Como si fueran pocas las instituciones que tienen competencia en el territorio del departamento del Atlántico en materia ambiental,  proyecta el Distrito Especial Industrial y Portuario de Barranquilla y los

municipios de su entorno, añadir otra más, el Área Metropolitana de Barranquilla.

Por estar bañados por la arteria fluvial más importante del país, el río Grande de la Magdalena, el mar Caribe, el proyecto del Superpuerto, las playas nacionales, nos cobija la competencia del Ministerio de Ambiente, la Dimar, el Anla y las confluencias de las Corporaciones Autónomas del Magdalena, Bolívar y la propia del Atlántico; los humedales que caracterizan las ciénagas en jurisdicción de los municipios de Palmar de Varela, Santo Tomás, Sabanagrande, Malambo (Mesolandia), Luruaco, Campo de la Cruz, Santa Lucía, Manatí, Repelón Sabanalarga (Embalse El Guájaro), (Tocagua), (El Totumo), todos son competencia de la CRA; el Canal del Dique y el río Magdalena, nos hace confluir con los órganos pares departamentales de frontera.

La Ciénaga de Mallorquín, como cuerpo de agua protegido por las normas Ramsar, el nombre de la ciudad africana donde se firmó la histórica Convención de salvaguarda a los humedales caracterizados por la biodiversidad en flora, fauna de aguas salobres y aves migratorias y raizales, con sus manglares, objeto de interés para la humanidad, tienen un miramiento multinacional.

Los alcaldes, distrital de Barranquilla y municipales, con facultades para crear Planes de Ordenamiento Territorial y Básicos de Ordenamiento Territorial, se consideran, por igual,  con aptitud para disponer o modificar los límites existentes, al punto que se imponen, abusivamente, sobre los Planes de protección de los cuerpos de agua de mayor jerarquía, so pretexto de asumir funciones ambientales, como es el caso de la Ciénaga de Mallorquín, y las normas del PBOT de Puerto Colombia, que desconoce las del Pomca, de superior rango legal.

Ha sido el crecimiento del territorio urbano de Barranquilla que hoy trasciende los tradicionales de frontera, bajo jurisdicción de los municipios del Área Metropolitana, el que impuso sumar más de 20 mil hectáreas, con el trazado de la segunda Circunvalar, suficiente para crear otro órgano institucional más, asignándole funciones, como embutido, al ente denominado Área Metropolitana de Barranquilla, una ficción jurídica de conveniencia económica para la prestación de los servicios públicos.

Tendremos, entonces, un verdadero disparate ambiental, parodiando el tema musical del “disparate musical”, que hará crecer las competencias sobre territorios confluyentes, a saber, el Minambiente, el Anla, la Dimar, las Corporaciones Autónomas Regionales, la novedosa que asignarán al Área Metropolitana de Barranquilla, y las que le permite la ley a los municipios, al expedir los POT y PBOT.

En el fondo se convierte en un tema político preferir el control sobre

instituciones que pueden ser dominadas desde las capitales de departamento con los alcaldes metropolitanos y municipales y las gobernaciones que asumen iniciativa ante las Asambleas departamentales  a las Juntas Directivas que integran las Corporaciones Autónomas Regionales, sometidas a acuerdos entre parlamentarios y los 22 alcaldes de los departamentos, más participativos, por el multipartidismo, a los que se han ido imponiendo en la política local de los municipios que integran el Área Metropolitana de Barranquilla, Puerto Colombia, Soledad, Malambo, Galapa, casi que uniformados bajo una misma batuta política y que, seguramente, se extenderá a Tubará, Sabanagrande, Santo Tomás, Polonuevo y Baranoa, que ha de marcar el triste final de la Corporación Autónoma Regional del Atlántico.

En el fondo, le gana la batalla el negocio de los grandes urbanizadores a los cuerpos de agua de diversidad ambiental en flora y fauna, muy útiles para la humanidad, en general, y para las poblaciones cercanas, en particular, que terminará por convertir la inmensa llanura verde en una selva de cemento, acolchada por la, si bien útil obra de la segunda Circunvalar, al ser vista como una nueva demarcación de crecimiento urbano, terminará por acabar el ambiente verde, dando paso a las moles de edificios que hoy reemplazan árboles y fauna silvestre,  otrora espacio de solaz de los habitantes del departamento del Atlántico.

Se calcula que la creación del nuevo ente ambiental asignándole funciones al Área Metropolitana de Barranquilla hará de la Corporación Autónoma Regional del Atlántico, un organismo raquítico, ya que perderá alrededor del 70% de su presupuesto que hoy inyectan los municipios que la integran, marcando su lánguido final, en perjuicio de la naturaleza verde que nos rodea.

Vendrá ahora la rebatiña burocrática por ganar la Gerencia del Área Metropolitana de Barranquilla buscando el manejo del poder económico y político –que será el segundo cargo después del Alcalde de Barranquilla–, expidiendo licencias ambientales a la horma del nuevo proyecto de ciudad sobredimensionada que se

anuncia detrás de este nuevo rol que rebasa el antes concebido para prestar servicios públicos, más allá de sus territorios municipales.

El mundo reclama hoy más verde y menos pavimento. Se impondrá el último y perderá el ambiente sano, con violación de normas que hacen parte del bloque de constitucionalidad, ya que estamos comprometidos con la comunidad internacional.

Todavía estamos a tiempo. No es asunto de una autonomía mal concebida, ni de utilizar a la Asamblea del Atlántico y a los Alcaldes y Concejos distrital de Barranquilla y municipales, como mampara de una legalidad, ya que esto va más allá de un papeleo burocrático y politiquero para convertirse en un asunto de la Humanidad, que nos ha de reclamar los compromisos adquiridos en tratados y convenciones internacionales incorporados a la

Legislación nacional.

Pueda ser que el MinAmbiente no se haga el de la vista gorda como lo hace con la carretera Ciénaga-Barranquilla, un desastre ambiental histórico o con las playas del Atlántico, erosionadas y reducidas, o con nuestros cuerpos de agua sedimentados y contaminados por la ausencia del Estado.

Estamos a tiempo.

#DIARIOLALIBERTAD

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