Por Reynaldo Mora Mora

La pregunta con la que inicia este escrito, es la siguiente: ¿cómo se institucionalizado en los poderes públicos la Centralidad del Ser Humano, la Dignidad en la Constitución Política de 1991? Por institucionalización, siguiendo a la Ciencia Política, la debemos entender como un proceso de rutinización de comportamiento. La cuestión, es debatir este interrogante en esos que Ronald Dworkin, ese gran filósofo del derecho contemporáneo llamaba “el quinto poder en una república”, como son las Escuelas de Leyes (para el caso norteamericano), o Facultades de Derecho para nuestro caso, pero, también en las Facultades de Ciencias de la Educación: si este valor supremo, la Dignidad Humana, cómo ha sido su institucionalización en la Carta de 1991. Si ha sido un fin en sí mismo o un medio e instrumento para alcanzar un determinado objetivo, por ejemplo, a través de los “Fines” del Estado Social de Derecho. Sin embargo, cotidianamente, vemos, leemos, que esa centralidad es la más violentada y amenazada día a día. La letra muerta de la Constitución, como eses papel que lo estiran o lo encojen, según el gusto del legislador o del ejecutivo, y aún, del poder judicial, viene a significar para la gran mayoría de los colombianos, que ella ha quedado convertida en eso, en letra muerta, no es letra viva, no es “un árbol vivo”. El problema del anclaje de esta Máxima Institución Jurídica Universal, como es la Dignidad Humana, en los fines del Estado, sólo ha quedado como esa rutinización excluyente en el día a día de los colombianos. Ya Gaitán decía: “donde no hay dignidad de hombres, todo lo demás está perdido”. ¡Qué sentencia para la actualidad! Más aún, la Constitución Política con sus poderes públicos no ha solucionado el problema de esta amenaza y vulneración, y no lo ha hecho, porque no hay un engarcen el ámbito institucional de posibilidades reales, como ese sistema de políticas públicas para establecer relaciones y darle la connotación supra a la Dignidad Humana en nuestro ordenamiento constitucional.

Aplicada a los poderes públicos constitucionales, la Dignidad Humana, deberá entenderse como ese entramado conceptual que justifica todas las interconexiones de esos poderes con ella: este, es el verdadero carácter de su institucionalización, a fin de que no sea letra muerta. Se demanda que esos poderes contribuyan a la dignificación del pueblo colombiano. De esto se trata. Este es el buen funcionamiento de esos poderes: que tengan en alto grado la calidad de su desempeño democrático. Esta sería la verdadera madurez democrática de los poderes públicos: hacer valer los fines del Estado, que son los fines que darán el valor constitucional a la dignidad de todos. La situación actual, ha indignado a los colombianos, al observar como los poderes estatales no se han movilizado a favorecer, por ejemplo, a los desempleados, por citar un solo caso. Hemos leído y visto las prácticas de una desaforada rapiña en tiempos de pandemia alrededor de los dineros oficiales: el Covid-19 ha sido el mejor aliado de la corrupción en estas dolorosas circunstancias. La prensa y la radio han presentado abrumadoramente a los colombianos la manera de cómo se roban el dinero del Estado. La pandemia desnudó la fragilidad de esa tan cacareada dignidad presentada en la Carta Política. La pandemia exasperó los males que azotaban a Colombia: corrupción, ineficacia e incapacidad, por ejemplo, en el sistema de salud. La pandemia ha deslegitimado al “Congreso Virtual de la Republica”. Llevamos cinco meses de confinamiento, y nos preguntamos: ¿dónde están las leyes para el pueblo, las leyes de urgencia social para beneficiar, por ejemplo, a quienes quedaron sin trabajo? ¿dónde están esas leyes que dignifiquen a los colombianos en estos tiempos calamitosos?

La Dignidad Humana, es lo que tenemos, lo que debemos hacer valer. En palabras de Ronald Dworkin: debemos tomar en serio la Dignidad Humana. Una Nueva Apuesta Constitucional Postpandemia, que es y debe ser el grito de niños, jóvenes, desempleados, entre otros actores sociales, debe hacer suya esta Majestad, como su Horizonte Axiológico de Posibilidades Reales, donde se tenga una lógica de actuación basada en el conjunto de principios y valores democráticos universales que supondrán su substancia y mandato frente a los poderes públicos, para que la tengan como Credo Constitucional de los colombianos, en sus características que le dé el Constituyente Originario, el Pueblo. En especial, en esta Apuesta Constitucional, la Dignidad Humana habrá de tener una sólida e inequívoca apuesta por un Programa Fuerte de Políticas Pública, favoreciéndola en salud, educación, trabajo, recreación, alimentación, vivienda, entre otras necesidades básicas. Esta visión axiológica es el punto nodal del Nuevo Estado Constitucional, en el cual gravite el universo de la Dignidad Humana, que lo define y organiza, y que ayuda a la hora de tener una Misión Constitucional, considerada digna.

Un dato significativo y peculiar de esta Nueva Vida Constitucional Postpandemia, que deben lidera niños y jóvenes, como actores de las nuevas generaciones, es su proclividad a la puesta en marcha del interés general, por sobre todas las cosas. Hoy vemos en medio de la pandemia, que es un acuciado imperativo (no en interés, por ejemplo, de la banca privada) para con la búsqueda de dar posibilidades reales a los más vulnerables de la sociedad, para que, en ellos, se maximicen los esfuerzos estatales. Será lo más significativo de esta condición de esta Nueva Apuesta. Este es y deberá ser el resorte fundamental de los poderes públicos, para que ellos tomen en serio los derechos fundamentales de los colombianos, su potenciación progresiva, nunca regresiva frente al desarrollo de los fines descentralizadores para las regiones. Se deberá asignar constitucionalmente el funcionamiento real, racional y contextual de las relaciones de los poderes públicos con las regiones, lo que vendría a reforzar la idea de que el Nuevo Estado Constitucional se fortalecerá, si se fortalecen las regiones. Es lo que debe emerger como consecuencia del Nuevo Reto de una Nueva Apuesta Constitucional Postpandemia. Las circunstancias del pasado y las actuales nos empujan con la ayuda de las fuerzas sociales señaladas hacia este Nuevo Proceso Constestario Constitucional de niños y jóvenes por el reclamo de un mejor futuro. Esto se convierte en el principal acicate de estos actores, porque el incremento del grado de desconfianza frente a los poderes públicos, es un claro factor determinante para avizorar este Nuevo Horizonte Constitucional, que sería el terreno seguro y abonado, con mayores certidumbres y confiabilidades para la dignidad de los colombianos, en especial, los de a pie. Entonces, la Dignidad Humana, es el tópico constante que hemos visto pisoteado en estas duras circunstancias de pandemia (casi 6 millones de desempleados nos dan una alarma social de indignidad de los poderes públicos frente a las dolencias de la gente). Un análisis riguroso nos permite desmentir las frías estadísticas oficiales. Ya Borges algún día señaló: las estadísticas son el engaño de las democracias. La Dignidad Humana deberá constituir la enseña de Principios y Valores constitucionales para contribuir a dotar de posibilidades reales a la gente del común, a darles identidad constitucional. La Dignidad Humana habrá de ser el gran escenario constitucional para exigir a los poderes públicos a actuar en y para ella, habrá de ser su Norte. La Dignidad Humana impregnará de manera decisiva, por ejemplo, a los partidos políticos a pensar y actuar en y para ella. Será el vehículo de transmisión del querer del Constituyente Originario. Será la máxima fundamental, que guiará los fines del Nuevo Estado Constitucional. La Dignidad Humana habrá de reflejar, por ejemplo, la Política Educativa de este Estado para dar visibilidad a la educación en todos los niveles a fin de posicionar la meritocracia, que hará digna a la Nueva Apuesta Constitucional, que habrá de organizarse con recursos destinados a dar cumplimiento real a los fines materiales de la Administración Pública, puesta al servicio del interés general. 

rmoramora@hotmail.com

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