Por: Jackeline Rangel De la Hoz

Carta Magna, como se es llamada también nuestra Constitución Política, aquella, donde encontramos nuestros deberes, derechos y principios que tenemos como seres humanos, la que nos deslumbra por su contenido garantista, aquella que en su artículo 1, desarrolla el principio de la dignidad humana, el cual, es el que más exalta nuestra norma principal, basándose en él, el desarrollo de la misma, en su artículo 2,  nos expone de una manera taxativa, que uno de sus fines esenciales es el de garantizar la efectividad de los principios, pero, no siendo suficiente, en su artículo 4, nos establece que ninguna norma secundaria debe ir en contra al contenido de sus disposiciones, lo que nos da a entender, que aquellas leyes secundarias deben desarrollarse según lo inmerso y estipulado por nuestra Constitución, por ende, habiendo el caso de contradicción de alguna norma contra nuestra Carta Política, la nueva ley  se declararía Inconstitucional,  dejando  así a la Constitución como la norma suprema del Estado Colombiano. 

Por tal motivo, nos surge una pregunta: ¿será que todo aquello hermoso, que establece nuestra Constitución Política el Estado lo ha hecho cumplir? Lamentablemente la respuesta a este interrogante es un NO rotundo, y las evidencias siempre han estado a simple vista, pero, en este momento es cuando más aflora la falta de aquellos derechos y principios que establece la Constitución, pues, todos muy bien sabemos que actualmente nos encontramos en una Emergencia Sanitaria por el denominado coronavirus, a pesar de esta emergencia Colombia se encuentra desnuda ante un garantismo de papel, viéndose moribundo frente a un sistema de salud nefasto, un sistema de educación deficiente, un sistema laboral decadente y demás sistemas agónicos. 

Aunque, finalmente esta vulneración de derechos no solamente se está presentando en la actualidad, sino, que lamentablemente esta violación de principios y derechos viene de tiempos atrás, o como, olvidarnos de las terribles condiciones en las que han vivido y siguen viviendo los habitantes  de la Guajira, igualmente, nuestros compatriotas del Choco o nuestros hermanos de Tasajera (Puebloviejo – Magdalena): lo cual es inexplicable, al comprobar que tenemos un Estado inhumano, indigno, que ha sido sometido durante varios años a estas personas y a nuestros coterráneos que pasan por estas mismas situaciones, por tal razón, es que hoy por hoy, no solamente aquellas ciudades, pueblos o corregimientos que pasan por la penuria, se encuentran decepcionados por el incumplimiento de nuestros derechos, sino, también todos aquellos ciudadanos que creían tener lo necesario para subsistir, porque, en su gran mayoría, eran trabajadores informales, que sus ingresos los obtenían por la venta diaria de sus productos, lo que llamamos los colombianos del rebusque, que por estos meses se han visto directamente afectados por las medidas tomadas por el Gobierno, aunque sabemos que el Estado ha implementado diferentes estrategias para ayudar a quienes más lo necesitan en el momento, pero, queda al descubierto la pésima administración de todos nuestros gobernantes. 

Por todo lo anterior dicho, nos surge el interrogante más importante: ¿debemos considerar reformar la Constitución Política? Apreciamos pues, que SI, que debería darse una radical reforma constitucional, puesto que, verdaderamente los ciudadanos colombianos merecemos sin excepción alguna que se nos protejan nuestros derechos, además, de que exista un replanteamiento en la aplicación de nuestras normas constitucionales, porque, si se llegara a tan anhelado planteamiento, claramente habría una disminución en acciones de tutelas instauradas por miles de ciudadanos, los  cuales peticionan que se le tutelen algún o algunos derechos fundamentales que les han sido vulnerados o amenazados. Es que es tan absurdo, que en Colombia según pronunciamiento de la Corte Constitucional, en nuestro país entre mes de enero y octubre del año 2019 los ciudadanos hayan interpuesto  544.588 tutelas, es decir, un aproximado de 1.800 tutelas interpuestas por día, leer esto, es dejar al descubierto la incongruencia entre lo que establece nuestra Carta Política y lo que claramente sucede en nuestro Pueblo con: muchos quisiéramos que en nuestro país se le diera cumplimiento a ese bello principio que enaltece nuestra Norma de Normas que viene siendo el principio de “Dignidad humana”, de igual manera, que verdaderamente se garantice el cumplimiento de aquellos fines esenciales y que haya igualdad de condiciones en el territorio colombiano. 

Así mismo, que los dirigentes velen porque en su gobierno haya transparencia, ya que, Colombia ha lidiado con una terrible corrupción desde hace varios años, donde, hemos sido testigos del mal manejo de los sistemas e instituciones por medio de los inescrupulosos actores estatales, que han hecho carcomer nuestro régimen constitucional, valiéndose de la confianza que el Pueblo les brinda, burlándose de las esperanza de los colombianos e ignorando la voz del pueblo que grita desesperadamente por un cambio que merecemos como patria.

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