Emerson Grajales Usma.

Por Emerson Grajales Usma*

Cualquiera creería que hablar sobre la vida y obra de un ser querido en medio del dolor que conlleva su partida, es fácil; pero no. Hoy, mi padre se ha marchado dejando en lo terrenal una cadenilla de recuerdos que muy seguramente cobrarán más vigencia como honor a su memoria.

No he tenido la oportunidad de conocer a un ser humano de tan aquilatadas capacidades como las que cobijaban a mi padre. Su vida, que se inició cuando vio por primera vez el cielo tutelar de Quinchía en el departamento de Risaralda, ya estaba advertida. Había nacido en un hogar de dos finos antioqueños que solo miraban al infinito con ansias de trabajar. Mi padre no conoció los abrazos cariñosos de mis abuelos, porque solo el tiempo de sus progenitores estaba trazado para irrumpir en las agrestes montañas de espesos cafetales; y mirar el desarrollo de la ciudad, era solo parte de sus sueños.

Mi padre, fue un hombre inquieto. Las máquinas de escribir, no pasaban de ser un espejismo por las que constantemente miraba con ansiedad pero que se le mostraban esquivas por que los “riales” solo alcanzaban reunidos por cada jornal, para comprar su calzado. Por aquellas calendas, el amor de los padres era más llevado a la dureza, mucho más que a la contemplación como se ve por estas fechas que colindan con el modernismo que lleva a una desbordada generosidad de los padres, más que dañina; peligrosa diría yo.

Llegó, por aquellas cosas de la vida, en el año de 1964 al municipio de Palmira en el Valle del Cauca. Allí, logró ingresar a industrias metálicas de Palmira –IMP- como diseñador de muebles para radiolas, profesión que desempeñó a la perfección en forma empírica. Luego de mi nacimiento en la ciudad “señorial” (1965), se trasladó con mi madre y sus tres hijos al municipio de Viterbo, Caldas.

En esta caldense localidad, se dedicó a perfeccionar su amor por los diseños en muebles de madera; actividad que desarrolló por pocos meses. Pues conoció por esa época a un dirigente del partido Conservador de Manizales, identificado como Rodrigo Marín Bernal. Le entregó todo su tiempo a sus campañas políticas por el ala alvarista.

En forma vertiginosa, mi padre llegó a ocupar destacados cargos a nivel nacional como director de cárceles, coordinador regional en Caldas de la acción comunal; Concejal de Viterbo; designado Alcalde; gerente de la Caja Nacional de Previsión  en Pereira; entre otros cargos.

Puestos públicos que desempeñó con lujo de detalles, en medio de un espeso ausentismo educativo. Precisamente por su “salto” a la política, luego de trabajar como ebanista, se ganó el remoquete de “doctor garlopa”.

Su inclinación por la pluma, no le fue indiferente. Mi padre, nos deja cuatro libros, tres de ellos de poemas y uno de anécdotas de hijos de Viterbo. Fue el compositor del pasodoble a Viterbo Caldas; y el gran gestor de muchas actividades sociales que realizó a través de Coorviterbo, una corporación creada para promover el desarrollo social y cultural de la localidad, de sus habitantes que este lunes, lo vio fallecer.

No dudo que mi padre, del que me enorgullezco de llevar su mismo nombre, ha dejado una indeleble huella de lo que fueron sus desbordadas capacidades intelectuales. Fue un gran agitador de la doctrina del expresidente Álvaro Uribe Vélez, campañas que promovió en el occidente de Caladas, desde el año 2006, y desbordado contribuyente a las campañas presidenciales del Centro Democrático del año 2014 con Oscar Iván Zuluaga, y 2018 con el hoy presidente Iván Duque.

Paz en la tumba de quien nos deja un gran legado, no solo a sus hijos que le sobrevivimos Nolberto, Olga y quien escribe estas líneas; sino también a los habitantes del occidente de Caldas, tierra que lo vio crecer política e intelectualmente. ¡Adiós por siempre padre mío!

*Asesor y consultor

Twitter: @Grajalesluise

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