Reynaldo Mora Mora

Por: Reinaldo Mora

La enseñanza de esta gesta histórica libertaria comandada por Simón Bolívar, con un ejército del pueblo, hoy en tiempo presente, hay que reconocer y valorar sus hitos fundantes e instituyentes, a lo socrático, donde el docente de Historia habrá de preguntarse: ¿por qué este movimiento independentista? ¿cuáles son sus virtudes emancipadoras? Si lo hacemos como docentes, entonces, los estudiantes encontrarán rico este proceso libertario, lo hallarán expresivo, lo identificarán evocativo y profundo. Este acontecimiento, asido de la mano del Libertador debemos enseñarlo con provocación, porque posee la sensibilidad de un constante maravillarse: ¿cómo fue el paso por el Páramo de Pisba? Debe provocar imaginerías maravillosas en los estudiantes, porque representa una de las más lúcidas y evocadoras batallas de un pueblo por su independencia. Llegar al Puente de Boyacá, luego de esa inmarcesible travesía, única en el mundo, sólo es la muestra de un pueblo aguerrido, guiado por un líder, confundido e integrado a su pueblo. Bolívar supo interpretar aspiraciones de lo que sería ese ejército popular, que era el pueblo en armas. Por ello, como docentes debemos hacer enseñables los procesos de liberación nacional de una manera amable y creativa: con amor pasión. Bolívar interpreta esa realidad, que hay había figurado en sus documentos filosófico-políticos: Manifiesto de Cartagena (1812) y la Carta de Jamaica (1815). Fue una lucha existencial, que afirma la libertad, como el máximo don de los pueblos. Esta es la manifestación del Libertador, en tanto guía de la libertad de estas naciones. Su ideario que da como resultado el 7 de agosto de 1819, es la de un radical, original: es reflexión sobre lo que es y deberá ser la conformación de una Gran Nación. Bolívar es libertad, porque esta es su experiencia vivida.

Está en el docente de Historia, adentrarse en las esencias de este proceso independentista, porque llevan consigo todas las relaciones de ese momento único, que aún nos llega en tiempo presente. Estas esencialidades, vienen a ser los móviles en función de hacer un interrogatorio al pasado, ya que gracias a ese preguntar vemos cómo aparece, no únicamente lo que aparentemente sabemos, sino también lo que quieren decir esos hechos del pasado, como el núcleo de significación primaria para este educador, porque en torno a esas significaciones esenciales se organizan los actos de denominación y expresión de lo que deseamos enseñar de esta gesta libertaria. Lo que hagamos y digamos en el aula de clase logrará poner en contacto las emociones y sentimientos de los estudiantes con esas emociones, sentires y virtudes de ese pasado. Somos docentes del presente en estrecho contacto con el pasado para describir interrogar y emocionar esa toma de contacto con la experiencia que deseamos vivan nuestros estudiantes: interrogar el pasado como conocimiento del que vamos a hablar, y respecto del cual nuestro enseñar deberá ser significativo para provocar relaciones. Volver a interrogar al pasado, a ese mundo vivido por las gentes humildes de la Independencia, por ejemplo, es clave en la enseñanza de la Historia, porque en él podremos encontrar respuestas de nuestro presente. Hay que procurar, que un hecho grandioso como la Batalla de Boyacá, que es para nosotros, lo que, para los franceses, significa la “Toma de la Bastilla”, sea más encaminada a despertar la experiencia de ese mundo del pasado, que a nosotros en tiempo presente nos toca describirlo, interrogarlo y comprenderlo para hacerlo enseñable. Es el esfuerzo pedagógico, didáctico y curricular en volver a encontrar ese contacto con el pasado para conectar al estudiante con un espacio, tiempo y mundo vivido. Es la enseñanza de una descripción interpretativa-explicativa del pasado, teniendo en cuenta sus móviles que son las explicaciones causales del docente de historia.

Nuestro ensayo es una exhortación para que la nueva generación de docentes de Historia y tomen conciencia de lo aquí planteado. Es preciso que ellos tengan un pensamiento que resitúe esa relación de pasado-presente-futuro en el aula de clase, como ese espacio privilegiado, único, para despertar la sensibilidad hacia ese mundo libertario, que nos construyó como Nación. Por ello, la importancia de cómo enseñar el 7 de agosto de 1819, y en ese enseñar, identificar figuras, como la de Bolívar, constituido en eses nuestro centinela que se mantiene vigilando silenciosamente el devenir de las naciones por él libertadas. Se trata de un enseñar lo primordial, el pensamiento libertario de forma alegre que les permita a los estudiantes aprehender a adquirir la validez de un hecho histórico. Esta relación es con los otros, que la hacemos a través del conocimiento que tenemos de eses pasado. Es una relación entre lo humano de ese pasado con sus valores y cosmologías, entonces, el estudiante se afectará emocionalmente por los otros de ese pasado, por ejemplo, con los soldados del ejército patriota.

Debemos enfatizar de cómo nuestro presente y futuro están implicados significativamente con nuestro pasado, que porta los sentidos del enseñar la Historia, como huellas del esfuerzo de una sociedad, por ejemplo, en un momento histórico determinado. En realidad, esta relación no se puede separar: en esta procura debemos avivar emociones y sentimientos que estuvieron presentes en los mundos del pasado. Desconocemos esta inseparabilidad cuando tenemos dificultad como docentes para interrogar el pasado cuando pienso desde el presente. Se trata de una relación dialéctica. En esa actitud, en la cual, como docentes asumimos el pasado interrogativamente, el preguntar es el cuerpo de la enseñanza de la Historia. Este nudo entre pasado-presente y futuro desde esta enseñanza, viene a consistir en el planteo de preguntas interesantes para que los estudiantes comprendan cómo logramos esa proximidad humana comprensiva con el pasado en contextos diferentes.

Debemos convertirnos en docentes del interrogar, despertando emociones y sentimientos, identificando virtudes y hechos que no deben repetirse en tiempo presente. El saber y las emociones son complementarios, porque nos permiten identificar aspectos de un cambio constante y variación dinámica de la sociedad colombiana. Interrogar emocionadamente el pasado es una virtud del buen docente, lo que nos permite dialogar con nuestro ayer en un lenguaje comprensivo y con sentido. Se trata de un proyecto de vida con la enseñanza de la Historia, que consiste en devolver un poder al significado de interrogar el pasado para clarificar sus experiencias. Siempre habrán de ser esfuerzos pedagógicos, didácticos y curriculares, como reflexiones, animados de mostrar cómo nos relacionamos con las situaciones de hombres y mujeres del ayer.

Son reflexiones también, por ejemplo, de las vivencias cotidianas del proceso emancipador: imaginarnos, por ejemplo, que comían esos luchadores de la independencia, cómo la fue la llegada a Santa Fe de Bogotá. Estos interrogantes son el tacto pedagógico que habrá de imprimir el dio docente de Historia:  cómo comunicarnos con los hombres y mujeres del ayer. Este texto cuestiona la enseñanza actual de las ciencias sociales integradas, que no integran nada, en donde la Historia desaparece en medio de esa mal llamada “integración curricular”, porque la propia enseñanza de este saber, sí integra los otros saberes de esas ciencias. En buena hora regresamos a enseñar la Historia como disciplina en escuelas y colegios.

rmoramora@hotmail.com

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