Por: Zoraya Varela Ortega

Misoginia y homofobia son dos conceptos diferentes que se articulan para afianzar en los tiempos, las violencias hacia las mujeres o las basadas en la orientación sexual e identidad de género en que la cultura androcéntrica patriarcal se ha instaurado en la mente de los seres humanos, fundamentalmente en la psiquis masculina. Y para abordar una reflexión al respecto es preciso hacerlo desde la siguiente concepción,  “cuando se agrede a una mujer o a un hombre  que tiene una identidad de género diferente a la heterosexual; finalmente, se agrede a toda una comunidad, pues corren peligro de ser hostigadas o víctimas de violencia por su identidad de género”; entonces, en esta ocasión voy a referirme a esos actos cargados de misoginia y homofobia que afectan y se expresan a través de una violencia (simbólica, verbal, psicológica…real) disimulada, bajo excusas y diplomacia, pero, al fin y al cabo agreden o lapidan, ya que se ocultan, naturalizan y  reproducen de manera inconsciente a través de acciones micromachistas. En ese orden de ideas,  no es extraño encontrar en muchos escenarios  a personas que sienten aversión  y repulsión  hacia  este tipo de personas,  caso  como  ocurre  en la ciudad de barranquilla  donde artistas  ponen al descubierto el odio hacia  la cultura prevalente de la misoginia y la homofobia. Me ha parecido sorprendente  que nuestros propios artistas  agredan con tanta vehemencia en redes sociales a mujeres y hombres de la comunidad LGTBQ y considerando quienes son los agresores, es posible llegar a pensar que toda persona que se desempeña en alguna de las artes, es tolerante, respetuosa y con un sentido de pensamiento amplio y humanitario. Desafortunadamente, estamos ante una realidad que es totalmente  diferente, que  generaliza acciones contrarias y cambia el pensar  del artista  y su otredad, es decir ser con otros.  De cualquier forma, los paradigmas y estereotipos suelen estar presentes en todas las expresiones y niveles de nuestra cultura y sociedad Caribe, lisiada por el síndrome de la normalización de todas las violencias basado en el género.

 Pero, cuando  llegan noticias sobre el accionar de las personas y de manera particular del mundo del arte; no solo sentimos pena ajena, sino, una tristeza profunda en el alma.  Inevitablemente llegamos a reflexionar acerca de ¿Por qué es tan difícil reconocernos, respetarnos, valorar las diferencias y la diversidad?  

Cómo es posible que un  artista, pueda transformar su sensibilidad creadora en acciones negativas para agredir, mancillar y excluir, que  tome las redes sociales para denigrar contra sus colegas y bajo la mirada de un todopoderoso; tal vez, Zeus; dios del Olimpo, de todos los dioses, de hombres y mujeres; suba al banquillo para apuntar con su dedo índice, de un modo ¿¡infalible!?

Sin duda, la cultura se construye mediante acciones asertivas, pero también, se nutre de las negativas e influyen en la construcción mental de hombres y mujeres, la cual, se asume a partir de códigos o patrones establecidos en paradigmas y estereotipos que conllevan a naturalizar o a justificar las discriminaciones y la anulación de las mujeres y de otras poblaciones a las que se estigmatizan. En todos los grupos sociales sin distinción de edad, clase social, ideología o etnia, se van condicionando mentalmente a hombres y mujeres sobre lo que debe ser femenino o masculino a fin de encaminarles por roles sexistas, de tal forma,  que se establece para el niño el tono azul; es valiente, el que manda y no llora y para la niña, el tono rosada; es sumisa y llorona. Cuestiones que van a revelarse públicamente en medio de chistes, expresiones diplomáticas o disimuladas, pero, agreden de un modo soterrado y se lanzan al aire inconscientemente, irresponsable e irrespetuosa.  En razón a lo antes expreso, urge poner en marcha un mecanismo transversal desde la educación; en este caso, en las escuelas de artes, para aminorar el impacto de hechos que pueden llegar a ser lamentables. He ahí la importancia de, por qué, coeducar bajo una conciencia de género, tanto a docentes, personal administrativo y todas aquellas personas que hagan parte de procesos educativos, de formación artística y sociocultural, a fin de hacer el ejercicio de deconstruir paradigmas y estereotipos de nuestra cultura (en el desaprender para aprender nuevas concepciones para la igualdad del buen trato y oportunidades de la diversidad de seres humanos somos).

Especialista en cultura de paz, Cohesión social y dialogo intercultural*

Comenta aquí: