Nos parece que ya es hora que el Presidente Iván Duque y su equipo económico estén pensando en los recursos monetarios con que cuenta el Estado colombiano, nos referimos a las reservas que posee y créditos tanto del Banco de la República, como del Fondo Monetario Internacional -FMI.
Es posible que sea muy temprano para tomar una decisión de esa naturaleza, pero consideramos que es conveniente comenzar a debatir estos temas e iniciar los primeros pasos de los tantos que seguramente habrá que dar, para continuar la batalla contra la pandemia.
Casi cuatro meses después que el Gobierno anunciara las primeras medidas de emergencia para hacerle frente a la crisis generada por la presencia del coronavirus y desde que se tomaron las iniciales medidas de aislamiento social para mermar la velocidad de los contagios, el Gobierno desplegó un paquete fiscal para enfrentar las funestas consecuencias que ha traído la pandemia.
Hay que reconocer que el margen de maniobra en el que se encontraba el Gobierno cuando llegó el virus no era muy amplio, esto teniendo en cuenta que su nivel de endeudamiento bordeaba el 50%.
Con un espacio fiscal limitado, el Ministerio de Hacienda optó por gestionar fuentes de financiamiento sin recurrir a los estamentos internacionales como hasta ahora ha sucedido. El jefe de esa cartera, Alberto Carrasquilla, en diferentes escenarios ha comparado la mitigación de la crisis con una guerra, insistiendo en que “cada bala del arsenal del país es prestada”.
Algunos conglomerados de nuestro país han insinuado un planteamiento que se presta para la controversia, pero no se puede negar, que se hace imperioso que el sector financiero público y privado, se unan en un solo bloque, no solo para enfrentar la pandemia y mitigar sus daños, sino también para emprender la lucha frontal tendiente a la recuperación y reactivación de la economía nacional.
Es indiscutible que el sector de la salud y los ciudadanos de todas las clases sociales necesitan de una óptima economía, y esta a su vez requiere de una buena salud. Es también cierto que el sistema económico de un país necesita de una población sana que trabaje y le provea recursos.
De igual forma, la misma población, los hospitales, las clínicas, las enfermeras, los médicos en sus distintas especialidades, necesitan de la existencia de un poderoso sistema económico para hacer frente a un enemigo común que crece a pasos agigantados cada día que pasa.
Simplemente porque sin recursos económicos, las personas no pueden ir a los hospitales y pagar consultas e igualmente los hospitales no tendrían recursos para contratar al personal idóneo y para adquirir los equipos médicos indispensables para combatir la pandemia.
De esta manera, el sector de la salud y la economía tienen una relación permanente, es decir, se necesitan mutuamente y por eso no es posible que la una se separe de la otra.
El Gobierno quedó pendiente con el apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas; está en el ‘tapete’ el anuncio de una línea de crédito inicial de 150.000 millones de pesos, en un país con millón y medio de esas compañías, lo que les dejaría unos 100.000 pesos a cada una, pero urge que el Gobierno haga muchísimo más, teniendo en cuenta que es ahí donde está la clave de la mayor fuente de empleo.
Este es el momento de la prudencia, además de cuidar la salud, es necesario cuidar el bolsillo y saber cómo financiar los gastos hacia un futuro con un horizonte repleto de nubarrones.
Ya lo han planteado los expertos, una vez superado el riesgo del contagio masivo de Covid-19 y cuando estemos lejos de situaciones como la actual, la normalidad demorará en aparecer, no estará a la vuelta de la esquina.

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