la clase media en que los jóvenes se ven en la necesidad de truncar sus estudios por falta de capacidad económica de los padres de familia, acosados por tantos gastos.

Las familias de estratos medios de la población deberían ser el centro de los cuidados del Estado y del modelo económico de desarrollo, ya que son ellas el renglón más sólido que tiene la economía para fortalecerse con base en un fuerte mercado interno.

Gobiernos de otros países vecinos como Brasil  han entendido lo valiosa que son las políticas de esta naturaleza, por lo que  han logrado que su clase media se robustezca y amplíe sus posibilidades de surgir.

Ese ha sido uno de los grandes logros de ese país latinoamericano; lamentablemente en Colombia la realidad es distinta; porque precisamente una de las grandes angustias de los padres de familia de la clase media son los altos costos de las matrículas en la mayoría de las universidades.

Su valor pesa mucho en la economía de cada hogar; los esfuerzos para que un hijo culmine estudios superiores son muchos y la remuneración que el mercado paga a los profesionales jóvenes es baja; además, encontrar el primer empleo es cada vez más difícil y adicionalmente, hay ahora otra exigencia del mercado: los estudios de posgrado.

El lograr pagarlos es un desafío de titanes; infortunadamente las políticas del Estado para darle una mano en esta materia a amplias capas de la población son insuficientes, se puede decir que la clase media se siente abandonada en esta tarea.

Como complemento el Icetex ha modificado sus políticas y los testimonios de quienes logran acceder a los créditos y el costo financiero que por ello deben pagar, se constituye en un verdadero obstáculo que ojalá sea subsanado por el actual gobierno.

A todo esto hay que agregar que el  rubro que se destina en el presupuesto nacional   a las universidades públicas, siempre genera reacciones de inconformidad, debido a que las partidas asignadas siempre están por debajo de las necesidades acumuladas; no obstante que se habla por parte del Gobierno de recursos suficientes para el saneamiento de obligaciones en los claustros oficiales  de educación superior de nuestro país, para así poder atender la demanda de aspirantes  pertenecientes a la clase media.

Entonces, le corresponde al Gobierno nacional  atender con mayor prontitud esa demanda de recursos para el perfecto funcionamiento de las universidades oficiales; el alto gobierno conoce muy bien las necesidades de los centros de educación superior, que son de vieja data, pero no por ello le invierte lo suficiente, para que  puedan cumplir con la demanda cada día más creciente de estudiantes pertenecientes a la clase media.

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