Jaime Vélez Guerrero

La muerte violenta  del estudiante de derecho Javier Ordóñez, acaecida en la capital bogotana, en donde varios agentes de la Policía Nacional dispararon 13 electrochoques con la pistola Taser  contra el cuerpo de este ciudadano, quien a pesar de estar completamente reducido le seguían lanzando descargas eléctricas.

Posteriormente el letrado fue conducido aparentemente en mal estado al CAI de Villaluz, sitio donde presuntamente fue salvajemente golpeado por otros agentes.  De allí fue trasladado moribundo a un centro hospitalario donde murió. Aunque hasta ahora no se ha podido conocer el informe  pericial médico forense del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, se ha podido conocer que el finado tenía nueve fracturas en diferentes partes del cráneo. Después de este aberrante hecho se desató una furia violenta en todo el territorio colombiano contra todo lo que husmeaba a la Policía Nacional. 

La verdad es que el país necesita un cambio en este cuerpo de seguridad, pues parece que esta institución se ha anclado en el pasado y no está observando los vientos del futuro, que indudablemente son benéficos para fortalecer este organismo y ponerlo a tono con la policía del mundo. Para que se lleve a cabo este cometido se requeriría el concurso de otras instituciones del Estado y de expertos en la materia. 

A mi criterio, los cambios que deberá tener  este cuerpo de seguridad del Estado, es que los miembros sean investigados y juzgados por la Justicia Penal Ordinaria y no la castrense. Esto naturalmente llevaría a la policía a reducir los actos violentos y abusivos. 

Por otro lado, es fundamental que los miembros policiales obtengan por lo menos la pensión de jubilación a los 70 años de edad, en razón a que estas personas se encuentran aún en facultades mentales y física para  desplegar sus experiencias, con esto  se reduciría ostensiblemente las llamadas actuaciones brutales de  los policías, ya que en la actualidad  existen muchos jóvenes en esa comunidad  que por sus condiciones  de inexperiencia y de estrés no controlado protagonizan acciones impulsivas. 

No habrá que dejar de un lado que dentro de la transformación de la Policía Nacional debe incluirse una remuneración salarial mensual acorde con los criterios que se manejan a nivel internacional, que podría oscilar en $4.500.000. Es lamentable que nuestro país haya quedado notablemente rezagado en este campo. Muchas autoridades colombianas dicen defender a la Policía Nacional, pero hasta allí llegan, no se profundizan para que este cuerpo de seguridad del Estado se ejemplarice. 

Igualmente la supervisión o la vigilancia disciplinaria para los miembros de la Policía colombiana  tienen que darse por un ente  especial  no adscrito a esa  entidad, la cual  tendrá  que efectuar  una labor diaria  para que se cumpla el deber funcional policial. Para tal ejercicio este ente trabajará en compañía  con los frentes de policía y otros representantes de la comunidad. 

Otro elemento importante innovador para la Policía colombiana es que se autorice la creación de agrupaciones sindicales sin que esta pueda paralizar sus servicios. No se puede temer el surgimiento de estas organizaciones en la policía, pues los ejemplos los podemos observar en el continente europeo, que se permiten los sindicatos de policía. 

No quiero finalizar esta columna periodística sin mencionar que los miembros del cuerpo de policía tengan el derecho universal de poder sufragar, pero sin postularse a cargos públicos. Esto fomenta un gran apremio de la sociedad con nuestra Policía Nacional. 

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