Por: Gregorio Torregrosa
Más allá de las sobradas buenas intenciones, que sin duda alguna inspiran cada una de las decisiones restrictivas a la movilidad de los ciudadanos en Barranquilla, adoptadas por las autoridades locales para neutralizar la propagación del virus, subyacen unas series de inquietudes sobre las cuales resulta oportuno reflexionar para preguntarse como en el viejo adagio, si resulta más grave la cura que la enfermedad.
Nos referimos de manera concreta a la medida del pico y cédula, toda vez que la misma se ha venido aplicando de manera incoherente y en muchos casos resulta incompatible con el espíritu de normas superiores, dictadas por el Gobierno Nacional, como lo es el Decreto 457 de marzo 23, pasando por muchos otros entre los 40 que en total se han dictado, hasta el 749 de mayo 28.
En todos ellos encontramos un común denominador, y es, lo atinente a las excepciones que comprenden la movilidad para proveernos de bienes de primera necesidad, que garanticen la vida, la salud, la supervivencia, así como también aquellas relacionadas con la cadena de abastecimiento.
Al parecer las autoridades distritales, incluyendo la Policía Nacional, no distinguen diferencia alguna, lo cual es un error, entre las anteriores excepciones cuyo propósito es la protección de actividades y derechos que son del corte de los llamados fundamentales supremos (la vida) y las excepciones que comprenden la reactivación de la economía, las que fueron ampliadas a 43 en virtud del decreto 749, que si bien, algunas de ellas comprenden también la protección de derechos fundamentales, como lo es, por ejemplo el trabajo, no están en el mismo rango en época de emergencia sanitaria. Por ello las primeras han sido una constate en todos y cada uno de los decretos expedidos hasta la fecha. Sin embargo, el decreto de pico y cédula las ignora de un tajo al prohibir el acceso a los supermercados, y posibilitarlo solo un día a la semana; de allí que cualquier olvido en materia de insumos o alimentos, o no contar con el presupuesto completo resulta fatal; o una enfermedad repentina, diferente al Covid 19, nos pone en aprietos a ruegos del vigilante de turno.
Pero lo más doloroso como absurdo es que dicha medida estropea, sin ambages, lo que el Gobierno Nacional ha decidido proteger como se evidencia con la reiteración en cada uno de sus decretos, y es la protección, estímulo y desarrollo de las actividades que comprende la cadena de abastecimiento, que son en lo básico la producción, transporte distribución, de alimentos, bebidas, medicamentos, insumos agrícolas, puertos, etc. Los productos que suministran los supermercados mantienen o hacen funcional la cadena de abastecimiento, y esto no pude ser un tema de cada 8 días.
Es fácil imaginarnos el caos que provoca la medida en sectores, de por sí ya golpeados, como los restaurantes, grandes y chicos, ventas de comida rápidas, o el ciudadano de a pie, que somos la mayoría, cuando el día de nuestra pico y cédula solo se cuenta con recursos parciales para abastecernos por 2 días, y no los suficientes hasta cuando le corresponda el otro día. El pico y cédula no resuelve nada aplicándolo a los supermercados o grandes superficies por vía de los ciudadanos, y es la más pobre de las fachadas para vender la idea de que se está haciendo algo. Por con siguiente pregunto:
1. ¿Qué sentido tiene aplicar dicha medida a los supermercados cuando hay apertura de otras actividades que demandan tanto o más conglomerado (Transmetro, construcción, centros comerciales, bancos, peluquerías)?
2. ¿Alguien acude a un supermercado a ver vitrinas como otrora en los centros comerciales?, el que va, sin duda, lo hace en busca de alimento o medicina.
3. ¿Restringir el acceso a los súper mercados acaso no implica trasladarse a Barranquillita a la plaza del mercado?, donde el riego de contagios alcanza niveles desproporcionados comparados con otros lugares.
4. Los empresarios propietarios de supermercados históricamente han demostrado responsabilidad social como para sustraerse maliciosamente al cumplimiento de protocolos o velar por que sus clientes los cumplan.
No entenderlo a así, entonces sería rendirle un culto a la torpeza.

Comenta aquí: