Aún en medio de la cuarentena por el Covid-19 los arroyos siguieron cobrando vidas en el 2020. Así se demostró tras el reciente caso en el que Wilber Hoyos, de 7 años, muriera arrastrado por la corriente del arroyo ‘El Salao’, cuando jugaba bajo la lluvia junto a su hermana de 13 años.

Con Wilber son cuatro los menores de edad que han muerto arrastrados por arroyos en menos de un año. Entre octubre y noviembre del 2019 murieron el pequeño José David Morales, de 4 años; Jesús David Mercado, de 12, y Saith Yance, de 14.

En todos los casos que se presentaron, un baño bajo la lluvia terminó en tragedia, por lo que las autoridades y los organismos de socorro hacen un llamado a la prudencia.

“Afortunadamente, los arroyos han sido canalizados en gran medida, pero igual es necesario que los padres estén muy pendientes de sus hijos cuando está lloviendo, no los dejen salir ni los dejen jugar cerca de los arroyos para evitar estas tragedias como la que vivimos hoy”, aconsejó José Sánchez, en representación de la Defensa Civil en el Atlántico.

Cerca de 108 personas han muerto arrastradas por arroyos en la capital del Atlántico y su área metropolitana, de acuerdo con una investigación realizada por el colectivo Baúl Polisémico, la cual se basa en los registros históricos que lleva la Institución Educativa Distrital Marco Fidel Suárez,  a través del sitio web Arroyos de Barranquilla, y notas de prensa.

Como se manifiesta en la obre ‘Arroyos: historias que nos deja la lluvia’, resultado del trabajo investigativo del colectivo barranquillero, al menos ocho personas han muerto arrastradas por la corriente de ‘El Salao’, el mismo arroyo que cobró la vida del pequeño Wilber el pasado martes luego de un torrencial aguacero en horas de la tarde.

En Barranquilla, los arroyos más mortales han sido el de la carrera 21, que arrastró más de 30 vidas, y el de la calle 84, que se llevó a, por lo menos, 13 personas. 

Sin embargo, los arroyos mencionados hacen parte de los siete que han sido canalizados en la ciudad, obras que han permitido disminuir de manera considerable las pérdidas humanas durante la época de lluvias.

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