P. Santino Sacramento Vitola, cjm.

A medida que avanza la tormenta y se le van sumando días al tiempo de cuarentena vamos, com reposo, descubriendo algunas realidades que  cada vez son más claras.

Por ejemplo, hoy son cada vez más pocos los que niegan la existencia del virus de la Covid-19. La mayoría de la gente entiende y acepta que el mal existe, que es muy peligroso y puede matar. Las personas saben que no es un juego lo que está pasando en todo el mundo, son conscientes de que no se trata de una broma de mal gusto de los imperialistas y aunque su origen está en la China también se sabe que este mal no es para nada un cuento solo chino. El virus es una amenaza global, hoy por hoy está en el ambiente y no hace falta ir muy lejos para en algún momento poder quedar infectados. Uno de los peligros que este virus tiene es su capacidad de contagiar rápidamente a las personas y de hacer colapsar los sistemas de salud que tienen posibilidades de combatirlo; otro peligro, tal vez mayor, es que todavía se desconocen muchas cosas de él. Paradógicamente hoy por hoy esta esta enfermedad continúa siendo una enigmatica enmascarada que todavía no ha mostrado bien su rostro.

No obstante, sin desconocer el peligro existente, también es cada vez más claro que la gente no se puede quedar encerrada todo el tiempo en sus casas a ver como muere la gente, como se destruye el mundo y como la vida pasa. Paradójicamente las cuarentenas no han resuelto el problema; tal vez, la historia lo dirá, pueda que lo hayan paliado un poco, pero lo cierto es que despues de más de 120 días de cuarentena, el virus está vivo, los hospitales llenos y los cementerios también. La gente no puede sólo atrincherarse a ver pasar la vida. La batalla exige esconderse para progegerse y también pide salir a atacar. El enemigo no puede ser derrotado sin pelear. La vida de la gente no puede parar. A las personas no se les puede mantener encerradas mucho tiempo. La gente necesita salir y no sólo para buscar la comida y no morirse de hambre; el tema es que el ser humano no acepta cadenas, necesita del encuentro con los otros y  quiere tener la certeza permanente de que esta vívo y no sólo está viendo su vida pasar.

Así las cosas, sabiendo que el peligro existe y reconociendo que es imposible encerrar a todo el mundo por mucho tiempo, se abre una vía intermedia que vale la pena mencionar. Creo que com inteligencia y disciplina podemos misturar de manera equilibrada la prudencia con el coraje. Prudencia para protegernos y evitar exposiciones innecesarias; coraje para continuar viviendo la vida a pesar de las lógicas y entendibles limitaciones que nos impone este tiempo. En este sentido, tenemos que oir las recomendaciones de los especialistas que aconsejan los buenos hábitos de higiene, el uso de las máscaras y el distanciamento social. Pienso que mientras esperamos la aparición de la vacuna, sería muy bueno asumir el personal compromiso de cuidarnos para cuidar a los demás. Basta ya de esperar que sean los otros quienes nos cuiden y nos protejan; cada día es más claro que el cuidado personal es nuestra mayor contribución en este tiempo de pandemia. La gente necesita salir a la calle, necesita ir al supermercado, necesita recuparar los espacios sociales, necesita transportarse, necesita tomar baño en el mar, necesita hacer deporte, necesita rezar. Todos necesitamos vivir. En este baile em que estamos es cierto que es necesario disminuir el ritmo, pero cada vez es más claro que no podemos parar.

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