Por: Luis Pájaro Duarte

La enseñanza de la historia es foco de constantes debates en el mundo académico, esto plantea la posibilidad de realizar procesos de retroalimentación para mejorar la didáctica y emplear nuevas metodologías que permitan un análisis real del lenguaje histórico.

La historia se ha visto afectada por la visión tradicional de su enseñanza, la cual consiste en la constante acumulación de contenidos, es decir, el estudiante percibe los contenidos históricos como algo acabado y sin importancia inmediata en su presente, debilitando así el interés de los educandos por la materia. Manuel Carretero y Miguel Montanero (2008) mencionan que existe una deficiencia en la praxis de los docentes con relación a la enseñanza de la historia. Según los autores, la enseñanza de la historia se ve coartada por la mecanización de conocimientos, mediante el simple discurso del docente, así, el conocimiento histórico se limita solo a la interpretación o “trasposición didáctica” que hace el docente, así como a los contenidos de los libros que proporcionan las editoriales que forman alianza con las instituciones educativas. Los contenidos históricos, en este sentido, son acomodados acordes a las necesidades de la política, de la visión única del docente, y, por último, la centralización de un solo enfoque de enseñanza, el cual no reconoce las capacidades diversas de los estudiantes, por lo que esto va en contra de los intereses educativos del siglo XXI. Durante sus clases los profesores describen, narran o explican causalmente conceptos y fenómenos históricos complejos. Este tipo de explicaciones verbales promueven una competencia intelectual muy relevante para el pensamiento histórico: la capacidad de comprender un discurso informativo, en las que se enlazan ideas y argumentos, siguiendo un “hilo conductor”. Para ello, no obstante, una buena explicación debe proporcionar ciertos apoyos que den coherencia al discurso, que ayuden a comprender las relaciones entre las ideas, clarificando o evocando información implícita o conocimientos previos (Sánchez, Rosales, Cañedo y Conde, 1994).

Con base a lo anterior, se puede decir que la historia, al igual que otras ciencias sociales, por su carácter inexacto, es una ciencia que debe manejarse utilizando diferentes fuentes de discurso, visuales, textuales etc. que favorezcan las diferentes habilidades que ayudaran al educando a desenvolverse con éxito en la vida diaria, como la comunicación, el análisis de las situaciones que pasan en su contexto y la capacidad para resolver problemas.

También se debe tener en cuenta que los problemas de la enseñanza de la historia tienen relación con sus finalidades y con los usos sociales que la ciudadanía da a este importante saber escolar, y, por supuesto, con los contenidos seleccionados para ser enseñados en la escuela y con los métodos de enseñanza y aprendizaje (Blanch y Santisteban, 2018).

En tal sentido, al momento de enseñar la historia se debe tener presente que esta requiere visión crítica de los estudiantes, los cuales por fuera del entorno educativo son actores sociales que deben pensar por sí mismos. La educación colombiana, por medio de la implementación de la catedra de historia de Colombia busca que la conciencia histórica de la ciudadanía se fortalezca en pro de favorecer las habilidades cognitivas que doten a al ciudadano de a pie, y a los menores en las escuelas, de argumentos y de valores para el análisis de cualquier hecho, proceso o problema del pasado local, regional o global, pero también de hechos, procesos y problemas del presente y del futuro. Esta visión de generar significado a los procesos históricos por medio del desarrollo de habilidades de comunicación, síntesis, análisis de situación y formulación y resolución de problemas se toma del constructivismo, por ello, al momento de pensar las directrices educativas, al momento de la planeación de la clase, se debe tener presente el interés real de lo que el estudiante desea aprender sobre el tema, tener presente que todos poseen capacidades diferentes, además, cabe mencionar que la naturaleza trasversal de la historia permite articular conocimientos de la materia con otras áreas, lo que facilita la implementación de métodos alternativos en la enseñanza en busca del aprendizaje significativo colectivo en el aula de clases y por fuera de ella.

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