Por: Leydis González Velásquez

Es cierto que los colombianos nos caracterizamos por ser pujantes, trabajadores, emprendedores, alegres, inteligentes y carismáticos, pues en el mundo entero vamos dejando en alto el nombre de nuestro país, son muchas las cualidades que nos hacen sentir orgullosos de serlo. Esto, debido en gran manera a los avances educativos: a la fecha son muchos los que cuentan con una profesión en comparación a años anteriores, quizás, antes se podía decir que éramos un país con una tasa de analfabetismo muy alta; pero al día de hoy ha disminuido, lo que quiere decir que el pueblo ya no es tan ignorante, no es tan fácil que unas pocas persona nos manejen o manipulen políticamente a su antojo y conveniencia,  ¡y eso es realmente bueno!, pues, muy a pesar de que la política actual, no nos enorgullece, debido a la corrupción que se vive en todos los entes estatales,  que vulnera totalmente  nuestros derechos  y se incumplen con ello los deberes y principios  constitucionales, somos muchos los que hemos despertado de las injusticias que vivimos día a día a causa de este mal,  nos levantamos con ganas de luchar por un cambio en la historia  nuestro país.

La Constitución Política de Colombia de 1991, se fundamenta en la protección de la Dignidad Humana, es por ello, que nuestra Constitución es muy garantista, justa, inspiradora, armoniosa, coherente, equitativa y hermosa en su letrado; pero, lastimosamente, esta protección solamente quedó plasmada en el papel, ¡es letra muerta! porque a ciencia cierta ella no es aplicable, o por lo menos no para la mayoría, pues son muy pocas las personas que consiguen dicha protección, y lo podemos afirmar con base en la cantidad significativa de acciones de tutelas que se interponen anualmente (610 mil)  según estudio realizado por el Alto Tribunal, Corte Constitucional, que fue informado por  la presidenta del organismo Gloria Stella Ortíz, durante un evento realizado en la Universidad Libre, seccional Cartagena. Entonces, se puede afirmar que las personas se ven en la necesidad de interponer acciones de tutelas, para lograr el reconocimiento de sus derechos; y estas acciones no serían necesarias si se cumpliera o aplicara la Constitución Política al pie de la letra, puesto que todas esas garantías y derechos, están estipuladas en ella; por tanto, es necesario pensar, ¿de qué nos puede servir una Constitución escrita perfectamente?, que no se aplica, ni resuelve los problemas y las necesidades que afrontamos en nuestro país.

Cómo podremos lograr el reconocimiento de nuestros derechos, si las Ramas del Poder Público incumplen  el normativo constitucional? Y, si desde la fuente, no  hay aplicación mucho menos la habrá en los subsiguientes órganos o entidades que también tienen el deber de vivificarla; ni que decir del mal manejo de la pandemia del Covid-19, en la que se viven incalculables violaciones de derechos humanos fundamentales, como si no existiera reglamento alguno: por tanto, debemos ser nosotros (ciudadanos) los encargados de buscar alternativas de solución a la grave crisis; y en esto le hablo a usted, ¡si a usted!:  señora ama de casa, a usted trabajador informal, a usted médico, a usted transportador, a usted estudiante, a usted profesor, a usted bachiller, a usted estilista, a usted adolescente, a usted empresario, a mis colegas abogados, todos  y cada uno de los ciudadanos que integramos el territorio colombiano; puesto que a todos nos afecta dicha problemática, pues estas leyes legislan sobre nosotros y para nosotros.  Se puede globalizar la información, para unir a todo un pueblo en búsqueda de un mejor mañana, con un orden justo, ético, humanístico y próspero, con ideas, con conciencia, sin la utilización de la fuerza, ni de violencia, sólo con los valores, el querer y hacer, iniciando un cambio en cada uno de nosotros, que nos permita ser un buen ciudadano y construir ideas para lograr esa Carta Política eficaz.

Hay que pensar en la construcción de una Nueva Constitución Política Postpandemia, que se pueda hacer valer, no para unos cuantos, sino para todos, una Carta Magna blindada ante el virus de la corrupción, donde esta plaga no tenga entrada, una Constitución cuya aplicación no esté en manos de los mismos órganos encargados de elegir y corromper, a quienes la van a vigilar y deban hacer cumplir; porque de ese modo no se puede cumplir el requisito esencial de  imparcialidad.

Así, que coloquémonos la camiseta colombiana y seamos ese equipo que tiene como objetivo construir una Colombia humanística, justa y equitativa, pues el cambio inicia por  uno y, “si usted quiere puede”, si de uno  en uno cambiamos el chip, manejando ese nuevo lenguaje que atraerá consigo la construcción de esta nuevo Horizonte Constitucional. Si nuestro Libertador el gran Simón Bolívar, luchó por la unidad, equidad y justicia de los pueblos, y logró tanto, solo con sus ideales, y nos dejó el ejemplo que si se puede alcanzar los objetivos siempre y cuando luchemos unidos por ellos, por qué nosotros que vivimos en el siglo XXI, con tan buenas ideas, avances y experiencias, no lo podemos lograr? Entonces, sí vale la pena soñar con una Nueva Constitución Política.

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